La revolución silenciosa de John Perkins (1930-2026)

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La revolución silenciosa de John Perkins (1930-2026)
La revolución silenciosa de John Perkins (1930-2026)

Si El Sueño de Martin Luther King (1929-1968) era básicamente humanista y el del recientemente fallecido Jesse Jackson (1941-2026) bastante partisano y egocéntrico, el legado moral que deja John Perkins (1930-2026) es indudablemente evangélico. Su lucha por la justicia social de la población afroamericana iba acompañada de un estilo de vida tan integro como su clara proclamación de la Voz del Calvario, como llamó a su ministerio en el profundo sur de Estados Unidos.

Yo conocí a Perkins en el festival cristiano de Greenbelt en Inglaterra, cuando escribí de él por primera vez en los años 80, que René Padilla publica su libro “Justicia para todos” en Nueva Creación/Eerdmans, junto a la obra de reconocidos maestros evangélicos como Stott, F. F. Bruce o la propia “Institución” de Calvino. Sus palabras me conmovieron profundamente. Nunca había leído nada igual.

Perkins era un pionero de los derechos civiles, que reconocía la debilidad de su movimiento, capaz de atraer a “miles de jóvenes que amaban la idea de la libertad, pero que, en el mejor de los casos, apenas tenían una fe superficial en Jesucristo”. Y al mismo tiempo se enfrentaba a las contradicciones de alguien tan querido para él, como Jimmy Carter en 1976, capaz de enfrentarse a la segregación racial, pero que “sin embargo en su propia iglesia no admiten negros”.  

Como el antiguo consejero de Nixon, convertido en la cárcel tras el escándalo Watergate, Charles Colson (1931-2012) decía, “Perkins es un profeta”. El Sueño de King estaba todavía para él, “demasiado inspirado en el sueño norteamericano”. Necesitamos “un sueño arraigado en el Evangelio mismo de Jesucristo”, decía. Perkins buscaba la justicia racial, pero también la reconciliación que venía por una reubicación, redistribución e integración en la comunidad necesitada a través del Evangelio.

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[photo_footer]Perkins tuvo que ir a guerra de Corea, cuando se acababa de casar, siendo destinado a Okinawa (Japón) durante tres años. [/photo_footer]

“El hermano John”

El Hermano John, como le gustaba presentarse al Dr. Perkins frente a la egómana titulitis de tantos líderes negros, nació en 1930 en el profundo sur de Estados Unidos, el medio rural de Mississippi en medio de la Gran Depresión y la peor segregación de las leyes de Jim Crow. A pesar de lo que dice el artículo de Wikipedia, no sabía el día en que nació. Su madre murió de pelagra, una deficiencia vitamínica que produce malnutrición, cuando él tenía sólo siete meses. Y su padre le abandonó, siendo criado por su abuela. Su familia eran aparceros, pero como no tenían suficiente cultivando algodón, hacen también ilegalmente “whiskey” y una lotería para sobrevivir.

John tiene que dejar la escuela para trabajar, pero cuando un policía mata de un disparo a su hermano Clyde, le mandan al sur de California a los 16 años. Ya en 1950 lucha por los derechos de los trabajadores, pero al año siguiente es alistado para la guerra de Corea, cuando se acaba de casar con Vera Mae Buckley, su esposa de toda la vida. Está destinado en Okinawa (Japón) durante tres años. En 1957 se convierte a la fe evangélica en una iglesia negra de la tradición de santidad, donde su hijo Spencer va a una escuela bíblica de vacaciones. Hasta entonces, dice que buscaba “dinero y éxito”, pero “al creer las Buenas Noticias de Jesús, se dio cuenta que Dios le amaba”.

Perkis estudia la Biblia con el predicador radiofónico Vernon McGee y el padre de MacArthur, que en 1960 le apoya para volver a Mississippi y comenzar una iglesia bautista. Perkins la llamó La Voz del Calvario, el nombre del programa de radio del padre de MacArthur. El padre era muy diferente al hijo. Su iglesia tenía como lema: “en lo esencial, unidad; libertad en lo secundario; y amor sobre todo”. Al hijo le pareció una tontería y desde su primer sermón se dedicó a decir que la iglesia estaba llena de falsos cristianos, por lo que su ministerio se iba a dedicar a enseñar a discernir quiénes son los verdaderos creyentes, ¡nada que ver con su padre!

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[photo_footer]En 1964 Perkins ayuda a crear un registro de votantes en el condado de Simpson para dos mil afroamericanos en las zonas rurales de Jackson. [/photo_footer]

La Voz del Calvario

En los años 60 el movimiento por los derechos civiles estaba en pleno apogeo. Estando formando una congregación, Perkins evitaba la agitación racial, pero empieza a frecuentar los barrios pobres negros que llaman El Fondo Bautista (Baptist Bottom), el valle de Sullivan (Sullivan´s Hollow) y la carretera del Conejo (Rabbit´s Road) en su viejo Volkswagen. Deja el traje y se pone unos pantalones vaqueros rotos, una camiseta deportiva descolorida y zapatos negros llenos de polvo. Se da cuenta de “las desesperadas necesidades físicas de mucha de su gente”.

En 1965 une la evangelización a una misión integral en la Voz del Calvario en Mendenhall con una guardería con un parque infantil, un centro juvenil con gimnasio, una granja cooperativa con una tienda de productos orgánicos, un taller de reparación, un centro de salud y un programa de educación de adultos. Todo llevado desde su iglesia, para responder a las necesidades sociales y espirituales de su pueblo.

Su rechazo inicial al movimiento por los derechos civiles cambia al dejar que activistas usen su iglesia durante el Verano de la Libertad de 1964. Ayuda a crear un registro de votantes en el condado de Simpson para dos mil afroamericanos en las zonas rurales de Jackson. Es entonces golpeado brutalmente por un policía blanco y se convierte en un verdadero militante por los derechos civiles. Las iglesias de California dejan entonces de apoyarle. El 68 viaja a Israel para conocer la sociedad comunitaria colectiva de un kibutz. Y al año siguiente testifica ante la Comisión McGovern del problema de la nutrición en la infancia, que lleva a crear un programa de salud para millones de mujeres y niños.

En 1970 tiene ya la reputación de ser “un fundamentalista bíblico por el poder negro” (Bible-believing Fundamentalist For Black Power). La combinación me pareció impresionante. Es celebrado por la revista Christianity Today, fundada por el evangelista Billy Graham y dirigida en su inicio por el teólogo reformado Carl Henry. Colson le presenta al senador Mark Hatfield de Oregon, que le ve como “un santo moderno”. Habla en las “cruzadas” de Billy Graham, los “desayunos de oración” de Washington y las conferencias de estudiantes evangélicos de Inter-Varsity en Urbana. Perkins fue consejero de cinco presidentes, desde Johnny Carter, pasando por Ronald Reagan, Bill Clinton y Bush, padre e hijo, así como Barack Obama, ¡nada que ver con la actual militancia partisana de los evangélicos!

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[photo_footer]En los años 70 Perkins tiene ya la reputación de ser un fundamentalista bíblico por el poder negro. [/photo_footer]

“¡Que la justicia fluya!”

Su libro autobiográfico lleva el título en 1976 de las palabras del profeta Amos (5:24), “¡Qué la justicia fluya!”. Es publicado por la editorial evangélica Baker y se convierte en uno de los más leídos en los años 70. Escribe en las principales publicaciones evangélicas, tanto en Christianity Today o Decision de Billy Graham, como en Campus Life de la Cruzada Estudiantil y Profesional Para Cristo (Agape en Europa), la revista mensual de Moody o las nuevas plataformas del movimiento evangélico radical que representa Sojourners o Freedom Now.

El activismo de Perkins creaba cooperativas de vivienda, comida y trabajo en granjas. Se enfrenta a la segregación en las escuelas públicas y participa en boicots a los negocios de propietarios blancos que se niegan a servir a negros. Encabeza una manifestación las navidades de 1969 en Mendenhall con un centenar de miembros de su iglesia contra esos empresarios. Las autoridades arrestan a varios de ellos cuando vuelven a casa por “conducir imprudentemente”, acabando en la cárcel del condado de Brandon. Temiendo que fueran linchados, Perkins va a la prisión en 1970 para pagar la fianza con dos responsables de la iglesia. Se encuentra a los agentes bebiendo “whiskey”, que echan sobre la cabeza rapada de los manifestantes que han detenido y cortado el pelo. Al protestar, le detienen.

El sheriff Jonathan Edwards, llamado así en memoria del gran predicador puritano, golpea a Perkins hasta tirarle al suelo. Le dan patadas hasta dejarle mal herido. Le obligan entonces a lamer su propia sangre del suelo de la prisión. Edwards aseguró que Perkins intentó darle un puñetazo, golpeando al aire, algo que nadie vio. Y testificó que tenía una pistola en el coche, aunque no la sacó. Le da un ataque al corazón y tienen que operarle del estómago. Al recuperarse en el hospital, Perkins se da cuenta de que el racismo es un mal sistémico, no un mero pecado individual. Es una injusticia tal, que sólo el Evangelio puede vencer por la obra sola de Cristo a través de su Espíritu, que convierta el odio en amor y la enemistad en amistad.  

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[photo_footer]Perkins fue consejero de cinco presidentes, desde Carter a Obama, pasando por Reagan, los Bush y Clinton. [/photo_footer]

El poder del evangelio

Cuando Perkins decía que “el problema es espiritual, blancos y negros necesitan nacer de nuevo”, reconocía con lágrimas el poder del Evangelio. Es mayor que ninguna lucha social o movimiento político. Es “la profunda y misteriosa verdad de cómo el amor de Jesús vence al odio”, decía él. La familia se traslada a Jackson, donde apoya la campaña evangelística de Graham en Mississippi en 1975. Está en el comité organizador y exige a los líderes blancos que admitan a los convertidos negros en sus iglesias. En su libro lamenta que “los evangélicos hayan renunciado a dirigir el movimiento por los derechos civiles”.

En 1978 Perkins da ejemplo de reconciliación acercándose a un militante del Ku-Klux-Klan, Tommy Tarrants, que estaba en la cárcel por intentar hacer explotar una bomba contra un dirigente de la comunidad judía de Mississippi. John le da testimonio en la prisión y Tarrants declara haber sido convertido, ante el escepticismo de otros dirigentes negros. Perkins escucha a Tarrants dar profesión de fe en la universidad reformada de Geneva a un grupo de estudiantes afroamericanos y Perkins se hace amigo de él. Tarrants fue luego presidente del Instituto de C. S. Lewis durante doce años.

En 1982 regresa a California y entra al año siguiente en el comité directivo de la Asociación Nacional de Evangélicos. En el 84 abre un centro familiar cristiano en la zona de mayor criminalidad de California, Harambee. Y el 89 funda con su esposa una Asociación Cristiana para el Desarrollo Comunitario (CCDA) que une ya en el primer año a 37 congregaciones. Hoy es una red que incluye más de seiscientos grupos cristianos.

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[photo_footer]Perkins decía que el problema racial es espiritual, ya que blancos y negros necesitan nacer de nuevo. [/photo_footer]

Su legado

Las últimas décadas de su vida, Perkins siendo autodidacta, recibió títulos honorarios de 16 universidades evangélicas desde que Wheaton le hizo doctor en 1980. Hay programas con su nombre en universidades reformadas como Calvin, Covenant o Geneva, las evangélicas de Gordon, del Pacifico en Seattle, Arbor, Taylor, el seminario de Wesley, el del norte de Illinois y otros muchos más.

Publicó varios libros desde “¡Qué la justicia fluya!” en 1976. Ese mismo año declara “Una revolución silenciosa” como “respuesta cristiana a la necesidad humana”, al que seguirá el traducido de “Justicia para todos” en 1982. Hasta el grupo cristiano de rock Switchfoot le dedica una canción (The Sound, John M. Perkins Blues), que llega al séptimo lugar en las listas de música alternativa. Cuando le preguntaron que ha aprendido tras sesenta años de ministerio, contestó cuatro cosas:

Primero, ¡comienza con Dios! Es más grande que lo que imaginas. Sólo Él puede hacer fluir la justicia.

Segundo, ¡busca la unidad en Cristo! Tus hermanos son blancos y negros, ricos y pobres. Cuando somos adoptados por el Padre, siendo salvados por el Hijo, formamos parte de una familia, llena del mismo Espíritu, donde no cabe el tribalismo.

Tercero, ¡predica el Evangelio! No una agenda política, sino a Cristo encarnado, su vida perfecta, su muerte en sustitución nuestra, así como su triunfo sobre el pecado y la muerte.

Y en cuarto lugar, ¡enseña la verdad! No tus sentimientos, la opinión popular o lo que los políticos digan, sino la Palabra de Dios. Sin ella, ¡no hay justicia!

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