Hay iglesias que crecen rápido y se apagan pronto. Otras que se mantienen durante años, pero sin vida. Algunas que parecen fuertes por fuera, pero están debilitadas por dentro.
Y, sin embargo, de vez en cuando la Escritura nos presenta comunidades pequeñas, jóvenes, incluso perseguidas, que sorprenden por su solidez espiritual, su madurez temprana y su impacto duradero. Una de ellas es la iglesia de Tesalónica.
No tenía grandes estructuras ni largos años de formación. Nació en medio de oposición, con un liderazgo que tuvo que marcharse pronto y con creyentes recién convertidos procedentes, en su mayoría, del mundo gentil. Y, aun así, el apóstol Pablo la presenta como un ejemplo para otras iglesias. Su fe se divulgó, su amor perseveró y su esperanza permaneció firme.
La pregunta es inevitable: ¿qué hizo de Tesalónica una iglesia saludable?
El libro de los Hechos nos ofrece un detalle aparentemente secundario que se convierte en una clave reveladora. La comunidad cristiana comenzó a reunirse en la casa de Jasón. Y ese nombre, Jasón, en griego, significa “portador de salud”, “el que sana”, “el que goza de buena salud”. No parece casual. Aquella iglesia nació, literalmente, en una casa cuyo nombre hablaba de salud. Y espiritualmente, eso fue exactamente lo que llegó a ser.
A la luz de Hechos 17 y de las cartas a los Tesalonicenses, podemos identificar seis características que definen la salud espiritual de aquella iglesia y que siguen siendo profundamente relevantes para la iglesia de hoy.
1. Una iglesia saludable se basa en las Escrituras
Cuando Pablo llega a Tesalónica, no trae un mensaje adaptado al gusto de la ciudad ni una versión diluida del evangelio. Hechos 17 dice que, “según su costumbre”, discutió con ellos basándose en las Escrituras, explicando y demostrando que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara.
La salud espiritual comienza aquí.
No en la creatividad, ni en la estrategia, ni siquiera en la experiencia, sino en la Palabra de Dios como fundamento. Una iglesia puede tener actividad constante y, aun así, estar espiritualmente anémica si la Escritura ha dejado de ser su columna vertebral.
Pablo es muy claro cuando escribe después a los tesalonicenses: su predicación no procedía de error, ni de impureza, ni de engaño. No usó palabras lisonjeras ni buscó lucro. No intentó agradar a los hombres, sino a Dios (1 Tesalonicenses 2:3-6). Ese tipo de predicación, arraigada en la verdad y respaldada por una vida coherente, produce salud espiritual.
Cuando la Palabra se relativiza, la iglesia pierde orientación. Cuando se abre la Escritura y se la expone con fidelidad, la iglesia se fortalece.
2. Una iglesia saludable tiene a Jesús en el centro de todo
El contenido del mensaje de Pablo no fue genérico ni moralista. No predicó una filosofía de vida ni un código ético abstracto. Su proclamación fue concreta y directa:
“Este Jesús que yo os anuncio es el Cristo.”
En Tesalónica, Jesús no fue un complemento espiritual; fue el centro absoluto. La iglesia no se organizó en torno a Pablo, ni a Silas, ni a Timoteo. De hecho, ellos tuvieron que marcharse pronto y, aun así, la comunidad no se desmoronó. Eso solo es posible cuando la fe está anclada en Cristo y no en los hombres.
Una iglesia saludable es cristocéntrica en todo: en su predicación, en su adoración, en sus decisiones, en su misión. Cuando Cristo ocupa el centro, la iglesia puede atravesar cambios, pruebas y transiciones sin perder su identidad. Cuando Cristo es desplazado, aunque sea sutilmente, la comunidad empieza a girar en torno a intereses humanos.
Tesalónica no fue una iglesia enamorada de un líder, sino de Cristo. Y eso marcó la diferencia.
3. Una iglesia saludable en misión: sale del mundo y afecta a su mundo
La acusación que los opositores lanzan contra los creyentes es reveladora: “Estos que han trastornado el mundo entero han venido también acá.”
Sin proponérselo, describen la vocación de la iglesia.
La iglesia de Tesalónica no se retiró del mundo ni se aisló en una burbuja espiritual. Pero tampoco se adaptó al sistema dominante. Vivía en medio de una ciudad romana, plural, pagana y políticamente sensible, y allí proclamó una cosmovisión alternativa. Eso generó fricción.
Una iglesia saludable incomoda, porque cuestiona los ídolos culturales, redefine prioridades y anuncia un reino distinto. No se trata de provocar por provocar, sino de vivir de tal manera que el evangelio se haga visible.
En contextos cada vez más secularizados, la tentación es diluir el mensaje para evitar rechazo. Tesalónica nos recuerda que una iglesia que pierde su capacidad de afectar su entorno termina perdiendo también su razón de ser.
4. Una iglesia saludable vive bajo el señorío de Cristo
El núcleo del conflicto en Tesalónica no fue solo religioso, sino profundamente político en el sentido bíblico del término. La acusación final es contundente: “Dicen que hay otro rey: Jesús.”
Esa es la esencia del cristianismo.
Reconocer a Jesús como Rey no es solo una afirmación teológica; es una declaración de lealtad. Implica que la vida, las decisiones, los valores y el rumbo de la comunidad se someten a su autoridad.
La iglesia de Tesalónica no se gobernaba por conveniencia ni por cálculo humano. Vivía bajo el señorío de Cristo, y eso le dio una identidad clara incluso en medio de presión externa. El señorío de Cristo produce estabilidad interior, aunque genere conflicto exterior.
Una iglesia saludable no busca simplemente funcionar bien, sino obedecer fielmente.
5. Una iglesia saludable vive la santidad como estilo de vida
Pablo dedica una parte crucial de su primera carta a hablar de la santidad. No como un concepto intelectual, sino como una práctica concreta. “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación”, escribe con claridad (1 Tesalonicenses 4:3).
La santidad no es legalismo ni perfeccionismo, es vivir separados para Dios en lo cotidiano: en la manera de relacionarse, de usar el cuerpo, de tratar al prójimo, de hablar, de decidir. La iglesia de Tesalónica entendió que la gracia no elimina la responsabilidad moral, sino que la hace posible.
Cuando la iglesia relativiza la santidad, pierde autoridad espiritual. Cuando la vive con humildad y coherencia, gana credibilidad. La salud espiritual está profundamente vinculada a una vida transformada.
6. Una iglesia saludable persevera, crece y da fruto
Finalmente, la salud se manifiesta con el tiempo.
Pablo se sorprende y se alegra al comprobar que la iglesia no solo sobrevivió a la persecución, sino que creció y se convirtió en referente para otras comunidades. Su fe se divulgó por Macedonia y Acaya. Su testimonio trascendió sus propias paredes.
Todo lo saludable tiende a crecer. No siempre de forma espectacular, pero sí de manera constante y auténtica. La perseverancia de Tesalónica demuestra que cuando los fundamentos son sólidos, la iglesia puede resistir tormentas sin perder su esencia.
Conclusión
La casa de Jasón fue, simbólicamente, una casa de salud. Y la iglesia que allí nació reflejó esa salud en su fe, su amor y su esperanza.
En tiempos de confusión, pragmatismo y cansancio eclesial, Tesalónica nos recuerda que la clave no está en reinventar la iglesia, sino en volver a sus fundamentos. Escritura, Cristo, misión, señorío, santidad y perseverancia siguen siendo, hoy como entonces, las marcas de una iglesia verdaderamente saludable.
Tal vez la pregunta más honesta no es si nuestras iglesias son grandes o visibles, sino si son sanas. Porque solo lo sano permanece, crece y da fruto que permanece.
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