Jesús, el verdadero héroe

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

Jesús, el verdadero héroe
Jesús, el verdadero héroe

El anhelo humano de liberación de la muerte late en la fantasía de Harry Potter, El Señor de los Anillos y las historias de Disney. El libro de Keyla García Molina nos muestra “cómo la cultura pop nos habla de la salvación”, cuando sólo es “Jesús el verdadero héroe” (Agóra / Andamio, Barcelona, 2026).

¿No hay nada mejor en lo que pensar, que la cultura popular? ¿No es esto, una pérdida de tiempo? Al fin y al cabo, ¿no son la mayor parte de las novelas, películas, canciones o series, algo trivial que no sirve más que para entretenerse? La mayor parte de la gente lo ve así, como un divertimento sin trascendencia.

Hay unos pocos que, sin embargo, desde una postura moral o religiosa, se pondrán a la defensiva. Les preocupan “los valores” y el efecto que pueden tener en niños y adolescentes. Es en ese ámbito que el cristianismo y la psicología se encuentran en una perspectiva común, pero ¿no hay algo más que decir?

A lo más que llegan, otros, es a hablar de la necesidad de algo alternativo. Si no se trata de promocionar la “subcultura evangélica”, por lo menos habrá que fomentar una cultura responsable, “transmitir valores”. Para estos, las historias tienen que ser educativas. La moraleja ha de ser evidente. Y si son un instrumento evangelístico, ¡tanto mejor!

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[photo_footer]La mayoría de los cristianos ven las Crónicas de Narnia como una alegoría al estilo de El Progreso del Peregrino y con ello se acaba el valor que tiene para muchos, la fantasía.[/photo_footer]

La cultura popular

Hasta aquí llega la reflexión de la mayoría de los cristianos sobre la cultura popular. Lo que este libro se propone es algo muy diferente. Se trata de recuperar la visión bíblica desarrollada por algunos autores en el pasado, que hoy parecen ya olvidados para una generación que no sabe quiénes fueron Schaeffer o Rookmaaker. Ven “Crónicas de Narnia” como una alegoría al estilo de “El progreso del peregrino” de Bunyan y con ello se acaba el valor que tiene para algunos creyentes, la fantasía.

Si no entendemos la cultura popular, no es porque no tengamos una idea lo suficientemente sofisticada de lo que es el arte. Es nuestra visión del mundo lo que falla. El discurso moralista ha eclipsado la centralidad del Evangelio. Y la mayoría ya no entiende que lo que encontramos en el arte y la cultura no es más que un reflejo del problema del ser humano. Buscamos en él, la respuesta, cuando para eso hay que ir a la Biblia.

Las buenas novelas, películas, canciones y series son las que nos despiertan preguntas. Nos revelan nuestro mal, pero no nos pueden mostrar el remedio. Ese está en el Evangelio. Decía el teólogo más conocido de la universidad donde estudié en Kampen (Holanda) –hoy tristemente desaparecida–, que “el hombre es un enigma, cuya única solución es Dios” (Bavinck). Si esperamos de la creación humana, las respuestas, estamos buscando en el lugar equivocado.

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[photo_footer]Si algo nos enseñó C. S. Lewis es que hasta en los cuentos de hadas encontramos herramientas poderosas para explorar las verdades más profundas.[/photo_footer]

La tragedia de la muerte

La cultura popular nos habla del drama de ser humano y su mayor tragedia, la muerte. El acierto de la obra de Keyla es que se centra en la única certidumbre que traemos a este mundo, el hecho de que, igual que venimos a él, un día tenemos que abandonarlo. Es “la losa de los sueños” decía Calderón de la Barca, la cita ineludible a la que no podemos escapar. Todos tenemos una fecha de caducidad. El problema es que no sabemos cuál es.  

Si el sexo fue el gran tabú de la sociedad victoriana, ahora lo es la muerte, algo de lo que nadie quiere hablar. Todos se incomodan cuando se menciona. Es como decía el poeta francés, Paul Valery, “aquello que sólo suele suceder a los demás”. No es extraño, por lo tanto, que sea sólo en historias de mundos creados por la fantasía, que nos podamos enfrentar a la muerte.

Es cierto que hay novelas, películas, canciones y series que parecen clónicas, abarrotadas de consignas y estereotipos, que disfrutan de “la bendición de lo políticamente correcto” y se afilian estratégicamente al “signo de los tiempos”, pero no son estas las que aquí nos interesan. Decía cínicamente Borges que “la teología es una rama de la literatura fantástica”, pero si algo nos enseñó C. S. Lewis es que hasta en los “cuentos de hadas” encontramos herramientas poderosas para explorar las verdades más profundas.

La Biblia no es un “cuento de hadas”, ni una historia imaginada, pero su verdad y realidad hacen que los Evangelios sean para Lewis, el “arte primario”. Para él, la Resurrección de Cristo “resuena en la experiencia y deseo humano”. Pues si “hay algo que descubrimos el primer momento que deseamos algo y se desvanece con la realidad, es que estamos hechos para encontrar el placer en otro lugar”, decía el profesor de Oxford. Esa hambre de eternidad late en estas páginas.

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[photo_footer]Este libro recupera la visión bíblica desarrollada por algunos autores en el pasado que hoy parecen ya olvidados, como Rookmaaker.[/photo_footer]

Keyla García Molina

He tenido muchos estudiantes durante los casi ya cuarenta años que llevo enseñando. Este último tiempo en la Facultad Protestante de Teología (UEBE) de Alcobendas (Madrid) he dirigido y leído bastantes trabajos universitarios de fin de grado y máster, pero creo que ninguno como el de Keyla García Molina. No sólo porque trata un tema especialmente querido para mí, sino por el estilo y claridad con que está escrito.

La mayor parte de los trabajos académicos no son fáciles de leer. Suelen tener un estilo bastante farragoso y carecen de ideas que sean realmente claras. El trabajo de Keyla no sólo es de una lucidez meridiana, sino que tiene un estilo literario que ha hecho que lo recomendara para su publicación por Andamio.

Graduada en Historia del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid, la autora de este libro tiene un máster en teología y estudios medievales. Es profesora de la Facultad de Teología (UEBE) de Alcobendas y el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos (CEE) de Barcelona, pero sobre todo tiene la sensibilidad de la que carecen la mayor parte de los que se acercan a la cultura popular. Y lo hace con una “fe no fingida” (2 Timoteo 1:5).

Aunque no les diga nada el mundo de Disney, les aburra la fantasía de Tolkien y Narnia, o les parezca incluso peligroso el mundo de Harry Potter o “Juego de Tronos”, este libro les dará una mirada diferente a la que han tenido hasta ahora.  Verán que el Evangelio es lo que importa, pero en la cultura popular encontramos destellos de esa Verdad que sólo está en su Palabra eterna. Es a su Luz, que vislumbramos lo que hay en las sombras. Y esta se hizo carne “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte” (Hebreos 2:14).

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