Servir o evadir

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

Servir o evadir
Servir o evadir

Aquella noche, sabiendo que pronto llegaría la cruenta hora en la que iba a ser entregado, reunió a sus amigos y celebró una cena de despedida. Antes de pasar a degustar las viandas dispuestas en la mesa hizo algo que zarandeó los corazones de los allí presentes y que todavía hoy, cuando lo rememoramos, sigue emocionándonos. Tomó un lebrillo con agua, se ciñó una toalla e inclinándose, comenzó a lavarles los pies.

En la cultura de aquella época esta labor debía ser realizada por el siervo de la casa. Pero Jesús, obviando jerarquías, revoluciona los cánones establecidos rompiendo con el protocolo.

A la mañana siguiente, una vez arrestado, Jesús fue llevado ante un hombre que, usando un lebrillo con agua, hizo algo muy distinto: se lavó las manos y, teniendo poder para juzgar justamente, se excusó mirando hacia otro lado.

Dos hombres, dos formas de lavar que representan lo que significa el servicio y la ausencia de compromiso.

Él nos enseña que al inclinarnos a lavar pies estamos dándole un revés al enemigo y honrando su nombre.

Sabemos que ese acto no siempre será reconocido, ni siquiera bien entendido; sin embargo, al disponer  nuestro corazón al servicio del prójimo, disponemos nuestras vidas para ayudar al necesitado, y el simple y precioso gesto de ayuda es su más preciada retribución.

No podemos desfallecer ni caer en el desánimo ya que, gracias a esa proximidad, a esa ayuda extendida, muchos podrán sentir el calor humano del que tanto carece una sociedad proclive a lavarse las manos y mirar hacia otro lado.

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