Biblia y cultura evangélica en la obra de Harper Lee, autora de ‘Matar a un ruiseñor’ (I)

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Biblia y cultura evangélica en la obra de Harper Lee, autora de ‘Matar a un ruiseñor’ (I)
Biblia y cultura evangélica en la obra de Harper Lee, autora de ‘Matar a un ruiseñor’ (I)

Como historiador de todo lo relacionado con Alabama y autor de diez libros sobre el tema, reconocí desde el principio de nuestra amistad [con Nelle Harper Lee] que crecer en la casa de su padre, A. C. Lee —un influyente legislador estatal a quien en su momento se le instó a postularse para gobernador— había estimulado los instintos políticos de Nelle. Lo mismo ocurría con la sólida ética metodista de la familia.

Wayne Flynt[1]

 

Nelle Harper Lee nació el 28 de abril de 1926, en Monroeville, Alabama. El estado era, y es, parte de la región de Estados Unidos conocida como The Bible Belt, conformada por, además de Alabama, Arkansas, Georgia, Kentucky, Louisiana, Mississippi, North Carolina, Oklahoma, South Carolina, Tennessee, Texas, y partes de Missouri, Virginia, y West Virginia.

Tres años antes del nacimiento de Harper Lee su pueblo pudo tener acceso a la electrici­dad. La madre (Frances Cunningham Finch), a causa de la bipolaridad que padecía y recluirse en su habitación, no fue para Harper una figura tan influyente como sí lo fue el padre: Amasa Coleman Lee, abogado muy estimado por los ha­bitantes de Monroeville. Nelle fue la menor de la fa­milia, antes que ella nacieron Alice (1911), Francis (1916) y Edwin (1920).[2]

A los ochenta años, en 2006, Harper Lee evocó un hábito fundamental en su formación: “¿Recuerdas cuando aprendiste a leer o, como yo, ni siquiera recuerdas un tiempo en que no supieras? Debí de aprender porque mi familia me leía. Mis hermanas y mi hermano, mucho mayores, leían en voz alta para que no los molestara; mi madre me leía un cuento cada día, normalmente un clásico infantil, y mi padre leía de los cuatro periódicos que le llegaban cada noche. Luego, por supuesto, estaban las fábulas del tío Wiggily a la hora de dormir”.[3]

La característica lectora del padre de Harper Lee quedó plasmada en uno de los personajes centrales de la novela Matar a un ruiseñor. En la obra Jean Louise Finch, apodada Scout y alter ego de Harper Lee, describe a su progenitor, Atticus, como muy diferente a la figura paterna dominante en Maycomb: “Nuestro padre no hacía nada Trabajaba en una oficina, no en una farmacia. Atticus no conducía un camión de volteo para el condado, no era el sheriff, no era agricultor, ni trabajaba en un garaje, ni hacia ninguna otra cosa que pudiera despertar la admiración de nadie”. La niña de ocho años abundó en la imagen: “Además de eso llevaba lentes. Estaba casi ciego de su ojo izquierdo y decía que los ojos izquierdos eran una maldición tribal de los Finch. Siempre que quería ver bien algo, giraba la cabeza y miraba con el derecho. Él no hacía las mismas cosas que los padres de nuestros compañeros de la escuela: nunca salía de casa, no jugaba al póquer, ni pescaba, tampoco bebía ni fumaba. Se sentaba en la casa y leía”.

En Maycomb, cuyo arquetipo era Monroeville, casi todos sus habitantes se co­nocían entre sí. En Matar a un ruiseñor es descrito como “una población antigua y fatigada”, en días lluvio­sos las calles se convertían en tramos de barro rojizo. En los días de calor, sobre todo en el verano, “un perro ne­gro sufría” por las altas temperaturas y “unas mulas que estaban en los huesos, enganchadas a los carros Hoover, espantaban moscas a la sofocante sombra de las encinas de la plaza”. La vida transcurría con lentitud, “el día tenía veinticuatro horas, pero parecía más largo. Nadie tenía prisa porque no había adonde ir, nada que comprar, ni dinero con que comprarlo, ni nada que ver fuera de los límites del condado de Maycomb”.

Harper Lee era una niña muy lectora y las novelas de Jane Austen estimulaban su imaginación, tanto que anhelaba ser escritora y llegar a ser, como declaró en su adultez, “la Jane Austen del sur de Alabama”. Ella y su vecino Truman Capote, se conocieron cuando la niña tenía casi seis años y el siete, jugaban a ser escritores, mecanografiaban sus historias en una vieja máquina de escribir que le obsequió su padre a Harper.[4] A los quince años, en high school, la profesora de inglés, Gladis Watson Burkett, fue para Harper una guía que le abrió nuevos horizontes literarios y le enseñó a expresarse bien por escrito. En 1944 ingresó a Huntington College, en Montgomery, y en el otoño del siguiente año inicia estudios de leyes en la Universidad de Alabama. Se une al grupo que editaba las publicaciones del campus, el pe­riódico Crimson White y la revista humorística Rammer Jammer.

En 1948, mediante un intercambio estudiantil, es aceptada para un curso de verano en la Universidad de Oxford y acrecienta su deseo de convertirse en escrito­ra y publicar lo redactado. Después de la experiencia en Inglaterra, Harper Lee continuó estudiando derecho un semestre más, pero no concluye la carrera de leyes y regresa a Monroeville. Mientras tanto su amigo de infancia, Truman Capote, con tan solo veinticuatro años, publica la novela semi au­tobiográfica Otras voces, otros ámbitos, que recibe elogio­sos comentarios en el mundo de la crítica literaria.

En su pueblo natal Harper Lee trabaja de mesera en el club de golf y con lo ahorrado proyecta irse a Nueva York. Monroeville tenía poco más de dos mil habitantes, la llamada Urbe de Hierro ocho millones. Se muda a la gran ciudad en 1949 y renta un pequeño apartamento de la Avenida York número 1539. El edificio ya no existe por­que fue demolido en 1967. Consigue empleo como agente de ventas de boletos de avión para Eastern Air Lines y British Overseas Airways, y lucha por darse tiempo para escribir, lo que no logra con la fluidez y avances resultan­tes que quisiera. Sin embargo, logra concluir ocho cuentos, los que hace llegar a revistas como Tomorrow, Harper´s Bazar o The New Yorker. Las narraciones fueron rechazadas y permanecieron inéditas, hasta que aparecieron archivadas en el último departamento donde vivió Lee en la ciudad de Nueva York, al que se mudó en 1960, año en que se publicó Matar a un ruiseñor. Finalmente, los cuentos quedaron reunidos y se publicaron en el 2025.[5]

En diciembre de 1956 Harper Lee debió quedarse en Nueva York, ya que no tuvo vacaciones, lo que le impidió viajar a Monroeville. Sus amigos Joy y Michael Brown la invitaron a pasar con ellos el día de Navidad. En el tiem­po de intercambiar obsequios Nelle entregó los suyos a la pareja y vio el regocijo de ambos hijos de los Brown al desempacar los regalos.

Cinco años después del acontecimiento la escrito­ra en ciernes evocaría el difícil momento en que pensó no recibiría presente alguno. Pero sucedió que Joy le dijo a Harper que no se habían olvidado de ella, que mira­ra bien el árbol navideño y encontraría su regalo. Nelle Harper lo hizo y halló un sobre con su nombre. Lo abrió y había una nota que decía “Tienes un año fuera de tu trabajo para escribir lo que quieras. Feliz Navidad”. Desconcertada preguntó de qué se trataba el asunto. Le dijeron que habían tenido un año con buenos ahorros y querían darle a Harper lo equivalente a doce meses de salario, para que sin preocupaciones monetarias se pu­siera a escribir la novela varias veces postergada.[6]

Ante la reticencia y argumentaciones de Harper Lee sobre declinar aceptar el generoso regalo, sus ami­gos le confiaron que deseaban mostrarle la fe que tenían en ella para que cumpliera el sueño de publicar un libro. Nelle volvió a la carga y enfatizó a la pareja que sola­mente unos desquiciados serían capaces de ponerse en peligro financieramente, ya que el dinero que deseaban donarle podrían necesitarlo a causa de alguna emergen­cia. Al comprobar que su amiga continuaba renuente al regalo le comentaron que lo tomara como un préstamo, solamente así Harper aceptó lo contenido en el sobre. Rememorando lo acontecido al final de la inolvidable jor­nada, escribió:

Afuera estaba nevando, un evento extraño para una Navidad en Nueva York. Me acerqué a la ventana, atónita por el mi­lagro del día. Los árboles de Navidad se difuminaron sua­vemente al otro lado de la calle, y la luz del fuego hizo que las sombras de los niños bailaran en la pared a mi lado. Una rebosante, completa oportunidad para una nueva vida. No me fue dada por un acto de generosidad, sino por un acto de amor. Nuestra fe en ti era realmente todo lo que les había oído decir. Haría todo lo posible para no fallarles. La nieve to­davía caía sobre el pavimento de abajo. Los techos de piedra rojiza se blanquearon gradualmente. Las luces en rascacielos distantes brillaban con símbolos amarillos del final solitario de un camino, y mientras estaba de pie junto a la ventana, mirando las luces y la nieve, el dolor de un viejo recuerdo me abandonó para siempre.

 

El que Harper llamó milagro de amor hizo posible que se dedicara con vehemencia y entusiasmo a escribir, y sobre lo resultante me voy a ocupar en la próxima entrega.

 

Notas

[1] Wayne Flynt, Mockingbird Songs My Friendship with Harper Lee, Harper Perennial, New York, 2018, p. 43.

[2] Charles J. Shields, Mockingbird. A Portrait of Harper Lee, from Scout to Go Set a Watchman, edición revisada y puesta al día, New York, Henry Holt and Company, 2016, p. 21.

[3] “Carta abierta a Oprah Winfrey”, en Harper Lee, La tierra del dulce porvenir. Cuentos y ensayos, Vintage Español, Miami, 2025, p. 157. El personaje del tío Wiggily, un conejo de edad avanzada, fue creado por Howard R. Waris en 1910.

[4] Charles J. Shields, op. cit., p. 32.

[5] Harper Lee, La tierra del dulce porvenir. Cuentos y ensayos, Vintage Español, Miami, 2025.

[6] “Christmas to Me”, McCalls, diciembre 1961. Escrito incluido en La tierra del dulce porvenir, pp. 129-133.

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