Es verdad que Roma nos dice que hay peligro en leer la Biblia sin notas; no lo creáis, no existe tal peligro, mil veces no. No puede ser que el Dios de bondad y de amor nos dejara un libro peligroso, donde en lugar de la vida encontraremos el veneno de la muerte. A nuestro divino Jesús nunca se le podrá considerar como un envenenador, cuando es nuestro Salvador, nuestro Vivificador, nuestro bien. Manuel Aguas, 1871
El caso de Manuel Aguas puede conocerse en inglés. Gracias a la invitación de Pedro Feitoza y Joseph Flores tuve el gusto y privilegio de colaborar con un capítulo en el libro Evangelicalism in Latin America. Historical Documents in Context.
Cuando ellos me compartieron acerca del proyecto del volumen, e invitaron a participar en el mismo, les propuse sumarme ocupándome de Manuel Aguas y su importancia en la génesis del protestantismo/cristianismo evangélico en México.
Pedro y Joseph aceptaron mi propuesta, a la cual di forma y, finalmente, es el primer capítulo coordinado por ellos, que incluye colaboraciones de varios autore(a)s latinoemericano(a)s.
Sobre Aguas he publicado dos libros, uno al que llamo el mayor, tiene 560 páginas, y otro, el menor, cuenta con 140 páginas. Para el libro en inglés el reto fue describir al personaje, su paso del sacerdocio católico romano al protestantismo y seleccionar algunos de sus escritos.
Mi capítulo se titula “In Luther’s Path: A Historical Conversion Letter and Sermon by Manuel Aguas, 1871”.
Lo de en la senda de Lutero se justifica porque, al igual que el ex monje agustino, Aguas, sin saberlo inicialmente, siguió la misma ruta que el reformador alemán. Manuel Aguas, como Martín Lutero, fue sacerdote católico.
Martín perteneció a la orden de los agustinos, Manuel a la de los dominicos. Ambos dejaron testimonios escritos acerca de que como ministros católicos y romanos no habían leído la Biblia, sino que su formación descansó en el estudio de las enseñanzas teológicas católicas.
Cada uno inició el acercamiento a la lectura bíblica y de forma creciente se hicieron expertos en la Palabra. El estudio concienzudo de la Palabra llevó a Lutero, en el siglo XVI en Alemania, y a Manuel Aguas, en el siglo XIX en México, a contrastar sus respectivos aprendizajes con los fundamentos teológicos de la Iglesia católica romana.
Lo que hallaron en las Escrituras les llevó a manifestar públicamente desacuerdos con la identidad religiosa en la que habían desarrollado carrera eclesiástica.
Martín Lutero, es bien sabido, inició públicamente la crítica al catolicismo romano con las 95 tesis contra las indulgencias, dadas a conocer el 31 de octubre de 1517.
Rompió definitivamente con la Iglesia católica en la Dieta de Worms (abril de 1521). Por su parte Manuel Aguas dejó de ejercer el sacerdocio y hacia fines de 1870 comenzó a tejer relaciones con la Iglesia de Jesús, grupo de raigambre protestante/evangélica.
En abril de 1871 hizo pública su salida del catolicismo mediante una extensa carta publicada por el diario El Monitor Republicano.
Las autoridades católica dictaron excomunión contra los dos: el papa León X contra Lutero (enero de 1521); mientras que a Manuel Aguas lo excomulgó el arzobispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, en julio de 1871.
Tanto Lutero como Aguas respondieron a sendas excomuniones desconociendo poder sobre ellos de quienes los tildaron de herejes, también retaron a los jerarcas católicos para que les demostraran con base en la Biblia los errores doctrinales en los que, supuestamente, habían caído.
Uno y otro sostuvieron que quienes los tenían por anti cristianos eran guías ilegítimos por ir contra el Evangelio de Cristo.
Para sorpresa de Lutero y Aguas los dos levantaron apoyos entre la población donde enarbolaron a la Biblia como sola norma de fe y conducta de lo(a)s cristiano(a)s.
En la época de Lutero en Alemania y de Manuel Aguas en México existieron otros críticos, sin embargo sus posiciones contrarias a la jerarquía católica y sus enseñanzas no trascendió al terreno de crear opciones eclesiásticas.
Martín Lutero edificó un cuerpo doctrinal y formas de concretar el mismo en grupos que dieron vida al luteranismo. Éste se manifestó en un perfil teológico que en el siglo XVI pudo resistir los embates papales y trascendió de una manera vigorosa.
En cuanto a Manuel Aguas, él potenció al movimiento de la Iglesia de Jesús, tuvo muchos discípulos que fueron precursores del enraizamiento de varias denominaciones protestantes en territorio mexicano.
El apretado resumen hecho en párrafos anteriores de por qué considero el caminar de Manuel Aguas guarda estrecha relación con el de Martín Lutero, tiene mayor desarrollo y cita de fuentes en el capítulo del libro coordinado por Feitosa y Florez.
Mi sección, tras describir el itinerario de Aguas, incluye selecciones de dos documentos. El primero es la misiva que Aguas hizo llegar a su superior en la orden de los dominicos, Nicolás Arias, donde describe detalladamente su proceso de conversión al cristianismo evangélico y la razón de haber decidido romper con el catolicismo romano.
El segundo es el sermón predicado por Aguas en el templo de San José de Gracia (antes propiedad de la Iglesia católica y a partir de abril de 1871 principal centro de reuniones de la Iglesia de Jesús), en el cual defiende la legitimidad del cristianismo separado de Roma.
Termino agradeciendo a Pedro Feitoza y Joseph Florez por haber abierto la posibilidad de contar sintéticamente en inglés la historia de un personaje que llamó mi atención, sobre el cual pude plasmar vida y obra, de forma mucho más amplia, en español.
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