El mundo pequeñito
se ha vuelto enorme
porque Dios ha nacido
para los hombres Carlos Pellicer
Las representaciones culturales del Verbo que se hizo carne me maravillan. Por esta razón, desde hace algunos años, me hice el propósito de adquirir los que en México llamamos nacimientos y en otros países belenes o pesebres.
Tengo ya un buen número y cada año se suman más piezas, a las que es necesario hallarles lugar para que luzcan su belleza en variados lugares del hogar.
Mis nacimientos proceden de distintos países y fueron hechos de diversos materiales. Me sorprende cómo cada representación le da un toque particular al inconmensurable hecho de la humanización de Jesús, quien siendo rico se hizo pobre por amor a nosotros (2 Corintios 8:9).
La riqueza de la encarnación despierta la creatividad de quienes, ya sea de manera sencilla y materiales sencillos o bien con fastuosidad, recrean artísticamente la escena que narra Lucas tuvo lugar en un pesebre.
Recién regreso de un viaje a España y Alemania. En el primer país estuve para dar exposiciones en el Encuentro de AMyHCE (Anabautistas, Menonitas y Hermanos en Cristo-España), que se realizó del 5 al 8 en Salamanca. Fueron días significativos y entrañables.
Antes y después tuve, junto con mi esposa, muy agradables días en Madrid. Continuamos el periplo hacia Alemania, donde estuvimos por cuestiones familiares.
En uno y otro país hubo oportunidades de visitar los mercados navideños, que se instalan en plazas públicas. Mis ojos se deslumbraron con los nacimientos, debí optar por miniaturas, ya que no había espacio suficiente y seguro en el equipaje para que llegaran bien a México.
Las nuevas piezas van a ser agregadas a las que cada año están en su lugar habitual en mesas, entrepaños y vitrinas. Contemplar los nacimientos me ayuda a tratar de comprender con mente y corazón la belleza de la encarnación de Jesús, a dejarme asombrar por lo insólito de que “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14).
Las fotografías que acompañan a mi breve texto son de los nacimientos que pude adquirir y uno que me obsequiaron en el viaje antes mencionado.
Finalmente, reproduzco el villancico III de sor Juana Inés de la Cruz, la enorme escritora novohispana que poéticamente versificó la maravilla de maravillas: la encarnación del rey del pesebre.
#A1c#
#A2c#
#A3c#
#A4c#
VILLANCICO III
¿A DÓNDE VAIS, ZAGALES?
A Belén,
a ver maravillas
que son para ver.
Decidnos, Zagales,
¿cómo lo sabéis?
En los aires lo cantan los Ángeles
con voces sonoras. ¡Oíd, atended!
Hoy veréis en un portal
la Palabra enmudecida,
la Grandeza en pequeñez,
la Inmensidad en mantillas.
Todos: ¡Qué maravilla!
De una Estrella nace el Sol,
el Mar se estrecha a una orilla,
y una Flor en otra flor,
infante Fruto se anima.
Todos: ¡Qué maravilla!
El Impasible padece,
el Fuego ardiendo se enfría,
la Divinidad se humana
y la Rectitud se inclina.
Todos: ¡Qué maravilla!
De Quien todos tiemblan, tiembla;
baja la Soberanía,
enflaquécese el Valor
y llora la misma Risa.
Todos: ¡Qué maravilla!
La tierra es un Cielo ya
en esta Noche que es Día;
el Eterno es temporal,
y es muerte lo que fue Vida.
Todos: ¡Qué maravilla!
La Verdad hoy se disfraza,
la Fuerza se debilita,
la Omnipotencia se abrevia
y clara la Luz se eclipsa.
Todos: ¡Qué maravilla!
Ya la Alteza es humildad,
ya lágrimas la Alegría,
ya clemencia los rigores
y ya Piedad la Justicia.
Todos: ¡Qué maravilla!
Ya la Riqueza es pobreza,
y el Poderoso mendiga,
y el León, que siempre vence,
Cordero se sacrifica.
Todos: ¡Qué maravilla!
El que no tuvo principio,
su ser en tiempo principia;
y el Criador, como criatura,
sujeto a penas se mira.
Todos: ¡Qué maravilla!
Hombres: escuchad prodigios
que son más que humanas dichas:
Dios es Hombre, el Hombre es Dios,
que entre sí se comunican.
Todos: ¡Qué maravilla!
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