Los esfuerzos de muchas organizaciones, ciudadanos y entidades provida han terminado en decepción tras tres largos años de lucha al aprobar Francia el 15 de julio la “Ley de ayuda activa a morir”.
Todo tipo de cristianos, incluidos los evangélicos, habían escrito a parlamentarios, habían hablado con el gobierno, tratando de minimizar los efectos de una ley que contaba con el pleno apoyo del presidente Emmanuel Macron, y que consideraban radical.
Tras ser aprobada dos veces en la Cámara Baja y rechazada otras dos veces en el Senado, finalmente la votación definitiva en la Asamblea Nacional que confirmó la legalización en Francia de la muerte asistida y la eutanasia.
La votación terminó con un margen estrecho de 291 votos a favor y 241 en contra, y 29 abstenciones.
Un número importante de parlamentarios que estaban a favor del proyecto de ley al inicio del proceso legislativo, fueron sumándose a la oposición, aunque no fue suficiente.
En 2025, el Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad expresó su preocupación por las posibles repercusiones de la ley en las personas con discapacidad.
Evangélicos: “profunda tristeza” ante la “ruptura ética”
El Consejo Nacional de Evangélicos de Francia (CNEF) expresó su “profunda tristeza” y “una grave preocupación ante este importante punto de punto de inflexión ético y antropológico para nuestro país”.
El CNEF, que tiene un departamento legal y otro enfocado a cuestiones sociopolíticas, se había participado activamente en el debate.
Desde que comenzó el debate, en 2023, han reafirmado “constantemente una convicción fundamental, arraigada en el Evangelio: que toda vida humana posee un valor intrínseco y absoluto, desde su inicio hasta su fin natural”.
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[photo_footer] Comunicado de la CNEF. [/photo_footer]
“No es fraternidad”
Según el CNEF, un principio fundamental que la ley socavará, es la convicción cristiana de que “la dignidad de una persona enferma o mayor no depende de su grado de autonomía física, sino del amor, respeto y protección que la sociedad le brinda hasta su último aliento”.
La entidad, que representa a 750.000 evangélicos y agrupa a 2.500 iglesias locales de todo tipo de denominaciones, “se opone firmemente al uso del concepto de ‘fraternidad’ para referirse a esta ley, como han hecho sus impulsores.
“La verdadera fraternidad no consiste en acelerar la muerte de quienes sufren, sino en no abandonarlos jamás”.
“Presión” para aplicar la eutanasia
El CNEF dice que “teme la presión moral indirecta que se ejerce ahora sobre las personas más vulnerables, que pueden llegar a considerarse una carga para sus seres queridos o para la solidaridad nacional”.
Para muchas organizaciones, el énfasis debería haber puesto en priorizar un “desarrollo efectivo y equitativo de los cuidados paliativos, que siguen siendo trágicamente inaccesibles en muchos territorios, lo que genera una injusticia social”.
El Senado francés, en su última votación en mayo, había apostado por este misma dirección.
Dilemas éticos para profesionales sanitarios
La entidad evangélica ha mostrado su “agradecimiento al personal sanitario, en particular a los profesionales de la salud evangélicos, que se encuentran hoy en primera línea ante dilemas éticos sin precedentes”.
Para el CNEF ahora es esencial un “derecho a la objeción de conciencia” que permita a los profesionales sanitarios contrarios a la eutanasia o muerte asistida no tener que participar en procedimientos que terminen con la vida de pacientes.
“Ante esta ruptura ética, el CNEF hace un llamamiento a las Iglesias protestantes evangélicas de Francia para que redoblen sus esfuerzos a la hora de brindar apoyo, visitar y ofrecer consuelo. Hoy más que nunca, nuestras comunidades locales están llamadas a ser testigos de esperanza, presencia y solidaridad concreta con los más vulnerables”, concluyó.
CPDH critica el “abandono” de los vulnerables
Otras entidades cristianas, como el Comité Protestante Evangélico para la Dignidad Humana (CPDH por sus siglas en francés), han descrito la ley que se aprueba ahora como un “abandono” de las personas que sufren.
“Una sociedad que condena a muerte a sus miembros más vulnerables antes de garantizarles cuidados, apoyo y dignidad en su vida cotidiana está renunciando a su responsabilidad”, dijo el CPDH. “La eutanasia no supone un avance para la libertad cuando socava la fraternidad, un valor fundacional de nuestra República”.
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