Elección natural

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Elección natural
Elección natural

Te elijo a ti, siempre a ti

Autor de la vida,

alfarero que crea, da forma,

deshace y recrea,

que rompe, muere y resucita.

Te elijo a ti, porque me elegiste primero,

Porque borraste mi rebelión

Y desterraste mi legión de errores.

Porque entre cien me viste a mí,

Perdida en mis desvaríos,

aun siendo la menor, la más pequeña,

la insignificante.

De ser un no pueblo, me llamaste pueblo mío,

pueblo de la tierra, nación santa.

Aunque remanente chiquito,

me miraste y me amaste.

Te elijo a ti, una y mil veces

Porque callaste de amor,

hiciste habitación en mí,

Poderoso y grande.

Vives en mi pequeño corazón,

fuiste mi Piedra de ángulo,

Cuando para otros fue de tropiezo.

Tú, la Roca firme en la que construir mi casa,

de la que mana agua fresca cuando la sed me ataca.

Te elijo a ti, siempre a ti,

Porque aboliste la ley que condenaba,

Porque rasgaste el velo de entrada,

Abriendo un camino, aunque angosto, mejor.

Porque eres el Verbo y todas las conjugaciones se te sujetan

Y tus obras mudas hablan tan alto de ti.

Porque hablas mi dialecto y descifras mi pensamiento.

Eres la Palabra viva, la voz que aquieta las tormentas,

Porque con tu victoria venciste por ti y para mí

Y me hiciste más que vencedora.

Porque sabes cambiar el lamento en danza

Y en tus manos está el tiempo de la canción.

Porque siendo una semilla seca me sepultaste

Y me convertiste en resurrección.

Me inundaste de gracia, cuando de gracia vacía estaba.

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[photo_footer]Foto: Amanecer en el Mar Mediterráneo (Benji Gálvez)[/photo_footer] 

Te elijo a ti, solo a ti,

Porque me saciaste de agua viva,

me sacaste de cinco pozos y del que ahora ya no bebía.

Porque secaste un mar y caminé en seco,

sembraste un desierto y lo llenaste de vida.

Anduve de tu mano sobre olas turbulentas

y me libraste de mi trágico naufragio.

Hicimos fiesta en el desierto,

banquete en el sequedal,

y me diste de comer pan sin levadura

de hipocresía y de maldad.

Te elijo a ti porque me eliges a mí,

porque tus manos llevan tatuado mi nombre,

porque no te aferraste a tu grandeza

y te identificaste con mi pequeñez.

Porque entras en mi horno de la prueba

y paseas conmigo en mi jardín de fuego.

Porque me enseñaste que la bondad no es una debilidad

y que la alegría es una fortaleza.

Porque estando desgajada y rota,

aun siendo olivo silvestre,

me injertaste en el árbol de la vida.

Porque puedo volar como las águilas,

porque tú eres mis alas.

Porque me hablas desde el trueno, desde el torbellino,

desde el terremoto y desde la brisa apacible.

Te elijo a ti porque deshiciste mi orfandad

Y me diste un nombre nuevo.

Te elijo a ti siempre y siempre te elegiré a ti, porque tú eres mi elección natural.

Mati Sanchiz Rodríguez

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