La capital de Ucrania, Kiev, vive unas semanas de extrema dificultad. Desde el 9 de enero, los ataques rusos se han centrado en el sistema energético del país, afectando de forma directa al abastecimiento de luz para la capital y otras ciudades. Con temperaturas de hasta 20 grados bajo cero, las dificultades se acumulan día a día.
Mariana Laskava vive en Kiev y sirve en una misión evangélica internacional, Palabra de Vida. Desde allí describió para Protestante Digital lo que están viviendo estos días. “Este invierno es mucho más frío que los últimos años. Siempre hemos pasado el invierno bien gracias a nuestro sistema de calefacción eléctrica, pero ahora Rusia está bombardeando directamente el sistema de electricidad y calefacción, para desmoralizar a la gente”, explica.
Según su testimonio, los ataques se intensificaron especialmente en las últimas semanas, provocando que amplias zonas de la capital y sus alrededores hayan pasado días enteros sin luz ni calefacción. “Estamos hablando de una ciudad donde viven habitualmente unos cuatro millones de personas. Mucha gente lleva casi todo el mes sin calefacción”, relata.
En edificios de muchos pisos, los ascensores no funcionan, el agua no sube por las tuberías y las viviendas quedan a oscuras por la tarde. Según varias fuentes, más de 5.000 edificios están sin energía. “Hay personas viviendo en pisos 18 o 20, sin ascensor, sin agua, sin calefacción y sin luz. En invierno aquí oscurece sobre las cinco de la tarde, así que desde esa hora la gente queda en tinieblas, con temperaturas dentro de casa de cuatro o seis grados”, cuenta Mariana.
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[photo_footer]Una mujer acomoda leña para usar como combustible ante la falta de energía. Foto: World Vision[/photo_footer]
Para calentarse y poder tener algo de luz, muchas familias recurren a velas, linternas, o a grandes acumuladores de energía que no siempre pueden cargarse. “Para cargar uno de esos acumuladores a veces hay que bajar andando 18 pisos, buscar un lugar con electricidad y luego subirlo otra vez. La vida se ha vuelto realmente muy difícil”, resume.
Los más vulnerables son quienes menos capacidad tienen para adaptarse. “Sufren especialmente las personas mayores, que no pueden subir y bajar escaleras, que no tienen con qué calentarse o que apenas pueden salir a comprar”, señala. Algunas familias han optado por marcharse a otras zonas del país donde la situación es algo menos dura, pero muchas otras están resistiendo.
Casi cuatro años de guerra
En medio de este escenario, Ucrania se acerca al cuarto aniversario de la invasión rusa. Aunque existen conversaciones y contactos diplomáticos, entre la población la esperanza es limitada. “La gente no tiene mucha confianza en las negociaciones. Ya ha habido muchos diálogos antes y Rusia siempre exige que capitulemos y cedamos parte de nuestra tierra. Nosotros no queremos hacerlo”, afirma Mariana. Aun así, añade, la oración sigue siendo un refugio: “No confiamos tanto en las personas, pero sí en el Señor, que puede hacer cesar cualquier guerra”.
[destacate]“A veces parece que el mundo ya no sabe lo que estamos viviendo”[/destacate]La ayuda internacional, que fue muy visible en los primeros años del conflicto, también se ha reducido. “Mucha gente se cansó de ayudar, o ya no escucha noticias de Ucrania. A veces parece que el mundo no sabe lo que estamos viviendo”, lamenta. Las necesidades, sin embargo, siguen siendo enormes: acumuladores de energía, linternas potentes, estufas portátiles, sacos de dormir, mantas térmicas y cualquier recurso que permita calentarse y cocinar con agua caliente. “La gente incluso monta carpas dentro de casa para concentrar el calor y duerme con sacos de dormir como si estuviera al aire libre”, describe.
“No nos estamos rindiendo”, dice Mariana. “Estamos atravesando un tiempo muy difícil, pero seguimos adelante, confiando en Dios”.
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[photo_footer]Los niños están entre los colectivos más vulnerables. Foto: World Vision[/photo_footer]
Los niños, entre los colectivos más vulnerables al frío
Esta realidad cotidiana se refleja especialmente en la situación de la infancia, uno de los colectivos más afectados por el frío y los apagones. Así lo advierte World Vision, que explicó en un comunicado que Ucrania atraviesa “el invierno más frío y peligroso desde 2022”. En Kiev y otras regiones, las escuelas permanecerán cerradas al menos hasta febrero, dejando a cientos de miles de menores sin acceso regular a la educación, a espacios seguros o a apoyo psicosocial.
[destacate]“Vivimos el peor invierno para los niños ucranianos desde que comenzó la guerra”[/destacate]“Este es el peor invierno para los niños ucranianos desde que comenzó la guerra”, afirma Arman Grigoryan, director de respuesta a crisis de World Vision Ucrania. Según la organización, el frío extremo está afectando a miles de hogares que dependen de la calefacción centralizada. Una de cada cinco familias ya informa de problemas de salud relacionados con las bajas temperaturas en el interior de las viviendas.
Mark, un niño de ocho años que vive en Kiev, cuenta que hay “cortes de energía todo el tiempo”, lo que hace que “no haya calefacción, es muy difícil calentarse”. “Estamos pasando frío, en casa tenemos que estar con ropa abrigada”, explica en un vídeo difundido por la ONG.
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[photo_footer]La guerra ha afectado a la educación, así como a la situación psicológica de los menores. Foto: World Vision[/photo_footer]
Los cortes energéticos dificultan incluso el uso de móviles, ya que las baterías se agotan y es difícil recargarlas. “No podemos hacer llamadas si pasa algo grave o tenemos que pedir ayuda”. Al estar sin clase presencial, las escuelas están proporcionando formación a distancia, pero resulta complicado “porque no todos los días tenemos energía para conectarnos, y no va bien el WiFi y se hace difícil seguir las clases”, concluye Mark.
World Vision informa que ha intensificado su respuesta humanitaria, proporcionando ayuda económica, kits de invierno o generadores para el funcionamiento de los centros de atención y apoyo a la infancia. Desde el inicio de la guerra, la organización ha asistido a más de 2,3 millones de personas en Ucrania, entre ellas más de un millón de niños y niñas. Aun así, las necesidades superan con creces los recursos disponibles.
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