La filosofía de ‘Playboy’​, cien años después

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La filosofía de ‘Playboy’​, cien años después
La filosofía de ‘Playboy’​, cien años después

Si hay alguien, cuya filosofía hace que la revolución sexual se vuelva contra la mujer, ese fue Hugh Hefner (1926-2017). El creador de Playboy hubiera cumplido ahora cien años. Cuando comienza su publicación, el feminismo entraba en la “segunda ola”, pero la industria del “conejito” haría que la mujer volviera a ser un objeto en el cambio social que comienza a mediados del siglo pasado. Nada ha vuelto a ser igual. A favor o en contra, la revolución sexual sigue dictando la agenda, tanto de la Iglesia como del mundo. No hablamos ya de otra cosa.  

Mi interés por Hefner comienza una noche de lluvia en Chicago. Había venido a una conferencia teológica en la universidad evangélica de Wheaton, cuando me organizaron un seminario de predicación en el instituto bíblico de Moody. Me llevaba un productor de la radio donde me habían entrevistado, el domingo a predicar en la Iglesia Bautista Central. Volvía en su coche, cuando en la oscuridad me enseñó una mansión. El edificio estaba en venta, pero en la oscuridad tenía un aspecto algo siniestro y abandonado. Mi amigo me dijo que allí nació Playboy. Me vino inmediatamente a la cabeza la imagen de Hugh Hefner con su pipa y su pijama de seda.

La revista nació aquí en Chicago en 1953. Se dirigía a un público masculino, que entonces llamaban “urbano”, antes de que la expresión se utilizara para la población afroamericana –uno de los eufemismos a los que son tan aficionados los estadounidenses, pero que cambian también con el tiempo–. Hefner publicó una serie de editoriales sobre “La filosofía de Playboy” desde diciembre de 1962 a mayo de 1965. Los ensayos recibieron tal atención, que eran leídos, tanto por sus admiradores, como por sus críticos, como una visión de la vida a defender o atacar.

La revista respondía con esos artículos, a aquellos que la acusaban de la degradación de la moralidad del país, al arruinar la virtud de la mujer americana y fomentar el “culto a la irresponsabilidad”. El pensamiento de Hefner en esos textos refleja claramente su rebeldía ante la educación metodista, que recibió de sus padres. Ya que nació en una familia cristiana de Chicago en 1926. No hay duda de que su madre era una devota creyente, aunque él la acusa en las biografías de que nunca le abrazaba.

Hugh era el mayor de dos hermanos. Fue el ejército, al final de la Segunda Guerra Mundial y luego, estudió arte y psicología en la universidad. Se casó con una compañera de clase, pero cuando ella le confiesa que ha tenido relación con otro hombre, mientras estaba en la guerra, dice que fue “el momento más devastador de su vida”. Empieza entonces, a tener todo tipo de aventuras, hasta romperse el matrimonio, en 1959.

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[photo_footer]Hefner nació hace cien años en una familia metodista de Chicago con una madre realmente creyente (Foto Taschen).[/photo_footer]

La revolución sexual

El fundador de Playboy trabajaba en la revista Squire, antes de lanzar el primer número de su publicación, la Navidad del año 53. En él aparecían las famosas fotos de Marilyn Monroe, desnuda, como salió en un calendario del año 49 –Hefner nunca la conoció, aunque compró la cripta, al lado de donde está enterrada–. Primero, pensó llamarla Stag Party (Fiesta del soltero), pero por un problema de derechos, optó por el nombre de una desaparecida compañía de automóviles de Chicago, llamada Playboy.

En los años 50 –como vemos en la serie de televisión Mad Men–, Estados Unidos se distancia de la guerra y la Depresión, pero también de las costumbres de una sociedad conservadora, que Hefner considera sexualmente, represiva y de un “estrecho puritanismo mojigato”. Habla de la libertad de expresión, la separación entre iglesia y estado, pero sobre todo de los méritos de la libre empresa, el individualismo y la necesidad de un “hombre excepcional”, como héroe moderno. Sorprenden, sin embargo, las abundantes referencias a la religión.

La serie comienza, de hecho, citando las críticas de un profesor judío, un pastor metodista y un ministro unitario, para acabar con una transcripción de cuatro páginas de una “mesa redonda religiosa” sobre “los lazos históricos entre la religión y el sexo”, emitida por la radio de Chicago. En ella, habla un cura católico “interesado por el jazz”, un pastor episcopal, un rabino y Heffner. El coloquio dice haberse organizado ′en cooperación con la archidiócesis de Nueva York, el comité nacional judío y el consejo protestante de Nueva York′, pero sobre todo Hefner, como “presidente del imperio Playboy”.

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[photo_footer]Hefner se pone así al frente de una revolución sexual, desde la mansión que compra en Chicago en 1959. donde hace fiestas con cantantes y deportistas famosos.[/photo_footer]

El final de la fiesta

Hefner se pone así al frente de una revolución sexual, desde la mansión que compra en Chicago en 1959. Las informaciones hablan de fiestas con cantantes famosos como Frank Sinatra y Dean Martin, o jugadores de béisbol como Joe DiMaggio, rodeados de mujeres desnudas en una piscina interior. Debajo del agua, hay un bar, al que se baja por una barra de bomberos, donde se puede ver a la luz verde de un cristal de acuario, cuerpos femeninos, moviéndose como sirenas. Todo un mundo de fantasía sexual, que luego recreará en el lago climatizado de la gruta, que construye en su mansión de California en los años 70.

Este edificio de cuatro plantas de estilo victoriano era el epicentro de un “imperio” que incluía además de la revista, clubes, cines, hoteles, casinos y un programa de televisión. Hefner deja la ciudad en 1975, para instalarse en Beverly Hills –donde dirige la empresa, hasta el año 2009, que le sucede su hija Christie–. El símbolo del conejito de Playboy con su lazo de esmoquin es ya un símbolo de la cultura americana, desde el segundo número de la revista, en 1954.

En 1963 Hefner fue arrestado por la venta de material obsceno, a raíz de la publicación de unas fotos de la actriz Jane Maynsfield –que moriría poco después en un accidente de coche–. Al quedar absuelto, establece una fundación para luchar contra la censura e investigar la sexualidad humana. En los 70 Playboy comienza a tener problemas con la competencia de revistas, más abiertamente pornográficas y la aparición de su secretaria, muerta en un hotel de Chicago, víctima de una sobredosis. Hefner dijo que se había suicidado por el acoso de agentes de narcóticos y federales.

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[photo_footer]Hefner no rechazaba la religión más que en el aspecto sexual, que le parecía hipócrita y dañina.[/photo_footer]

Eterna adolescencia

El director de Playboy se volvió a casar a finales de los 80, tras ser hospitalizado por un ataque. Se acaba así la fiesta continua de su mansión, para intentar llevar una vida de familia, al tener dos hijos. Su filosofía de eterna adolescencia se había establecido ya en nuestra cultura. A nadie ya le extraña. Nos presenta una versión alternativa de la realidad, que forma en cierto sentido una religión. Como dice al principio de la serie, que establece su filosofía: “Playboy es una revista religiosa, aunque tenga un sentido peculiar, la palabra”.

Es religiosa, porque “dice a sus lectores cómo ir al cielo, lo que es importante en la vida, traza una ética y nos dice cómo debemos relacionarnos, dándonos un nuevo modelo de persona, que expresa una cosmovisión coherente, un sistema de valores y un principio filosófico”. Ese “hombre ideal” se crea su propio universo, donde puede ser un eterno adolescente, sin demandas y responsabilidades. Es una fantasía masculina, donde la mujer se convierte en un mero objeto. Porque cuando el hombre se aleja de Dios, no se hace más humano, sino menos humano –como le ocurre a Nabucodonosor en el capítulo cuarto del libro bíblico de Daniel–.

“La religión fue una parte importante de mi educación –dice Hefner–, en términos de ideas y moralidad”. El no cree que la haya rechazado, sólo que, en el aspecto sexual, le parece “hipócrita y dañina”. El director de Playboy se consideraba una persona espiritual, aunque no creía en lo sobrenatural. “Creo en la Creación –dice Hefner–; por lo que tiene que haber un Creador de algún tipo, ese es mi Dios”, aunque “no creo en el Dios bíblico, no en el sentido de que no exista, sino que creo racionalmente que el hombre ha creado la Biblia con su percepción de lo que no conocemos”.

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[photo_footer]La cultura de Playboy ve nuestro cuerpo y la realidad material, como lo único que existe.[/photo_footer]

El amor que nos libera

El apóstol Pablo nos muestra en el primer capítulo de Romanos, que lo que ha ocurrido es justo todo lo contrario. Al dejar a Dios, nos hemos vuelto a los ídolos. Hemos cambiado al Creador, por su creación. Y esto tiene trágicas consecuencias. Comienza un círculo vicioso, que hace que despreciemos el único amor incondicional. Puesto que Dios es el único que nos ama, sin tener que hacer algo a cambio, ni aparentar que somos diferentes, a lo que somos.

Su amor sacrificado (Efesios 5:23-32) nos sorprende, porque no entendemos lo bajo que hemos caído y la maravilla de su afecto. Como dice C. S. Lewis en su iluminador libro sobre “Los cuatro amores”, nos hemos encerrado en el caparazón de nuestro egoísmo, para que no nos hagan daño, cuando tenemos que hacernos vulnerables, para experimentar el amor. Puesto que “el único lugar, donde puedes estar libre de los peligros y perturbaciones del amor, es el infierno”, dice Lewis.

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[photo_footer]Hefner creía que Playboy era una revista religiosa, pero en el sentido peculiar que le daba a la palabra.[/photo_footer]

“Nos acercamos a Dios –como dice Lewis–, cuando dejamos de intentar evitar los sufrimientos que supone el amor, aceptándolos y entregándoselos, al arrojar nuestra armadura de defensa”. Es entonces cuando llegamos a conocer a Dios, en el sentido bíblico del término. Tenemos una relación personal de confianza con él, basada en su fidelidad, que nos lleva a experimentar una comunión profunda, espiritual y eterna. La cultura de Playboy ve nuestro cuerpo y la realidad material, como lo único que existe. La vida pasa –como pasó la de Hefner–, pero su amor permanece.

“Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”, dice Jesús en el Evangelio según Juan (17:3). El director de Playboy dice sarcásticamente que fue “salvo hace mucho tiempo”, pero la verdadera salvación es conocer a Dios y recibir la vida eterna, cuya gloria excede la realidad presente. Nos eleva y transforma, dándonos esperanza. Porque Cristo es la esperanza de gloria (Colosenses 1:27), lo mejor está todavía por venir.

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