Hace semanas que llueve, el agua desciende como un manto gris que une cielo y tierra tiñéndolo todo de un mismo color.
Llueve con fervor, salvajemente sobre suelo empapado, terreno incapaz de absorber una gota más.
Hay miedo, desconfianza. Temor a la pérdida, al desalojo, a tener que huir del hogar para quedar a salvo.
Los ancianos hacen memoria y hablan de un pasado muy lejano en el que algo parecido ocurrió, algo que quedó inmerso en la retina, muy alejado del ayer más cercano, perdido en la memoria y que la lluvia a removido para desenterrarlo y traerlo al presente.
Hoy en ciudades, pueblos, pedanías, hay silencio.
Las casas vacías muestran una triste estampa. Un cúmulo de carencias sonoras que provoca un doloroso sentimiento de abandono.
Ruidos domésticos anegados por el agua, relegados a la sinfonía que emite el rugir de la tierra que rabiosa tararea una canción ancestral. La naturaleza reclama lo que es suyo.
Estamos atentos a las noticias que nos informan de las previsiones meteorológicas a corto y medio plazo, borrascas a las que poner nombre como si al etiquetarlas con un sustantivo propio pudieran ser menos virulentas, más presta a la conciliación.
En situaciones adversas nos toca servir ración doble de empatía, de solidaridad. Arrimar el hombro, echar una o dos manos y mostrar generosidad para ayudar al necesitado. Prestar auxilio a quienes desalentados ven cómo el agua resuena con estruendo en su recorrido feroz hacia el mar.
Pasará esta borrasca y el suelo volverá a secarse, resquebrajado reclamará lluvia.
Pasará el miedo y pausadamente llegará la calma.
Las pérdidas; innumerables y cuantiosas, serán restablecidas, o puede que nunca lleguen a recuperarse, pero, los que han vivido el desalojo, la premura, el desconcierto y la perdida, nunca olvidarán lo vivido.
Nos toca orar, interceder con fervor al Padre para que Él consuele los corazones heridos y aplique con sabiduría Divina, ese bálsamo sanador que de forma extraordinaria restaura lo roto, recompone lo agrietado y transforma la tormenta en bonanza.
Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.
