Sobre los orígenes del cristianismo evangélico en Chiapas (I)

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Sobre los orígenes del cristianismo evangélico en Chiapas (I)
Sobre los orígenes del cristianismo evangélico en Chiapas (I)

Al intentar ordenar, una vez más, el archivo que contiene mis escritos, o por lo menos los que he guardado, encontré lo que comparto. Se trata de mi participación en el Primer Coloquio Internacional sobre Derechos Humanos: El desafío multicultural a las democracias.

El encuentro fue organizado en 2004 por el Centro Nacional de Derechos Humanos, centro académico y de investigación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Mi exposición trata de la presencia y la consecuencia de esa presencia político-cultural y religiosa de los grupos no católicos en Chiapas.

Una de las primeras cuestiones que salta a la vista al estudiar a quienes tratan de explicar el enraizamiento de los grupos no católicos, sobre todo protestantes/cristianos evangélicos en Chiapas, se puede encontrar en una explicación de la que he llamado “teoría de la monogénesis”, es decir, de un origen único.

La mayoría de los investigadores refieren la llegada del Instituto Lingüístico de Verano (ILV), al final de los años treinta del siglo XX, como el tiempo del arribo del protestantismo o cristianismo evangélico a Chiapas, particularmente a las zonas indígenas, y de allí desprenden todo lo demás: la vitalidad, el gran crecimiento de estos grupos y, también, las consecuencias políticas de esa presencia, la cual tratan de conectar siempre a los intereses norteamericanos.

Sin embargo, lo que tuvo lugar en Chipas es la que denomino “poligénesis”, que contradice la teoría del origen único a partir de los misioneros norteamericanos del Instituto Lingüístico de Verano.

El ILV empieza a tener presencia, sobre todo en la zona tzeltal, a partir de 1940 con una misionera que se llamó Mariana Slocum, que no solamente tradujo el Nuevo Testamento al tzeltal, sino que realizó un primer acercamiento al estudio de dicha lengua y después publicaría, muchos años después, un diccionario español o castellano-tzeltal.

Varias décadas antes de la presencia institucionalizada del ILV, los grupos protestantes/evangélicos en Chiapas tenían obras bien establecidas en Chiapas, desde, por lo menos, 50 años antes de la llegada del ILV. Es el caso de la zona fronteriza con Guatemala.

En la costa de Chiapas, donde básicamente se desarrollaron las fincas cafetaleras, también es a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando quedó muy bien establecido el protestantismo. Cabe mencionar que, aunque muchas de las fincas cafetaleras eran propiedades de finqueros alemanes (y algunos de ellos tenían trasfondo luterano), estos finqueros nunca hicieron alguna obra misionera con sus trabajadores. Es más, se encuentra documentado cómo una o dos generaciones después, los descendientes de estos finqueros se convirtieron al catolicismo o empezaron a practicarlo.

Lo sucedido en las fincas cafetaleras del Soconusco fue que los trabajadores migrantes indígenas guatemaltecos, particularmente mames, que llegaron a trabajar en esas fincas (muchos de ellos ya eran presbiterianos como resultado de que a partir de 1872 se establecerse misiones presbiterianas en Guatemala), interactuaron con jornaleros mexicanos procedentes de varias partes del territorio chiapaneco.

Fue así que trabajadores de Los Altos de Chiapas, sobre todo tzotziles y tzeltales, pero también de otras etnias, entraron en contacto con los trabajadores guatemaltecos que ya eran evangélicos, éstos comparten el mensaje evangélico, el cual es aceptado por varios de sus compañeros chiapanecos de trabajo, quienes al regresar a sus comunidades en Los Altos son los primeros misioneros espontáneos del cristianismo evangélico.

La Iglesia nacional presbiteriana que tiene presencia organizada en México desde 1873, aunque sus antecedentes datan de unos años antes, a principios del siglo XX tomó la decisión de enviar misioneros a trabajar a Chiapas. Mencionó el caso de la Iglesia de Jesús, cuyo núcleo principal estaba en la Ciudad de México, la cual reportaba que tenía actividades en Chiapas en 1872, mayormente en Tuxtla Gutiérrez. Con lo anterior queda asentado que, para cuando inicia su trabajo lingüístico el ILV en Chiapas ya el protestantismo tenía cinco décadas o más de presencia en la entidad. Otro ejemplo más es que el año pasado [2003] una de las iglesias del movimiento de santidad (la Iglesia del nazareno) festejó 100 años de trabajo en Tonalá, Chiapas. Entonces no había trabajo alguno del ILV, en consecuencia, podemos afirmar que no hubo monogénesis, sino poligénesis del cristianismo evangélico en Chiapas, sus orígenes son múltiples sin que, necesariamente, una y otra expresión tengan causalidad entre sí.

La otra afirmación es que este enraizamiento y crecimiento del cristianismo evangélico o protestantismo en Chiapas es, sobre todo, un proceso endógeno, que debe ser explicado a partir de las condiciones y decisiones de los conversos, y no recurriendo a la que se ha denominado “teoría de la conspiración”, o sea una oleada de misioneros extranjeros que llegan con ciertos propósitos de adoctrinar a los indígenas. Incluso si esta teoría de la conspiración fuera cierta, sería ofensiva para los indígenas tenerla como explicación preponderante de su decisión de convertirse a una propuesta religiosa que les llega de afuera.

Esta teoría de la conspiración, si la usáramos para explicar movimientos sociales, mostraría lo falaz que es, por ejemplo, si se hace una analogía explicativa entre el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el nacimiento del cristianismo evangélico chiapaneco. La explicación conspirativa está presente al afirmar que el EZLN es resultado de un grupo de norteños/fuereños que llegaron a Chiapas y les lavaron el cerebro a los indígenas. Sabemos bien que esta ha sido una afirmación por parte de quienes, sin decirlo explícitamente, consideran a los indígenas meros receptáculos de ideas vertidas en ellos. De la misma manera, si negamos que se trata de un proceso interno el enraizamiento de una propuesta que, aunque originalmente viene de afuera, pero es apropiada por los mismos actores de una sociedad, entonces evadimos reconocerlo como un proceso endógeno y replicamos explicaciones conspirativas.

El conspiracionismo descalifica la capacidad electiva de los actores endógenos, niega la mexicanidad del proceso y lo reduce en su complejidad. Esto sucede tanto para, supuestamente, explicar los cambios religiosos en Chiapas como los procesos en muchos momentos históricos de México. Recordemos que al movimiento de 1968 también se le estigmatizó, desde el poder se le tuvo como una propuesta que llegaba de afuera y que no era realmente mexicana.

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