Hace frío. Frío como en una casa deshabitada donde solo moran afanosas arañas.
Gélido aire que insinúa historias que contar bajo el calor de una manta.
Diseminados los recuerdos evocan a quienes partieron y traen al presente hilillos sueltos, dispares, de momentos vividos que en el presente inundan los ojos de sal.
Diluido en el aterido aire guarda el río una entonación de piedras lisas que aguardan su turno para ser lanzadas en este nuevo año y derribar gigantes.
Mi pecho anhela ser roto por el abuso de tu presencia, quebrado y recompuesto por el continuo goteo de tu gracia.
Celebro tu vida, tu muerte.
Celebro con sencillez lo que otros prenden con algarabía.
Basta de colores, basta de tanto consumo, basta de tanta tonta musiquilla que adormece los corazones.
Retorno al Eterno. Vivo tu nacer y tu morir cada día.
Hoy mi vida se deleita en lo que pocos reparan, en lo que pasa desapercibido entre la muchedumbre deslumbrada.
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