Un pastor murió y al menos cuarenta feligreses fueron secuestrados en un ataque armado perpetrado la noche del martes contra una iglesia en el estado de Ekiti, en el suroeste de Nigeria, según confirmaron fuentes de la parroquia y autoridades locales.
El asalto tuvo lugar en la Iglesia Apostólica de Cristo, situada en el área de gobierno local de Ilejemeje, donde los creyentes participaban en un servicio religioso alrededor de las 20:30 hora local.
“Estábamos celebrando nuestro programa especial cuando de repente escuchamos disparos”, relató a EFE una fuente de la iglesia bajo condición de anonimato por motivos de seguridad.
La congregación huyó en medio del pánico, pero los atacantes lograron asesinar al pastor y secuestrar a numerosos asistentes. “Se llevaron a muchos feligreses, al menos cuarenta”, añadió la misma fuente, que también confirmó que, hasta el momento, no se ha recibido información sobre el paradero de los cautivos.
El presidente del gobierno local de Ilejemeje, Pius Alaba, confirmó el ataque y la muerte del pastor, aunque no pudo precisar el número exacto de secuestrados. En la misma línea, el portavoz de la Policía del estado de Ekiti, Sunday Abutu, señaló que cinco hombres armados irrumpieron en el templo y que se ha desplegado un operativo para tratar de capturarlos.
A estas declaraciones se sumó la reacción oficial del Gobierno del estado de Ekiti, que condenó enérgicamente el ataque, calificándolo de “atroz e inaceptable”, y trasladó sus condolencias a las familias de las víctimas.
En un comunicado firmado por el comisionado de Información, Taiwo Olatunbosun, las autoridades aseguraron que “no se escatimarán esfuerzos” para rescatar a los secuestrados y llevar a los responsables ante la justicia. Asimismo, informaron del despliegue inmediato de una delegación de seguridad encabezada por el asesor especial del gobernador en esta materia, el general retirado Ebenezer Ogundana, para coordinar las operaciones sobre el terreno.
El operativo se está desarrollando en colaboración con la Policía, el Ejército nigeriano y otros cuerpos de seguridad, incluyendo patrullas locales, mientras se han activado labores intensivas de búsqueda y rescate, así como operaciones de vigilancia en la zona. El Gobierno también señaló que la cercanía del templo a un área boscosa pudo influir en el ataque, y pidió a la población extremar la precaución, especialmente en actividades nocturnas como vigilias religiosas.
Patrón de violencia persistente
El ataque se produce en un contexto de creciente inseguridad en distintas regiones de Nigeria, donde en los últimos meses se han registrado acciones similares contra lugares de culto.
El pasado noviembre, por ejemplo, 38 feligreses fueron secuestrados en una iglesia del estado de Kwara, en un asalto en el que también murieron varias personas. Las autoridades han atribuido estos hechos a bandas criminales dedicadas al secuestro, conocidas localmente como “bandidos”.
Ante la escalada de violencia, el presidente nigeriano, Bola Ahmed Tinubu, llegó a declarar una “emergencia de seguridad nacional” y anunció el reclutamiento de miles de nuevos agentes policiales.
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Más allá del “bandidaje”: el factor religioso
Sin embargo, diversas organizaciones internacionales advierten de que esta violencia no puede explicarse únicamente como criminalidad común o conflictos por recursos.
Grupos como Boko Haram y el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP) han manifestado explícitamente su intención de erradicar la presencia cristiana en el país. Testimonios recogidos sobre el terreno señalan que, durante algunos ataques, los agresores identifican a sus víctimas por su fe e incluso les ofrecen salvar la vida si renuncian al cristianismo.
Datos que apuntan a una persecución sistemática
Según informes del Observatorio para la Libertad Religiosa en África, los cristianos en el norte de Nigeria tienen 6,5 veces más probabilidades de ser asesinados que los musulmanes, y más de cinco veces de ser secuestrados.
Además, estimaciones de organismos como Puertas Abiertas sitúan en más de 3.000 los cristianos asesinados por causa de su fe entre octubre de 2023 y septiembre de 2024.
Impunidad y crisis humanitaria
A pesar de las detenciones realizadas en algunos casos, son escasos los responsables que llegan a ser juzgados, lo que, según denuncian distintas entidades, contribuye a una sensación de desprotección en las comunidades afectadas.
En paralelo, miles de personas han sido desplazadas de sus hogares, con aldeas destruidas e iglesias arrasadas, en lo que ya se considera una grave crisis humanitaria.
Diversas voces subrayan también la importancia de que los medios de comunicación reflejen todas las dimensiones del conflicto. Reducir estos ataques a simples actos de “bandidaje”, señalan, puede ocultar el componente religioso presente en muchos de ellos y dificultar una comprensión completa de la situación.
