Publicado por Cambridge University Press ha comenzado a circular Evangelicalism in Latin America. Historical Documents in Context. La obra fue coordinada por Pedro Feitoza y Joseph Florez. El primero enseña en la Universidad de Edimburgo es autor de Propagandists of the Book: Protestant Missions Christian Literacy, and the Making of Brazilian Protestantism (Oxford University Press, 2024). El segundo desarrolla su labor docente en la Universidad Estatal de California, en Bakersfield, publicó en 2021 Giving Life to the Faith: Lived Religion, Pentecostalism, and Social Activism in Authoritarian Chile (Brill).
La descripción general del volumen condensa bien el contenido de la obra colectiva la cual “documenta la historia del evangelicalismo latinoamericano mediante la traducción de fuentes primarias cuidadosamente seleccionadas, brindando a los lectores acceso directo a las perspectivas y deliberaciones de las primeras generaciones de evangélicos en América Latina. Los documentos se complementan con introducciones sustanciales de destacados académicos de la región, que sitúan las historias y voces locales dentro de las transformaciones demográficas y conceptuales más amplias que están reconfigurando el cristianismo a nivel mundial. El volumen desplaza el enfoque de los estudios sobre misiones y creencias, alejándolo de las narrativas centradas en el inglés, y resalta la compleja interacción de fuerzas locales y globales tal como se manifiestan en las vidas de los miembros más recientes del movimiento. Desde relatos del avivamiento pentecostal en Chile, pasando por las cambiantes nociones de libertad religiosa en la Nicaragua del siglo XIX, hasta los esfuerzos de evangelización entre los grupos indígenas en Ecuador y el primer periódico evangélico en español en Argentina, esta obra ofrece una mirada más profunda a la efervescencia naciente de la creciente minoría religiosa de América Latina”.
El prólogo es obra de David Bebbington (doctorado por la Universidad de Cambridge) es profesor emérito de Historia en la Universidad de Stirling, donde impartió clases desde 1976 hasta 2019. Anteriormente fue investigador del Fitzwilliam College de Cambridge, profesor visitante distinguido de historia en varias ocasiones en la Universidad de Baylor, Texas, y miembro de la Royal Society of Edinburgh. Es autor, entre otras obras, de Evangelicalism in Modern Britain (Unwin Hyman, 1989); The Dominance of Evangelicalism: The Age of Spurgeon and Moody (InterVarsity Press, 2005); Baptists Through the Centuries (Baylor University Press, 2010, 2018) y The Evangelical Quadrilateral (Baylor University Press, 2 vols., 2021), y editor de The Gospel in Latin America (Baylor University Press, 2022).
Bebbington prologa el libro de la siguiente manera: “Un documento de esta colección relata cómo una multitud fervorosa gritaba: ‘¡Viva Cristo Rey!’. Podría pensarse que se trataba de cristianos evangélicos que expresaban su profunda devoción a Jesús. Sin embargo, en realidad, quienes proclamaban su lealtad perseguían a los habitantes del pueblo de La Tulia, en Colombia, con la intención de expulsarlos o masacrarlos. Sus víctimas eran protestantes evangélicos. La identidad de la turba enfurecida quedó clara por un grito más fuerte que posteriormente grabó uno de los que intentaban escapar: ‘¡Viva Cristo, rey de la religión católica!’. Los perseguidores eran hombres vinculados a la Iglesia Católica, incitados al odio contra los protestantes. Era el año 1949, y los perpetradores participaban en lo que se conoció en la historia colombiana como ‘La Violencia’, una terrible guerra civil entre conservadores y liberales que había comenzado el año anterior. En el conflicto, los fieles de la Iglesia Católica Romana, que durante largos siglos había monopolizado las lealtades religiosas de la región, se alineaban normalmente con los conservadores en defensa de la fe tradicional. Detestaban a los protestantes, a quienes consideraban el núcleo ideológico de los subversivos liberales y herejes peligrosos a quienes querían expulsar del país. Dos de los enfurecidos manifestantes de La Tulia portaban rifles con los que planeaban disparar a los protestantes presentes. Los evangélicos no celebraban con gritos de apoyo al Señor Jesús, sino que escuchaban el llamado a la acción de sus acérrimos enemigos.
Este episodio no era un caso aislado en la historia latinoamericana. En toda la región, la conversión al protestantismo evangélico implicaba un ataque contra la hegemonía católica. Cualquier sacerdote católico que se convirtiera al protestantismo, como hizo Manuel Aguas en México ya en 1871, era visto como un traidor empeñado en imitar a Martín Lutero, cuya memoria era condenada rotundamente en América Latina. Los católicos sentían que tal comportamiento amenazaba todo el orden social. Cuando, a finales del siglo XIX, los protestantes comenzaron a predicar en público en Nicaragua, un católico preguntó: ‘¡Oh, Señor! ¿Es el fin del mundo?’. Era previsible una reacción violenta contra los rebeldes. Los propios protestantes no se anduvieron con rodeos, prefiriendo a menudo desafiar abiertamente la hegemonía romana. Un fundador argentino de una iglesia evangélica, por ejemplo, escribió en 1900 sobre ‘el abominable fraude del sistema papal’. Esta provocación avivó el antagonismo católico. El dominio de la Iglesia Católica Romana tuvo otra consecuencia. Cabría esperar que los evangélicos, con sus estrictos estándares morales, se opusieran a las medidas que flexibilizaran las condiciones para el divorcio. Sin embargo, en América Latina, rara vez fue así. La inflexible postura católica sobre la santidad del matrimonio parecía errónea para la mayoría de los protestantes. En Perú, en el centenario de la creación del Estado en 1921, un destacado evangélico abogó por la flexibilización de las restricciones legales al divorcio y al nuevo matrimonio. Lamentaba que Perú se hubiera sometido a la voluntad del Vaticano. La influencia del catolicismo en la vida pública propició el apoyo protestante a políticas más progresistas.
Por lo tanto, durante muchos años, los protestantes se alinearon con los liberales en la política. Los casos descritos en este volumen demuestran repetidamente esta preferencia: en Uruguay desde 1879, en Nicaragua en 1893 y en Colombia en la década de 1930. En el caso uruguayo, el periódico protestante apoyó el matrimonio civil, la eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas y la separación de la Iglesia y el Estado. Gran parte de este libro sostiene que el protestantismo fue un agente de modernización, incluso de secularización, y fue recibido como tal por los líderes liberales. En la década de 1930, la orientación de los protestantes hacia la reforma fue mantenida en Brasil por los adventistas del séptimo día, quienes, como parte de su mensaje central, promovieron estilos de vida saludables. Esto significó, sin embargo, que terminaron apoyando la línea política del dictador Getúlio Vargas, quien abogaba por medidas eugenésicas como parte de su ‘Nuevo Estado’. Si bien esto pudo haber sido modernizador, distaba mucho de ser una postura liberal. Además, a partir de la década de 1940, muchos evangélicos que deseaban evitar el modernismo teológico, con su evangelio social asociado, se fueron retirando progresivamente de la vida pública. En Perú, la principal revista evangélica instaba a la separación del mundo ante la inminente segunda venida [de Jesús]. Una política deliberada de no intervención en la política fue la postura predominante hasta el surgimiento del neopentecostalismo a finales del siglo XX y un retorno al compromiso político, pero ahora del lado del conservadurismo social. La trayectoria política del movimiento evangélico latinoamericano se ilustra de manera útil en estas páginas.
Este libro también demuestra la importancia de las iniciativas endógenas entre los protestantes. A menudo, sus oponentes católicos los acusaban de ser agentes de Estados Unidos. ‘Los traidores a la nación’, según un polemista brasileño contra los protestantes en 1908, ‘se venden al dinero de Norteamérica’. Es cierto que los estadounidenses financiaron misiones y que las publicaciones protestantes a menudo reimprimían artículos publicados originalmente en inglés. Los historiadores han reiterado con frecuencia la afirmación de que el protestantismo se implantó como una rama del imperialismo cultural anglosajón. Sin embargo, gran parte de este libro apunta en una dirección diferente. Un sacerdote mexicano [Manuel Aguas] publicó un testimonio de su conversión en 1871, un año antes de la llegada de misioneros extranjeros. Una pareja argentina fundó su propia escuela, iglesia y revista alrededor de 1900, con un apoyo mínimo de misioneros extranjeros. Y las creencias bautistas pudieron ser apropiadas por miembros de una élite local en una remota región del noreste de Brasil y utilizadas para sus propios fines. La voz de un colombiano autodidacta que durante mucho tiempo defendió su iglesia protestante antes de ser expulsado de su ciudad natal en 1949 emerge claramente de sus memorias autobiográficas. No fue un instrumento de potencias extranjeras, sino que actuó motivado por convicciones cristianas específicas. El evangelicalismo latinoamericano puede reivindicar numerosas raíces endógenas.
Este libro también ilustra otros aspectos del auge del movimiento evangélico en Centroamérica y Sudamérica. Se suele asumir que el desafío a la hegemonía católica es resultado de los recientes avances neopentecostales. La explosión de este tipo de cristianismo no católico a finales del siglo XX y principios del XXI es, por supuesto, una realidad. Sin embargo, en este volumen se evidencia una presencia pentecostal mucho más antigua. El pentecostalismo clásico surgió del metodismo en Chile en la misma década en que emergió en Estados Unidos, India y otros lugares. Juan León Lugo fue ministro ordenado de las Asambleas de Dios, la principal denominación pentecostal, en Puerto Rico a partir de 1916. Gran parte de este libro, además, documenta la difusión previa del protestantismo a través de las denominaciones metodistas, bautistas y otras prepentecostales, junto con congregaciones evangélicas sin afiliación denominacional en particular. El libro abarca a los adventistas del séptimo día, quienes operaban completamente al margen de otros protestantes y eran considerados por los evangélicos tradicionales como personas de fe inestable. La colección de artículos no solo exalta el comportamiento protestante, sino que también incluye severas críticas. Tres de los cuatro documentos principales presentados para ilustrar los conflictos brasileños de la primera década del siglo XX provienen de fuentes católicas que ridiculizan la causa protestante. El capítulo 11, sobre la misión al pueblo waorani de la región amazónica de Ecuador a finales del siglo XX, revela una alarmante insensibilidad cultural por parte de quienes evangelizaban a esta comunidad, hasta entonces aislada. Por lo tanto, este volumen no es un monumento ni al triunfalismo neopentecostal ni al protestante.
Se trata, más bien, de una recopilación de fuentes primarias que, en conjunto, revelan las auténticas actitudes del período desde la década de 1870 en adelante. Los documentos son variados: reportajes periodísticos y cartas, artículos de revistas y autobiografías. Las introducciones a las fuentes las contextualizan, describiendo a menudo creencias distintivas y desarrollos a largo plazo. Pedro Feitoza y Joseph Florez han prestado un gran servicio a la investigación al reunir a un grupo de especialistas para explicar cada documento. La introducción general de los editores sitúa la obra en el marco del estudio del cristianismo mundial. Al traducir las fuentes al inglés, han permitido que quienes no dominamos el español ni el portugués podamos comprender la realidad del crecimiento protestante en una vasta región del planeta. Su labor permite que las voces de Latinoamérica que defienden el mensaje evangélico se escuchen con claridad”.
Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.
