Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.
Esdras 7:10
Este libro es, en esencia, una tesis doctoral realizada en la Universidad de Granada. El libro, editado por la editorial de la Universidad de Granada, perteneciente a la colección de Textos y Culturas Judías, consta de 280 páginas. Esta publicación forma parte del proyecto I+D+i Ciencia y religión en el judaísmo medieval, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España. Este libro fue escrito por María Goretti Luis Cobreros, profesora de Hebreo Bíblico en la Facultad Internacional de Teología IBSTE.
El siglo XII ha sido comúnmente descrito como el ocaso de la cultura judía en al-Ándalus, el final de una época dorada de producción textual. Los poemas con estética árabe que cantaban al amor y al vino, trasladando al lector a prolongadas tertulias alrededor de una alberca en algún jardín paradisiaco de la Córdoba califal, dieron paso a rimas más austeras, lamentos por la destrucción de las juderías andalusíes y a las penas propias del exilio. En medio de la diáspora, proliferó una generación de intelectuales andalusíes que fue acogida por las comunidades judías europeas con agrado y escepticismo al mismo tiempo. Una de sus figuras más representativas fue, sin duda alguna, Abraham Ibn Ezra (1091-1167), quien dedicó al menos veinticinco años de su vida a adaptar su saber científico, lingüístico y exegético al nuevo panorama cultural de los territorios cristianos. El trabajo que aquí se presenta pretende rescatar una de las últimas obras exegéticas compuestas por Ibn Ezra en el norte de Francia, el segundo comentario a Génesis. Escrito entre 1155 y 11556 para un rabino de la comunidad judía de Rouen, Génesis II es un comentario inconcluso que ha llegado hasta nuestros días únicamente mediante seis manuscritos en particulares circunstancias.
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[photo_footer]Ilustración que representa a Abraham Ibn Ezra[/photo_footer]
Abraham Ibn Ezra, considerado tanto por sus contemporáneos como por sus sucesores un profundo maestro en todos los campos del saber conocidos en la Edad Media, nos ha legado una gran cantidad de tratados religiosos y especializados, que abarcan desde la poesía y la poética hasta la astronomía y la astrología. Gramático, filósofo, exégeta bíblico, talmudista, no había tema en el que Ibn Ezra se mantuviera al margen. Incluso se le ha atribuido un tratado médico. Su fama, sin embargo, se basa casi por completo en sus comentarios bíblicos. Algunos de ellos fueron escritos en los últimos años de su vida, cuando su desarrollo intelectual había alcanzado su cenit.
Los comentarios bíblicos de Ibn Ezra muestran un gran dominio de una enorme cantidad de literatura y material científico. Si examinamos las obras rabínicas, caraítas, griegas y árabes que Ibn Ezra menciona explícitamente en algunas de sus obras, así como a las que hace referencia de forma anónima, podemos llegar fácilmente a una suma de quinientas fuentes diferentes.
En 1523 escribió el rabino Eliyahu Capsali (1485-1550) en su crónica que hubo en Sefarad, nombre hebreo con el cual se designa a España, grandes sabios, inteligentes e instruidos, entre los cuales el más grande fue Abraham Ibn Ezra, quien compuso hermosos poemas sobre la Torah y comentarios a sus veinticuatro libros, además de muchos y eminentes libros sobre religión y gramática.
Acompañando el texto hebreo, en el segundo comentario de Génesis realizado por Goretti Luis se ofrece una traducción castellana anotada, donde se ha tratado de identificar las principales fuentes andalusíes de las que se nutre el autor y aclarar los pasajes que presentan alguna dificultad.
Al igual que el poeta Yehuda ha-Levi (1070-1141), Abraham Ibn Ezra nació en Tudela y más tarde se trasladó a Córdoba, donde residiría un tiempo y estudiaría todas aquellas disciplinas que posteriormente cultivó en sus diversos tratados. Tudela fue un lugar en donde hubo una comunidad judía bastante activa en lo intelectual, donde también destacó la figura de Benjamín de Tudela (1130-1173), rabino que escribió un libro de viajes que realizó por el Próximo Oriente Antiguo, en donde menciona la vida y costumbres de los judíos de zonas como Iraq, Siria, Palestina y Egipto.
Ibn Ezra deja Tudela alrededor del 1109 para trasladarse y asentarse en Córdoba. Antes de ir al sur, Ibn Ezra pasó una larga temporada en Toledo, lugar donde aprendería latín, idioma esencial para poder comunicarse con discípulos cristianos que querían aprender cuestiones de gramática hebrea. Este dominio del latín se apoya en un colofón de un astrolabio latino hallado en un manuscrito de la segunda mitad del siglo XII de la Biblioteca Británica (Ms. Cotton Vesp. AII) que reza: como afirma Abraham, nuestro distinguido maestro de los filósofos contemporáneos, por cuyo dictado también pusimos por escrito esta disposición del astrolabio.
Obligado por las circunstancias históricas y sociales, entre las que destaca la intolerancia religiosa de la época, Ibn Ezra se ve obligado a abandonar su tierra y vagar por diferentes ciudades cristianas en busca de sustento. El periplo de Ibn Ezra por la Europa cristiana inicia en 1140 cuando decide dejar atrás Sefarad y embarcarse rumbo a Italia. Otros países de Europa que visitará Ibn Ezra son: Inglaterra y Francia.
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[photo_footer]Viajes de Abraham Ibn Ezra[/photo_footer]
Una de las primeras tareas que llevó a cabo Ibn Ezra en Roma fue traducir al hebreo una obra lexicográfica que constituiría un pilar fundamental en todas las gramáticas y comentarios bíblicos que comenzaría a escribir para sus mecenas. A esta traducción le siguió el Sefer Moznayim (1140-1142), un tratado gramatical con una clara intención pedagógica que trata temas tan fundamentales del hebreo como las características del alefato, los paradigmas verbales o la propia terminología gramatical de la lengua.
De Roma pasó a Lucca, donde compuso sus primeros tratados astronómicos, después a Pisa y de ahí a Mantu. No hay duda de que Ibn Ezra demostró durante este tiempo una gran erudición en diversos campos del saber; sin embargo, la labor más importante que ejercerá Ibn Ezra será la de exégeta. Italia fue un importante centro de estudio del judaísmo rabínico, así como un puente entre las comunidades del imperio Bizantino, de la Europa Occidental y del mundo islámico.
En Italia, el erudito andalusí centró sus esfuerzos en redactar comentarios a la mayoría de los libros de la Biblia, comenzando con Eclesiastés y Job. El hebreo se convertiría en su lengua de comunicación a pesar de ser consciente de sus limitaciones lingüísticas a la hora de transmitir sus conocimientos en materia científica en comparación con el árabe. Aun así, Ibn Ezra contribuyó notablemente al conocido renacimiento del siglo XIII facilitando el acceso a la ciencia en lengua hebrea mediante la búsqueda en el texto bíblico de una terminología científica.
Alrededor del año 1153 Abraham Ibn Ezra arribó a la ciudad normanda de Rouen tras más de una década deambulando por Italia y el sur de Francia. En la capital de Normandía compuso sus comentarios a Salmos, Daniel, Profetas Menores y Éxodo.
En Francia sus estudios se centraron en la Biblia y en textos rabínicos clásicos en lugar de otras disciplinas como la filosofía y la ciencia. Su método de interpretación literal se convirtió en una herramienta hermenéutica útil en las polémicas contra el cristianismo para los exégetas judíos que, al mismo tiempo eran leídos por los intelectuales cristianos interesados en ahondar en el sensus literalis de las Escrituras.
En Rouen compuso los comentarios de Ester II, Daniel II, Salmos II, Cantares II, Éxodo II, Profetas Menores II y Génesis II, todos ellos segundas recensiones de trabajos realizados previamente en los que demostró su madurez tras años de estudio y enseñanza en Italia y Provenza. Sus comentarios presentan introducciones más cortas, explicaciones más detalladas y una postura hacia las interpretaciones rabínicas tradicionales mucho menos crítica que en su etapa anterior, respondiendo así a las necesidades de sus nuevos estudiantes y mecenas.
Es curioso observar que antes de comenzar cualquier comentario de la Biblia, Ibn Ezra escribía una poesía en donde resaltaba alguna cuestión particular de su vida personal. La labor de Abraham Ibn Ezra como poeta fue alabada por contemporáneos suyos como Abraham Ibn Daud (1100-1180), quien lo incluyó dentro de la generación de grandes y santos sabios que fortalecieron a Israel con sus poemas y sus cantos de consolación.
La elegía por la muerte de su hijo en oriente se trata de otra de las composiciones que más se suelen recoger en las antologías poéticas de Ibn Ezra. Su hijo Isaac se convirtió al islam:
Los poemas del sabio Abraham Ibn Ezra son una ayuda en las dificultades, lluvia benéfica en el tiempo de sequía. Todos sus piyyutim (poemas litúrgicos que son cantados) son extraordinarios y sus temas excelentes, como jamás han sido vistos. Compuso también un seder (ritual liturgico para celebrar algún evento importante) para el día de la expiación. Sus argumentos están fundidos en la hornaza de la inteligencia y grabados sobre los corazones. Isaac, su hijo, apuró también la fuente de la poesía. En la poesía del hijo hay parte del brillo del padre, pero cuando vino a las tierras orientales no lució más sobre él la gloria del Señor, retiró de él los mantos preciados de la religión, quitóse sus ropas y vistióse otros vestidos.
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[photo_footer]Fragmento de piyyutim de Abraham ibn Ezra, (T-S Misc. 34.35), Cambridge University Library[/photo_footer]
Según el poema introductorio de Génesis II parece que Ibn Ezra, estando enfermo, tuvo la intención de escribir un segundo comentario al Pentateuco en Rouen para su entonces protector Moisés ben Meir:
Le ha ayudado hasta aquí y el número de los años de su vida contaban ocho veces ocho. En su vejez sus pecados lo vendieron a una afección tan nueva como vieja. Mas R. Moisés ben Meir lo mantuvo hasta que su cuerpo volvió a ser como una vigorosa palmera y entonces hice el voto a Dios en mi enfermedad de comentar la Ley entregada en el Sinaí.
Aparte de su enfermedad que se observa en su comentario de Génesis II, también podemos ver diferentes cuestiones de su vida personal en sus comentarios de Eclesiastés y Lamentaciones. Comentario de Eclesiastés:
Partió de su tierra que está en Sefarad, y hacia Roma se dirigió con el alma dolorida. Allí puso todo su empeño en comentar y esclarecer las Escrituras.
Comentario de Lamentaciones:
Yo, Abraham ben Meir, desde remotas tierras, he sido sacado de Sefarad por la cólera de los opresores y estos libros míos en mi destierro fueron en mis manos los que me dieron fuerza y me guiaron al explicar los libros bíblicos.
El rango de años en que pudo ser escrito el comentario de Génesis II es 1152-1153 o 1155-1156. Tres manuscritos del comentario contienen un poema introductorio en el que se afirma que Ibn Ezra se dispuso a redactar la obra a la edad de 64 años y al menos otros tres de Éxodo II mantienen un colofón que registra la finalización del comentario en el año judío 4913 (1152-1153). Si se tiene en cuenta la fuente más cercana a su muerte, un colofón de un manuscrito de su comentario al Pentateuco, Ibn Ezra habría fallecido a la edad de 75 años.
El lunes, primer día del primer mes de Adar del año 4927 (1166-1167) falleció Ibn Ezra, de bendita memoria, a los 75 años. Y escribió su propio epitafio el año de su muerte. “Y Abraham tenía 75 años cuando se libró de la ira de Dios. Que su alma sea reunida en un haz con los vivos.”
Abraham Ibn Ezra falleció en 4927 (1167) a la edad de 75 años, por lo que nació alrededor de 1091-1092. Se ha mencionado que pudo haber muerto en Inglaterra o en Calahorra. Todo parece indicar que murió Ibn Ezra en Calahorra.
Finalizó el comentario largo a Éxodo en el 4913 (1152-1153) y tiempo más tarde, a la edad de 64 se dispuso a comenzar un nuevo comentario al Pentateuco. Por razones aún desconocidas nunca llegó a completar el comentario largo a Génesis, pero acto seguido continuó con la recensión francesa a Salmos II. Estos comentarios, entendiéndose como obras que supondrían dos encargos, seguramente a distintos mecenas, vendrían a confirmar la evidencia de los manuscritos.
El comentario de Ibn Ezra de Génesis II sigue el siguiente patrón: Tras un poema y una introducción acerca de los métodos exegéticos, el texto se divide de acuerdo con las porciones que conforman el ciclo anual de lectura del Pentateuco y, esas a su vez, en dos secciones, una con anotaciones de naturaleza gramatical y otra que aborda la interpretación exegética de la porción que se está tratando.
Abraham Ibn Ezra acostumbraba a iniciar sus comentarios bíblicos con composiciones poéticas relacionadas con el libro que se iba a interpretar y en las que también dejaba alguna nota de tipo biográfico.
El acrónimo PaRDeS (jardín, paraíso) fue empleado en la mística judía medieval para referirse a los cuatro tipo de exégesis bíblica:
-Peshat interpretación literal
-Remez interpretación alégorica
-Derash interpretación rabínica tradicional
-Sod interpretación esotérica
Esta interpretación tiene su origen en el motivo de los cuatro rabinos tanaítas que entraron en el pardes, que aparece en obras como el Talmud. En este contexto, entrar en el pardes es una metáfora que representa el estudio y la correcta interpretación de la Escritura. El pardes hace referencia a un recorrido a través de cuatro niveles de interpretación que tiene como fin último el sod, el misterio o secreto contenido en la Escritura.
Ibn Ezra prefiere una vía denominada diqduq, o vía gramática. Lo define así:
Sobre la quinta vía asentaré la base de mi exposición; es la que me parece recta en presencia del Señor; tan sólo a Él temo, sin admitir ideas preconcebidas sobre la Torah. Voy a investigar bien la gramática (diqduq) de cada palabra con todas mis fuerzas, y después la explicaré dentro de mis posibilidades.
La quinta vía es el principio en el que basaré mi comentario para esclarecer toda la Biblia según su norma, gramática y sentido literal. Pero en las leyes y los preceptos me apoyaré en los antepasados, enmendando la gramática de nuestra lengua conforme a sus palabras. Al comienzo de cada parashah (divisiones para la lectura del Pentateuco), me ocuparé de la gramática de cada una de las palabras que presenten dificultad, y a continuación, expondré los comentarios en orden. Que Dios me dé fuerzas para cumplir mi promesa, ya que nuestros contemporáneos no se ocupan de la gramática, explicaré sus fundamentos, sus flexiones y acepciones.
Con esta vía, Ibn Ezra trata de buscar el peshat, traducido como sentido literal o inmediato del texto hebreo, a través del estudio filológico y gramatical. Para él, este método es el único medio viable para interpretar la Biblia, ya que permite alcanzar el verdadero significado del texto. La máxima talmúdica “un versículo de la Escritura nunca pierde su sentido literal” se convirtió en el eje central de su exegesis filológica.
Ibn Ezra divide su comentario en dos secciones: diqduq (gramática) y perush (comentario). Los comentarios gramaticales giran en torno a tres cuestiones principales: sintaxis, morfología verbal y morfología nominal.
Ibn Ezra refleja en su comentario la incorporación de las teorías del orden cosmológico de origen aristotélico y, por ende, la desviación de la noción comúnmente aceptada sobre la creación ex nihilo, dentro de un debate que ocupó un lugar primordial en el pensamiento medieval.
Su comentario de Génesis II comienza de la siguiente forma:
Discurso de Abraham bar Meir Ben Ezra el Sefardí: he aquí que está en los cielos quien es mi testigo y conoce mis secretos; porque con todo mi corazón y con todas mis fuerzas interpretaré la Torah mientras esté en mi mano y Dios esté de mi lado.
Comenzaré en el nombre de aquel cuya alabanza no tiene principio y acabaré en el nombre de aquel cuya grandeza no tiene fin; que me limpie de todos los errores para que no sean visibles a los ojos de mi corazón, ya sean en el contenido o en la forma de expresarlo, pues no hay quien esté libre de pecado.
Es importante resaltar la influencia que tuvo Ibn Ezra en los estudios bíblicos a partir del siglo XVI. Las primeras cátedras de hebreo se establecieron en las siguientes universidades europeas: Alcalá (1508), Lovaina (1520), Cambridge y Oxford (1536). Esto supuso un impulso y estímulo para la exégesis bíblica tanto en círculos católicos como protestantes.
Daniel Bomberg (1483-1549) decidió hacer una impresión de la Biblia Hebrea, contando con el apoyo de Félix Pratensis (1460-1539) un judío que se había convertido en monje agustino. Fue Pratensis el que convenció a Daniel Bomberg de imprimir obras en hebreo. La primera edición de la Biblia Rabínica sería impresa en Venecia en 1518, la cual fue editada por Pratensis.
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[photo_footer]Biblia de Bomberg con los comentarios de Ibn Ezra del libro de Génesis[/photo_footer]
En esta Biblia aparecía no solo el texto bíblico, sino que en los márgenes aparecían comentarios rabínicos. Es en esta obra en donde aparecen los comentarios de Ibn Ezra en los siguientes libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Isaías, Los 12 profetas menores, Salmos, Job, Rut, Cantares, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester y Daniel.
Fue la Biblia Rabínica de Bomberg la que fue utilizada por los reformadores protestantes para traducir la Biblia en diversas lenguas vernáculas. La Reforma Protestante impulsó el interés por el hebraísmo entre los académicos cristianos con el fin de leer las Escrituras en su lengua original. Estos estudios pasaron a ser parte de la formación indispensable para los ministros de culto de las incipientes congregaciones y en las universidades protestantes comenzaron a surgir cátedras de lengua hebrea, lo cual se sigue enseñando en la actualidad.
El método de Ibn Ezra sigue siendo estudiado por académicos protestantes en la actualidad. No solo se espera un conocimiento de la lengua hebrea para poder leer el texto, sino que también se busca un análisis gramatical para comprender mejor el significado de lo que está escrito. De esta forma, Ibn Ezra sigue impactando al mundo académico.
Abraham Ibn Ezra tiene el mismo nombre de un sumo sacerdote del Antiguo Testamento, quien escribió no solo el libro que lleva su nombre, sino también que fue el que dio la forma final al libro de Crónicas, el cual es el último libro del Antiguo Testamento en el canon hebreo. El siguiente verso resume la vida de ambos: Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos (Esdras 7:10).
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