Amar. Derramar el corazón, dejar fluir todo lo que de Dios hay en él y verterlo con generosidad.
Amar de forma descomunal, desbordada e incondicional, rebelde y valerosa.
Amar de manera desgarrada, sincera, pasional e irracional, delicadamente silenciosa, prudente, cómplice, fraternal ...
Muchas formas de transmitir un sentimiento, pero un solo y verdadero Amor.
Podemos ornamentar las muestras de afecto del mil diferentes maneras, pero si es Amor, tiene que estar escrito con la caligrafía de Dios.
Dios es Amor. No lo contiene, no lo emana, no lo profesa, no habla de él, Él lo es.
Quiero que ese Amor inunde mi existencia para que destile desde lo más profundo de mi ser, que al brotar, emane esperanza, la certeza de que algún día esta humanidad que me cubre quedará relegada y todo se volverá etéreo.
He de rehacer el camino, buscar el recodo y dejar que Dios siga limando la rudeza de mi corazón. Sé que su Amor me ha de cautivar día tras día y al son de su canto he de dejar mecer mis miedos, abandonar lo baldío y crecer a su sombra.
Enarbolo un deseo, lo elevo como una cometa de fe, izada hacia el cielo a esperas de que el viento de la gracia divina la eleve llegando lejos, y desde la lejanía, seguir confiando en que Dios muestra su misericordia para conmigo al seguir eligiendo lo torpe, lo roto, lo vil y cubrirlo de sublime Amor.
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