El geólogo y la arqueología: William Kennett Loftus y las excavaciones en Mesopotamia y Persia

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El geólogo y la arqueología: William Kennett Loftus y las excavaciones en Mesopotamia y Persia
El geólogo y la arqueología: William Kennett Loftus y las excavaciones en Mesopotamia y Persia

Aconteció en los días de Asuero, el Asuero que reinó desde la India hasta Etiopía sobre ciento veintisiete provincias, que en aquellos días, cuando fue afirmado el rey Asuero sobre el trono de su reino, el cual estaba en Susa capital del reino, en el tercer año de su reinado hizo banquete a todos sus príncipes y cortesanos, teniendo delante de él a los más poderosos de Persia y de Media, gobernadores y príncipes de provincia.

Ester 1:1-3.

William Kennett Loftus

William Kennett Loftus (1820-1858) fue un geólogo, arqueólogo y naturalista inglés conocido por sus excavaciones en Mesopotamia y Persia. Nació en 1820 en Kent, debido a que su padre, oficial del ejército que participó en las guerras napoleónicas, estaba destinado allí. La familia Loftus era originaria de Newcastle upon Tyne, lugar donde William Kennett pasó su infancia y adolescencia. En 1840 ingresó en la Universidad de Cambridge y estudió geología.

En su etapa estudiantil, Loftus destacó por su inteligencia, aparte de tener un don para hacer amigos, lo cual puede verse en la facilidad que Loftus tuvo para destacar y conseguir trabajos importantes. El primer paso en su etapa laboral fue ser elegido miembro de la Sociedad Geológica de Londres en enero de 1842, lo cual supuso un logro considerable para un estudiante universitario sin conexiones influyentes. 

Al regresar a Newcastle en 1845, Loftus participó activamente en la Sociedad de Historia Natural, así como en la Sociedad Literaria y Filosófica, de la cual sería nombrado miembro del comité en 1848. Tanto sus estudios de geología, al igual que sus contactos por medio de las sociedades de las que formaba parte, ayudaron a que Loftus tuviera presencia en círculos académicos y culturales en Newcastle. Esto último se vería reflejado en la invitación que Loftus recibió a comienzos de 1849 para participar en una comisión en el Próximo Oriente Antiguo.

Loftus partió de Southampton el 29 de enero de 1849 a bordo del barco Erin y llegó a Constantinopla el 16 de febrero, tras un viaje de unos 19 días. En Constantinopla cenó en varias ocasiones en la embajada británica con el embajador Sir Stratford Canning (1786-1880). En este viaje conocería a Austen Henry Layard (1817-1894), el arqueólogo que descubrió Nínive.

Loftus fue invitado en su rol de geólogo y naturalista por la Comisión Fronteriza Turco-Persa. Este organismo se había creado para fijar la frontera entre el Imperio Otomano y Persia. La larga frontera entre ambas potencias había sido motivo de disputas durante décadas, y los incidentes fronterizos de las décadas de 1830 y 1840 casi habían desembocado en una guerra. Esto se evitó gracias al Tratado de Erzurum, firmado el 31 de mayo de 1847, que establecía la creación de una comisión para determinar la frontera exacta. Dicha comisión estaría integrada por funcionarios otomanos y persas, así como por representantes de Gran Bretaña y Rusia, los cuales tenían el encargo de estudiar y definir una línea fronteriza precisa entre los dos países en cuestión, con la finalidad de que no hubiera problemas territoriales en el futuro. El trabajo de esta Comisión Fronteriza Turco-persa se prolongó desde 1849 hasta 1852.

El comisionado británico era el teniente coronel W. F. Williams (1800-1883).  Austen Henry Layard, que había alcanzado gran prestigio con sus excavaciones en Nimurd y Nínive entre 1845 y 1847, y había viajado por algunas de las zonas en disputa, se uniría a esta comisión que delimitaría las fronteras entre el Imperio Otomano y el actual Irán. En septiembre de 1848, Layard escribió al ministro de Asuntos Exteriores Británico, Lord Palmerston (1784-1865), y a Sir Stratford Canning, embajador británico en Constantinopla, pidiendo que se le eximiera del nombramiento, aparentemente por motivos de salud y por sus compromisos editoriales. Lord Palmerston escribió entonces a Sir Henry de la Beche (1796-1855), presidente de la Sociedad Geológica de Londres, pidiéndole que recomendara a un geólogo que pudiera unirse al equipo británico, y por recomendación de Henry Layard, se le ofreció a Loftus el puesto con un salario de £200 libras al año.

 Los miembros de la delegación británica eran el comisario teniente coronel William Fenwick Williams, jefe del equipo, y de quien Loftus se llevó inmediatamente una muy buena impresión. El teniente A. G. Glascott (1805-1871), de la Royal Navy, quien haría labores de topografía. Henry A. Churchill (1828-1868), intérprete, ilustrador y diplomático. Se uniría, como geólogo y naturalista, William Kennett Loftus, quien aprovechó las excepcionales facilidades que se le concedieron como miembro de dicha comisión para satisfacer su fuerte deseo de abrir nuevos caminos en una región inexplorada, la cual es la cuna de la raza humana. 

En su rol de naturalista, Loftus hizo colecciones de conchas, escorpiones, serpientes y muchas especies de insectos. Escribió sobre cómo disecaba aves él mismo y enseñaba a otras personas a hacerlo. En su rol de geólogo llevó a cabo investigaciones científicas. Una excursión de tres días a Nínive y Nimrud en 1849 le inspiró el deseo de encontrar por sí mismo un yacimiento intacto en estas tierras, donde se ansiaban descubrimientos tan brillantes como los que anteriormente había llevado a cabo Layard.

Durante su estancia en Mesopotamia y Persia, y mientras formaba parte de la Comisión, Loftus también llevó a cabo excavaciones arqueológicas, y es por ellas por las que se le recuerda principalmente. Su primera empresa arqueológica parece haber sido en Babilonia, en septiembre de 1849, cuando él y Churchill desenterraron el León de Babilonia, una escultura de piedra que probablemente data del siglo VIII a. C. la cual estaba parcialmente enterrada. Esta escultura representa a un león de pie sobre la figura postrada de un hombre.

Loftus y un colega viajaron por tierra desde Bagdad a Basora con el objetivo de examinar la geología de la marisma y los principales montículos antiguos. Al conocer sus observaciones, el teniente coronel Williams, que había excavado recientemente en Nínive, envió a Loftus al sur de Mesopotamia para excavar algunas zanjas. En la llanura aluvial y los pantanos del sur, lejos de las fuentes de piedra, los edificios no poseían las esculturas en relieve y las estatuas colosales que caracterizaban las excavaciones de Layard más al norte. La arqueología era una ciencia nueva y aún no se habían desarrollado las técnicas de excavación rudimentarias necesarias para comprender las construcciones de ladrillos de barro. Loftus solo pudo excavar durante tres semanas, ya que las marismas circundantes comenzaron a inundarse, pero decidió centrarse en Uruk, donde sus hallazgos incluyeron algunas tablillas de arcilla que serían transportadas al Museo Británico.

En enero de 1850, Loftus y Churchill pasaron varios días en Uruk, elaborando un plano del yacimiento y excavando un ataúd de cerámica vidriada, que databa de la época del Imperio Parto (247 a.C.-224 d.C.) que fue dibujado por Churchill. El plano de las ruinas de Uruk, que más tarde se publicó en el libro de Loftus, está firmado conjuntamente por Loftus y Churchill. Ellos no se darían cuenta de que esta era la primera ciudad sumeria que se excavaba, y que Uruk no era Ur de los caldeos, como lo llegó a pensar Henry Rawlinson (1810-1895), sino la ciudad de Erec del Antiguo Testamento, hogar del legendario rey Gilgamesh, donde se desarrolló el denominado proto-cuneiforme, la forma más antigua de la escritura cuneiforme sumeria, probablemente el lugar donde se inventó la escritura. Uruk (Erec en Génesis 10:10) es hoy considerada una de las ciudades más antiguas, que data principalmente del IV y III milenio a.C.

El informe de Loftus sobre todas las maravillas que había visto, ilustrado con cuidadosos bocetos y planos realizados por Churchill, así como una serie de pequeñas antigüedades recogidas en la superficie de los distintos montículos impresionó tan favorablemente al teniente coronel Williams que este escuchó con agrado las sugerencias de Loftus de que se llevaran a cabo excavaciones a pequeña escala en Uruk. Tras unos días de descanso, vemos de nuevo a Loftus de camino a las ruinas, provisto de los fondos necesarios por su mecenas y con instrucciones más concretas de procurar especímenes de los extraordinarios ataúdes del período del Imperio Parto, y buscar objetos que pudieran embalarse fácilmente para su envío al Museo Británico.

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[photo_footer]Ilustración de las ruinas de Uruk por Henry A. Churchill[/photo_footer]

Las actividades se trasladaron entonces al montículo de Larsa (la bíblica Elasar de Génesis 14:1, 9), no muy lejos de Uruk. Loftus excavó de forma breve y poco sistemática, descubriendo una serie de interesantes textos de época sumeria (3200- 2000 a.C.) Estos descubrimientos eran bastante importantes, sobre todo para Rawlinson, que valoraba los textos escritos en arcilla por encima de cualquier otra cosa, incluso que los relieves y las estatuas. Loftus sacó a la luz tablillas escritas en cuneiforme sumerio, hasta entonces desconocidas y mostró el potencial de los montículos del sur de Mesopotamia.

Los informes de las excavaciones de Loftus en el sur de Mesopotamia se darían a conocer por medio de publicaciones en varios lugares de Inglaterra. Henry Rawlinson había expresado su gran satisfacción por los numerosos textos en cuneiforme sumerio que Loftus había encontrado. En aquella época la arqueología era una especie de búsqueda de tesoros: el objetivo eran los monumentos, textos y objetos de arte destinados a los museos de Europa.

La ciudad de Uruk sería excavada a profundidad por arqueólogos alemanes en el siglo XX. Julius Jordan (1877-1945), que dirigió las excavaciones alemanas en Uruk a partir de 1912, elogió el trabajo de Kennett Loftus en los siguientes términos: Con los documentos de Loftus contamos con una excelente presentación de la primera excavación a gran escala en Uruk. Las observaciones que recopiló son tan versátiles y están tan brillantemente presentadas que nos sentimos seguros de que vamos por buen camino.

Henry Rawlinson había sido nombrado por el Museo Británico como el supervisor de las excavaciones en Mesopotamia. Rawlinson disponía de poco tiempo libre de sus obligaciones políticas como cónsul en Bagdad para supervisar las excavaciones arqueológicas, por lo que comenzó a reclutar agentes con el fin de que trabajaran en diversos yacimientos. Inicialmente solicitó la liberación de Loftus de la Comisión Fronteriza Turco-Persa, debido a que el Parlamento inglés había aprobado una suma de £500 libras de salario, puesta a su disposición, con el fin de realizar más investigaciones en Susa.

Tan pronto como las antigüedades encontradas en Uruk fueron embaladas y enviadas a Inglaterra, el teniente coronel Williams pidió a Loftus que visitara Susa e intentara realizar excavaciones en los montículos de la zona. Susa, la antigua capital de los elamitas, que fue destruida por el rey asirio Asurbanipal (669-631 a.C.) entre los años 648 y 647 a. C., pero reconstruida por los reyes aqueménidas y convertida posteriormente en la capital administrativa del imperio. Churchill le acompañó en esta expedición como traductor e ilustrador.  Ambos llegaron a Susa a finales de mayo de 1850 y establecieron su campamento en lo alto del montículo con el propósito de empezar a excavar; sin embargo, tuvieron poco éxito debido a la hostilidad y la desconfianza de la población local, y a causa de la imposibilidad de conseguir mano de obra local no pudieron llevar a cabo su cometido. Lo único que pudieron hacer fue completar un plano de las ruinas. En este plano, lo que Loftus denominó el Palacio se conoce generalmente como Montículo Apadana; esto es, una sala hipóstila de audiencias en los palacios de los antiguos reyes persas.

 En enero de 1851, junto con todo el equipo de la Comisión Británica de la Frontera Turco-Persa regresaron a las excavaciones en Susa, esta vez contaban con un permiso del Sha (el emperador de Persia). En el montículo de Apadana, el teniente coronel Williams descubrió tres bases de columnas pertenecientes al palacio de Darío I (522-486 a.C.). Loftus abrió algunas zanjas en el montículo de la Acrópolis. Un año más tarde, entre febrero y abril de 1852, Loftus y Churchill pudieron llevar a cabo excavaciones más importantes en Susa. Loftus nos cuenta que se levantaba al amanecer, trabajaba todo el día en la obra, regresaba al campamento a menudo en la oscuridad y, por lo general, no se acostaba antes de las 2 de la madrugada para dormir unas pocas horas.

Kennett Loftus logró establecer correctamente el plano de la parte del palacio de Darío en Susa que consistía en una enorme sala con columnas, y descubrió muchos fragmentos de columnas y capiteles que posteriormente fueron trasladados al Louvre de París. Resulta irónico que los capiteles de Susa sean ahora uno de los elementos más destacados de la exposición sobre el Próximo Oriente Antiguo del Louvre, mientras que en su momento el Museo Británico no supo apreciar su interés e importancia. Entre otros hallazgos se encontraron figurillas de terracota y fragmentos de jarrones de alabastro con inscripciones trilingües de Jerjes I (486-465 a. C.)., el rey persa que aparece en el libro de Ester como Asuero.

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[photo_footer]​Ilustración de un toro persa realizado por Henry A. Churchill[/photo_footer]

Loftus y Churchill tuvieron que ausentarse por motivos oficiales. Recordemos que ellos estaban comisionados para trabajar en el estudio de los límites fronterizos entre el Imperio Otomano y Persia.  Pasaría un año antes de que fuera posible reanudar las excavaciones en Susa. Mientras tanto, Austen Henry Layard, que había excavado en Nimrud y Nínive bajo los auspicios del Museo Británico con un éxito espectacular, decidió abandonar Mesopotamia en abril de 1851. Henry Rawlinson, que actuaba como cónsul británico en Bagdad, fue autorizado por los administradores del Museo Británico para ponerse en contacto con Loftus y averiguar si estaría dispuesto a reanudar las excavaciones asirias que había llevado a cabo Layard. Loftus aceptó, aunque con cautela.

Para Loftus, un acontecimiento realmente importante durante su tiempo en Mesopotamia fue la fundación del Fondo Asirio para Excavaciones (Assyrian Excavation Fund), alrededor de julio o agosto de 1853. El Fondo, o “Sociedad para la Exploración de las Ruinas de Asiria y Babilonia con especial referencia a la Ilustración Bíblica”, tenía personas bastantes importantes en su comité, tales como el príncipe consorte, Alberto de Sajonia-Coburgo Gotha (1819-1861), esposo de la reina Victoria de Inglaterra (1819-1901), así como Henry Layard. 

El objetivo del Fondo era suplir los limitados medios de que disponían hasta entonces los exploradores británicos en Asiria, tales como Henry Layard y Hormuzd Rassam (1826-1910) lo que les había impedido llevar a cabo sus investigaciones de forma sistemática y a una escala adecuada. El trabajo tanto de Layard como de Rassam se vio seriamente obstaculizado por la falta de fondos; y en más de una ocasión, el primero se habría visto obligado a dejar de trabajar por completo si sus familiares y amigos no le hubieran ayudado con dinero.  El Fondo pretendía obtener material para completar la historia de Asiria y Babilonia, más que esculturas voluminosas, y para ello necesitaban £10.000 libras en tres años. Loftus aceptó el nombramiento, el cual incluía un salario de £500 libras al año.

Hacia finales de 1853, Loftus regresó por última vez a las ruinas de Babilonia, al frente de una expedición enviada por el Fondo de Excavaciones Asirias de Londres. Al igual que varios asiriólogos del siglo XIX, Loftus fue nombrado como agregado de la Embajada Británica en Constantinopla. Su intención era continuar con las excavaciones que habían empezado Henry Layard y Hormuzd Rassam. Uno de los objetivos era buscar más tablillas cuneiformes, así como buscar más relieves asirios.

A principios de 1854, Loftus estaba ocupado trabajando en Uruk para el Fondo de Excavaciones Asirias y, a petición de Sir Henry Rawlinson, J. G. Taylor, vicecónsul británico en Basora (1851-1861), también llevó a cabo excavaciones en Tel al-Muqayyar para el Museo Británico. Las ruinas de Muqayyar se encuentran en una ligera elevación a seis o siete millas al suroeste de la moderna ciudad de Nasiriya. La enorme estructura examinada por Taylor resultó ser el famoso templo del dios lunar Sin. Algunos arqueólogos y filólogos han mencionado que es posible que el nombre del monte Sinaí provenga de Mesopotamia y signifique “sagrado para Sin”.

A partir de los cilindros y tablillas con inscripciones encontradas por Taylor, Henry Rawlinson estableció meses después que el yacimiento de Tel al-Muqayyar representa la Ur de los caldeos bíblica (Génesis 11:28; 15:7). El templo de Sin fue construido por el rey Ur-Gur (alrededor del 2700 a. C.), reparado por su hijo Shulgi (2094-2046), y, más de 2000 años después, restaurado por última vez por el último rey de Babilonia, Nabonido (556-539 a.C.), quien depositó el relato de la restauración del templo inscrito en cilindros de arcilla en las esquinas del templo.

El descubrimiento de estos documentos fue de gran importancia para la historia bíblica por otra razón. Las inscripciones que figuraban en todos ellos concluían con una plegaria por la vida del hijo mayor del rey, Bel-shar-usur, que no es otro que el Belsasar bíblico que aparece en el libro de Daniel, capítulo 5, nombrado por su padre como corregente (553-539 a.C.), el cual fue derrotado por el rey Ciro de Persia (600-530 a.C.), y asesinado poco después de la conquista de Babilonia.

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[photo_footer]Cilindro de Nabonido encontrado en Ur[/photo_footer]

Por su parte, Loftus había confirmado que Susa era efectivamente la Susa que aparece en la Biblia en los libros de Esdras, Nehemías, Ester y Daniel. Sin embargo, Rawlinson y los administradores del Museo Británico decidieron no continuar con las excavaciones en Susa, al considerar que tenían que seguir excavando en Asiria debido a que los descubrimientos eran más impresionantes. La historia demostraría lo equivocados que estaban tanto los administradores como Rawlinson, lo cual sabemos por los espléndidos tesoros desenterrados por los posteriores excavadores franceses. En su lugar, Loftus pasó a trabajar de nuevo en Uruk en nombre del Fondo Asirio de Excavaciones en 1854 y en Nínive en nombre del Museo Británico en 1854-55. Si Loftus se hubiera quedado en Susa, todo el panorama de la investigación arqueológica británica en el Próximo Oriente Antiguo, especialmente en Persia podría haber sido diferente.

Mientras trabajaba en Asiria entre junio de 1854 y marzo de 1855, Loftus retiró de Nimrud algunos relieves asirios que posteriormente ofreció a la Sociedad Literaria y Filosófica de Newcastle con la condición de que pagaran los gastos de transporte. Las esculturas llegaron a Newcastle en 1856 y se colocaron en la escalera principal del edificio de la Sociedad Literaria y Filosófica. Las esculturas, todas de magnífica calidad, las cuales tienen largas inscripciones cuneiformes en su parte central, proceden del palacio noroeste de Asurnasirpal II (883-859 a.C.) en Nimrud, excavado en su mayor parte por Layard. Una de estas esculturas muestra al dios asirio Nisroc, el cual es mencionado en la Biblia en 2 Reyes 19:37 y en Isaías 38:38.

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[photo_footer]Nisroc, dios asirio mencionado en 2 Reyes 19:37 y en Isaías 38:38[/photo_footer]

Lamentablemente, las dificultades financieras de la Sociedad Literaria y Filosófica, junto con el decreciente interés por las esculturas, llevaron en 1959 a la recomendación de venderlas. A su debido tiempo, fueron vendidas por Spink & Son por £45.000 libras, lo que, tras deducir los gastos, supuso un ingreso de £35.275 libras para la Sociedad. Tras ser exportadas a los Estados Unidos, en 1964 se vendieron por £306.000 libras a Anna Bing Arnold (1901-2003), quien las donó al Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, donde se encuentran actualmente.

Una de las cosas que más llaman la atención de arqueólogos como Loftus, Layard y Rassam es el uso de la Biblia en sus escritos relacionados con las excavaciones. En el siglo XIX el manual para estudiar el Próximo Oriente Antiguo eran los escritos del Antiguo Testamento. Loftus era miembro de la Iglesia Anglicana, un hombre comprometido con la veracidad del relato bíblico, lo cual puede verse en las siguientes citas que provienen de su libro publicado en 1858, Travels and Researches in Chaldea and Susiana:

Los descubrimientos realizados en Susa son igualmente interesantes desde el punto de vista bíblico e histórico, ya que identifican, sin lugar a duda, la ubicación exacta del “palacio de Susa”, donde tuvieron lugar los acontecimientos narrados en el libro de Ester, y resuelven muchas cuestiones difíciles relacionadas con la topografía de Susa y la geografía de las campañas griegas en Persia bajo Alejandro Magno y sus sucesores.

Layard exhumó en estos montículos del norte de Mesopotamia la maravillosa serie de esculturas asirias que ahora constituyen una parte tan importante de nuestra colección nacional de antigüedades. Junto con el comité, visitamos los grandes montículos de Kuyunjik, Khorsabad, y Nimrud, que marcan los ángulos del paralelogramo que se supone que encierra Nínive. La visita nos llevó exactamente tres días, y es probable que el pasaje se refiera a un circuito similar en cuanto a su extensión, lo cual concuerda con la descripción de Jonás 3:3. Sin embargo, esta expresión puede referirse al distrito escasamente poblado entre el río Zab, al sur, y el Khabur, al norte, que, según razones igualmente válidas, constituía la Nínive de la misión de Jonás. El viaje entre estos dos ríos dura exactamente tres días.

¿Quién puede reconocer en esos montículos expuestos a los estragos del tiempo y a la mano destructora del hombre durante veinte siglos algo de su antigua grandeza? Podemos entender lo que dice el profeta en Jeremías 51:37, 43-44.

No hay razón para creer que la tradición que atribuye a Al Kifl el honor de poseer los huesos del profeta Ezequiel sea indigna de crédito. La continua residencia de los judíos en la tierra donde sus antepasados fueron enviados al exilio, y el respeto con que se ha considerado la tumba durante tantos siglos, no solo por los propios judíos, sino también por los musulmanes, deben considerarse una garantía suficiente de la veracidad de la tradición. El viajero judío Benjamín de Tudela, a mediados del siglo XII, afirma lo mismo.

Los caldeos son mencionados en la Biblia con diversas denominaciones contradictorias. En ocasiones se habla de ellos como colonos (Génesis 11:31; 12:1-4); en otras, como sacerdotes y astrólogos (Daniel 1:4; 2:2; 4:7; 5:7-11); y, por último, como una nación conquistadora del norte (Jeremías 10:22; Habacuc 1:6). De ahí ha surgido una diversidad de opiniones sobre quiénes y qué eran.

La identificación más importante de Tel al-Muqqayar con la Ur de los caldeos bíblica, que Henry Rawlinson supone completa tras haber leído el nombre Hur en los cilindros. Las inscripciones cilíndricas de Muqqayar son documentos de incalculable valor para confirmar la autenticidad y veracidad de las Escrituras. No solo nos informan de que Nabonido, último rey de Babilonia, reparó el Gran Templo de la Luna en Ur, sino que también explican quién era Belsasar, sobre quien los primeros críticos de la Biblia se han esforzado en vano por conciliar declaraciones contradictorias. En el Libro de Daniel (Daniel 5:30) se alude a él como el rey de los caldeos cuando Babilonia fue tomada por los ejércitos unidos de los medos y los persas. Los registros indican claramente que Bel-shar-usur (Belsasar) era el hijo mayor de Nabonido y que se le concedió participar en el gobierno. Cuando Ciro capturó a Nabonido, Belsasar era regente o gobernador de Babilonia y, a todos los efectos, rey de los caldeos.

Parecería que Elam, hijo de Sem, al igual que el resto de los primeros descendientes de Noé, fundó un reino en la región que solemos considerar la cuna de la humanidad; al menos, esa es la conclusión que se desprende de la mención que se hace en Génesis 14 de Quedorlaomer, rey de Elam, quien, en alianza con cuatro monarcas vecinos, extendió sus conquistas al oeste del Éufrates durante la época del patriarca Abraham. Además, leemos en Esdras 4:9 que los elamitas estaban incluidos entre las dependencias del Imperio persa; y, en Daniel 8:2 que el palacio de Susa estaba situado en la provincia de Elam, cuyo nombre sin duda se conserva igualmente en Elymais, título con el que los autores griegos y romanos designaban una parte de la antigua Susiana. Por lo tanto, estamos bastante justificados al considerar el sitio de Susa como la capital original de los elamitas. Los filólogos consideraban el nombre de Susa como una ligera modificación de Cus, y atribuían la colonización temprana de la región circundante en la cabecera del golfo Pérsico a los descendientes camitas de Noé.

Un palacio, construido íntegramente por Asurbanipal, fue descubierto posteriormente y explorado en parte por Hormuzd Rassam. En una de sus cámaras se encontró una serie de esculturas, en excelente estado de conservación, que narraban la conquista de Susiana. Estos relieves los obtuve en la planta más baja del mismo palacio, y ahora se encuentran en el Museo Británico. 

En otra parte he mencionado la identidad de Asuero, el esposo de Ester, con el Jerjes de los autores griegos. Si se admite esto, no podemos sino considerar el edificio en cuestión que hemos excavado como el edificio real al que se refieren los siguientes versículos de las Escrituras (Ester 1:5-6).

Hoy en día se admite generalmente que la parte meridional de Mesopotamia y las llanuras adyacentes que se extienden hasta el golfo Pérsico comprendían la tierra de Sinar, en la que Nimrod, el poderoso cazador, fundó las ciudades primitivas de Babel, Erec, Acad y Calne (Génesis 10:10).

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[photo_footer]Conquista de Susa llevada a cabo por Asurbanipal[/photo_footer]

Tras aceptar un puesto como asistente en el Servicio Geológico de la India, Loftus tomó posesión de su cargo en Calcuta el 3 de febrero de 1857. En los siguientes 18 meses parece que se lograron pocos avances, en parte debido al estallido de la Rebelión de la India el 10 de mayo de 1857 y en parte porque el propio Loftus no gozaba de buena salud. En noviembre de 1858 se le concedió una baja por enfermedad y falleció en el mar el 27 de noviembre de 1858, al día siguiente de embarcar hacia Inglaterra. Se dice que la causa de la muerte fue un absceso en el hígado.

A Kennett Loftus se le recuerda como el arqueólogo que excavó en Uruk, Larsa, Susa y Nínive. En Uruk y Larsa fue un pionero, y en Susa su contribución fue mucho mayor de lo que él mismo creía. En Nínive encontró un tesoro de marfiles en las excavaciones del palacio de Asurbanipal. Por encima de todo, debemos recordar que toda su carrera arqueológica abarcó un período de menos de seis años y que, al menos durante parte de ese tiempo, se dedicó a otras ramas de investigación, tales como la geología, entomología, zoología y botánica. El haber excavado en cuatro yacimientos importantes, haber hecho descubrimientos que se encuentran en diversos museos, haber escrito un libro sobre sus excavaciones, así como varios artículos sobre plantas y geología, y todo ello antes de su prematura muerte a los 37 años es sin lugar a duda un logro notable.

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