Praga, una pregunta y el futuro de la comunicación cristiana en Europa

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Praga, una pregunta y el futuro de la comunicación cristiana en Europa
Praga, una pregunta y el futuro de la comunicación cristiana en Europa

Hay algo especial en celebrar un encuentro sobre comunicación cristiana en un antiguo monasterio en el corazón de Praga.

Los techos centenarios, los patios tranquilos, la sensación de que ese edificio ha albergado siglos de conversación… todo ello marcó el tono de lo que Media Associates International (MAI) Europa quería hacer en su primer MediaFest paneuropeo, celebrado del 5 al 8 de mayo de 2026.

Setenta y dos participantes de 17 países europeos se dieron cita en el evento, junto a tres asistentes de Estados Unidos, entre ellos la presidenta de MAI, Heather Pubols. Una reunión amplia, con voces de Rumanía, Serbia, Hungría, Grecia, Turquía, Reino Unido, España, Francia, Países Bajos, República Checa, Albania, Bulgaria, Suecia, Dinamarca, Alemania e Italia.

El tema Jesús es la respuesta. ¿Cuál es la pregunta? — no era una provocación sino una invitación. Escuchar antes de hablar. Entender antes de publicar. Preguntarse qué necesita realmente la gente antes de asumir que ya lo sabemos.

Escuchar como disciplina

La primera sesión plenaria estableció el marco teológico. Alexandr Flek recordó a los participantes que la cena de Pascua no comienza con una afirmación sino con una pregunta, y que la historia no puede contarse hasta que la pregunta es formulada.

También señaló que la primera pregunta de la Biblia es “¿Dónde estás?” — no porque Dios carezca de información, sino porque desea relación.

Tras quince años traduciendo la Biblia, Flek ha llegado a ver las Escrituras no solo como un libro de respuestas, sino como el libro que contiene todas las grandes preguntas de la humanidad.

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[photo_footer] Alexandr Flek abre el MediaFest 2026 con una reflexión sobre las preguntas que Dios hace, y las que nosotros olvidamos hacer./ MAI-Europe [/photo_footer] 

El propio Jesús formuló casi un centenar de preguntas en los Evangelios. El mensaje era claro: la comunicación eficaz no consiste en tener mejores respuestas, sino en aprender a quedarse con las preguntas correctas.

Ese hilo conductor recorrió todo el programa. Sam Richardson, director general de SPCK —la principal editorial cristiana independiente del Reino Unido— lo aterrizó en una sesión sobre el consumidor de contenido actual.

Su diagnóstico fue directo pero inquietante: vivimos en un mundo con más contenido que nunca y menos atención que nunca. Apoyándose en investigadores como Sherry Turkle y Nicholas Carr, describió cómo la tecnología está transformando no solo lo que consumimos sino quiénes somos, alejándonos de la conversación profunda, de la soledad, de la lectura sostenida.

Y sin embargo, argumentó Richardson, la respuesta no es simplificar. El libro más vendido de SPCK este año ha sido God, AI and the End of History, de John Lennox, un volumen de 608 páginas. Una entrevista en YouTube sobre el sufrimiento acumuló más de medio millón de visualizaciones. “Nunca subestimes la inteligencia de tu audiencia”, dijo, “ni sobreestimes su conocimiento.”

Las preguntas que la gente realmente se hace

Richardson identificó cuatro preguntas que, a su juicio, atraviesan generaciones y culturas hoy.

La primera: ¿Va a ir todo bien? Un mundo marcado por el Covid, la ansiedad climática, la guerra y la incertidumbre económica ha generado lo que él llamó una epidemia del miedo, y la expresión “no temas” aparece en la Biblia, según algunos recuentos, 365 veces.

La segunda: ¿Quién soy? La identidad —racial, de género, personal— es uno de los temas más candentes del momento, y el esfuerzo que las personas invierten en curar su presencia en redes es evidencia de un hambre profunda de autodefinición.

La tercera: ¿Dónde puedo encontrar comunidad?, especialmente urgente cuando uno de cada cuatro jóvenes europeos dice sentirse solo.

Y la cuarta, quizá la más sorprendente para los comunicadores cristianos tradicionales: ¿Por qué me atrae lo sobrenatural? La gente no está rechazando el significado, señaló Richardson, sino que está abrumada por el ruido.

Muchos recurren a la brujería, el tarot, los cristales y la astrología, no por convicción sino por anhelo. Un nuevo libro de SPCK, The Sacred Ache, de Belle Tindall-Riley, pone nombre directamente a este fenómeno.

Sobre la autenticidad, la sesión fue igualmente directa: las audiencias ya no confían en plataformas ni instituciones, sino en personas y marcas que se han ganado su confianza.

Quieren honestidad sin filtros e historias reales y complicadas. Y como cristianos, añadió Richardson, estamos llamados a ser fieles, no exitosos; a intentarlo, no a triunfar.

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[photo_footer] Setenta y dos participantes de 17 países europeos se reunieron en Praga para el primer MediaFest paneuropeo de MAI Europa, del 5 al 8 de mayo de 2026./ MAI-Europe [/photo_footer] 

Una confluencia de voces

Lo que hizo distintivo al MediaFest no fue solo el contenido de las sesiones plenarias, sino la amplitud de voces reunidas.

Gökhan Talas describió el desafío de comunicar el evangelio en Turquía, donde todo lo cristiano es percibido como una importación cultural de Occidente, y donde, según explicó, la gente percibe la fe no a través del lenguaje teológico sino a través de cómo viven los cristianos, cómo responden a la injusticia, cómo tratan a los demás.

Pavel Eder habló sobre la construcción de comunidad en una Praga poscristiana, donde pertenecer suele preceder a creer, y donde su ministerio SafePoint comenzó con una pregunta sencilla: ¿por qué querría alguien seguirme en redes?

Kerstin Hack reflexionó sobre las preguntas prácticas que abren puertas: el duelo, la ansiedad, el agotamiento.

Daniela Benevelli, de Italia, recordó con precisión que detrás de cada texto hay una persona, y que la tarea del editor es guiar una voz, no reemplazarla. Janet Wilson reclamó mejor contenido para niños y jóvenes, con un esquema sencillo: escuchar, responder, colaborar.

Vlady Raichinov, de Bulgaria, abordó algo con lo que muchos en la sala lidiaban en silencio: cómo organizar una vida demasiado ocupada sin perder lo que más importa.

Carlo Carrenho trazó el mapa del cambiante panorama editorial, donde la inteligencia artificial ya es una fuerza innegable, y defendió abrazar estas herramientas de forma creativa y positiva.

Y Klaus Krogh mostró cómo un buen diseño tipográfico puede abrir la palabra escrita a personas que nunca han podido acceder a ella con facilidad, incluidas las que tienen dislexia.

Los propios participantes reflejaban la red que MAI lleva años construyendo silenciosamente por todo el continente: escritores, editores, periodistas y creadores digitales de Albania a Dinamarca, de Turquía a España, muchos de ellos ejerciendo esta labor como una segunda vocación junto a otras profesiones.

Cada día, el artista neerlandés de spoken word Rik Zuzu ofreció algo inusual: una destilación poética de lo compartido y vivido, convirtiendo las ideas del día en algo que se podía sentir además de pensar.

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[photo_footer] Vlady Raichinov, Klaus Krogh, Carlo Carrenho y Sam Richardson, cuatro de los ponentes que protagonizaron algunos de los talleres del MediaFest 2026. / MAI-Europe [/photo_footer] 

Praga como escenario

El lugar ayudó. Las mañanas eran densas en talleres y sesiones plenarias; las tardes se abrían a la conexión, la reflexión y la exploración.

El jueves, los participantes se repartieron por la ciudad en cinco rutas guiadas por la historia de Praga: sus iglesias escondidas, sus capas de memoria, su complicada relación con la fe. Fue, según muchos, uno de los momentos más destacados de la semana.

El encuentro no estuvo exento de experiencias más experimentales —hubo espacio para la expresión creativa y litúrgica variada, no siempre compartida, aunque respetada—, pero el ambiente general fue de una hospitalidad genuina y una seriedad intelectual que raramente se dan juntas.

Un participante describió el evento como “una familia extendida”, una frase que, según los organizadores, capturó algo que esperaban pero no podían garantizar de antemano.

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[photo_footer] Participantes exploran las calles de Praga durante una de las cinco rutas históricas guiadas organizadas el jueves por la tarde./ MAI-Europe [/photo_footer] 

Una red en formación

El MediaFest fue, en palabras del equipo de MAI Europa, “la culminación de casi diez años de trabajo y visión”, nacida de una conversación entre tres miembros de la junta que soñaban con crear una celebración de la creatividad cristiana europea: cálida, acogedora, culturalmente comprometida y espiritualmente rica.

Lo que más les sorprendió fue la rapidez con que se formaron vínculos profundos, especialmente entre generaciones. Los participantes más jóvenes se inspiraron no solo en los talleres, sino simplemente escuchando las conversaciones que ocurrían a su alrededor.

La perspectiva de futuro es clara. MAI Europa ya ha recibido solicitudes para volver a Grecia, Italia y Bulgaria, y nuevas invitaciones de Serbia, Albania y Turquía.

La esperanza es que el MediaFest se convierta en el evento insignia de la red, celebrado en un país europeo diferente cada tres o cuatro años, con cada edición reflejando la cultura y creatividad de su anfitrión, manteniendo la misma calidad de contenido y comunidad.

Si la iglesia en Europa está preparada para escuchar antes de hablar es una pregunta que no puede responderse en cuatro días. Pero en Praga, durante cuatro días, una comunidad de profesionales lo intentó. Y se fue, al parecer, con ganas de más.

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