120 años de Bonhoeffer: la lectura de Manfred Svensson

2026-03-13 | Fuente: protestantedigital.com/rss/portada

120 años de Bonhoeffer: la lectura de Manfred Svensson
120 años de Bonhoeffer: la lectura de Manfred Svensson

No debemos sorprendernos si volvemos a tiempos en que se exija de nuestra Iglesia la sangre del martirio. Pero esta sangre, si tenemos la valentía y la fidelidad para derramarla, no será tan inocente y resplandeciente como la de los primeros testigos[1]

D. B.

La “Introducción biográfica a los escritos” de Dietrich Bonhoeffer por parte del filósofo y teólogo chileno Manfred Svenssson muestra el talante del tratamiento de la vida y obra del mártir alemán asesinado por Tercer Reich. Así da paso a lo anunciado en la introducción de su libro cuyo título recupera dos de sus énfasis principales (Resistencia y gracia cara) y en donde hace una rápida revisión de la recepción (y transformación, agrega puntualmente) de la obra bonhoefferiana, no siempre guiada por una buena lectura de su obra. De ese modo, cuestiona algunas afirmaciones del obispo anglicano John A.T. Robinson y de Gustavo Gutierrez, además del uso que dio a su figura el régimen de la República Democrática Alemana. Sobre esto último, su observación es directa y sin concesiones:

Pero la decisión final de los órganos de censura hizo una apuesta en sentido contrario: que sería posible publicarlo y simultáneamente difundir interpretaciones de su obra que lo hicieran parecer como un modelo de cristianismo abierto a una interpretación atea de la realidad [Para la historia de la censura de Bonhoeffer, cf. Krötke (1995)]. De hecho, con patrocinio estatal, tales investigaciones fueron publicadas, con la nota característica que podemos fácilmente imaginar: mostrando un “giro” o “quiebre” al final de su obra, interpretando sus últimas cartas como un abandono del cristianismo “tradicional” de la obra temprana a favor de un cristianismo “secular”. El llamado de Bonhoeffer a un “cristianismo sin religión” vino así a ser utilizado como eslogan contra la Iglesia: como un llamado a que no levante la voz ante el régimen totalitario. Con todo, parecen haber tenido más razón los primeros censores, que recomendaban prohibir la publicación de Bonhoeffer. Pues una vez publicado, efectivamente sirvió para fortalecer a quienes mostraban un espíritu de mayor o menor resistencia ante el régimen, ayudando a la Iglesia a cumplir con el papel que de hecho desempeñó en la caída del mismo [Cf. Moses (1997) para los distintos tipos de recepción en Alemania Oriental y el papel de la Iglesia en la caída del comunismo. Sobre dicho papel véase también Villarroel (2010)].[2]

 

Y es que, en efecto, se ha tratado durante mucho tiempo de usar el personaje de Bonhoeffer para diversos fines que no necesariamente coinciden con las orientaciones de su pensamiento teológico, justamente lo que quiere reconstruir y presentar Svensson en su libro. Éste reconoce que esos tres son los casos son los casos más extremos de la recepción del autor de Vida en comunidad, aun cuando las décadas posteriores “también estarían dominadas por una concentración predominante en las obras tardías, si bien lentamente habría un giro desde Resistencia y sumisión a una concentración en la Ética” (p. 15). En la década de los años 80 fueron muchos los estudios sobre dos puntos concretos: la relación entre el cristianismo y el mundo, y la noción de responsabilidad. El autor se pregunta por qué hubo ese interés tan “unilateral” en ese segundo concepto y responde esbozando una hipótesis muy interesante. “Más bien parece tratarse de un reflejo de la propia desorientación en la teoría moral, eclipsada por un término como ‘responsabilidad’, que puede ser enarbolado con facilidad por cualquier escuela. Y si en la última década ha habido alguna fascinación por Bonhoeffer describiendo nuestra vida como ‘fragmentaria’, eso no extrañará a quien esté acostumbrado a la fascinación postmoderna por lo fragmentario” (p. 16).

Dicha unilateralidad para abordar el pensamiento de Bonhoeffer parece haberse repetido en diversos momentos, pues Svensson también critica a los editores de las obras completas, obsesionados “al afirmar que el Bonhoeffer académico, ecuménico y político seguramente resulta más bienvenido para muchos lectores que el Bonhoeffer que encontramos aquí [en los años 1935-1937]: el exigentemente eclesial, el radicalmente bíblico, el consecuentemente piadoso” (p. 16, cita de DBW XIV, Formación teológica ilegal: Finkenwalde 1935-1937, p. 989). Para explicar su proyecto, recurre a una pregunta inquietante para contestar de inmediato:

¿Pero qué tan radical es el presunto quiebre entre estos dos Bonhoeffer? Bajo la doble perspectiva de Resistencia y gracia cara espero que la mayor parte de su pensamiento tenga la oportunidad de hablar por sí mismo y mostrar su unidad. Pues es verdad que Bonhoeffer consideraba que su propia generación, en contraste con las anteriores, llevaba una vida de carácter “fragmentario”; pero “todo depende de que en el fragmento que es nuestra vida se pueda ver cómo el todo estaba dispuesto y pensado, y de qué material estaba hecho” (p. 16, énfasis agregado; la cita proviene de DBW VIII, Resistencia y sumisión, 336).

Esa afirmación permite a los lectores asomarse a una lectura más consecuente con los enfoques bonhoefferianos propios, resultado de una biografía ciertamente apasionante, pero que corre el riesgo de ser edulcorada y, por lo tanto, deformada. El autor se queja, con justa razón, de que ha habido una especie de Bonhoeffer “para todos los gustos”, es decir, que se ha abusado de su obra para otros fines. Hacía falta que se escribiera directamente en español una introducción a su pensamiento, respetándolo esencialmente, incluso tratando de ir más allá de sus ideas como mero teólogo, pues como subraya, le interesó exponer “cómo esa mente teológica piensa también sobre otros temas” (p. 17).

Los aspectos biográficos, además, servirán para introducir el pensamiento del autor estudiado y no como punto de partida para deificarlo, pues no se comparte el raciocinio que consiste en hacer de Bonhoeffer un héroe obvio en la lucha contra el nacionalsocialismo, al cual hoy todos se opondrían, pero que en su momento consiguió tantos adeptos. La intención de Svensson es abarcar la totalidad de la obra bonhoefferiana para conseguir con ello superar los esquematismos mencionados. Para ello, hace un inventario rápido y razonado de la obra: siete libros, doce trabajaos bíblicos, once artículos en revistas, 23 charlas e informes, tres intentos de catecismos y confesiones de fe, algunos experimentos literarios, así como su correspondencia y algunas prédicas (alrededor de 100).

Y no deja de reprochar en una nota la enorme descompensación que hay entre el interés que suscitan las ideas políticas en relación con sus aspectos espirituales: “La literatura secundaria se encuentra francamente descompensada: compárese la gran cantidad de publicaciones sobre el pensamiento político o ético de Bonhoeffer con la más bien chata exposición de su espiritualidad en Pelikan (1982), que sigue siendo uno de los escasos estudios al respecto” (p. 20).

Con todo esto en mente, la “Introducción biográfica…” marca los cinco puntos cardinales de una biografía que se vio trunca por la violencia vengadora de Hitler, quien ordenó su ejecución en abril de 1945: la tradición familiar y su opción por la teología; la teología liberal, Roma y Barth (1923-1927); Barcelona, Estados Unidos y la docencia (1928-1932); ante Hitler, la Iglesia Confesante y la formación teológica ilegal (1933-1939); y noviazgo, conspiración y muerte (1940-1945). Esos puntos definen a muy grandes rasgos las estaciones vitales de un teólogo que fue profundizando progresivamente en los intereses que dieron sentido a su existencia. La sorpresiva decisión de estudiar teología en un ambiente burgués, religiosamente formal, fue seguida por una serie de experiencias que lo condujeron a preocuparse por el tema de la iglesia después de su visita a Roma, donde estudió un semestre, para luego ser impactado por la teología barthiana. Ambas situaciones se fusionaron en su mente y se pueden resumir, como señala Svensson, así: “Bonhoeffer rompe con el ‘protestantismo cultural’, aunque en prisión lo veremos recuperando algo de ese mundo. Y una vez recibidas todas estas influencias, comenzaría la etapa fructífera de formación de su propio pensamiento” (p. 25).

En España tuvo una vivencia pastoral que lo marcó hondamente, aun cuando su estancia en Barcelona le dejó como principal tesoro su aprecio por Cervantes. Sobre ese suceso, Svensson afirma: “Pero Bonhoeffer utilizó esta oportunidad para realizar algunas cosas que para él serían nuevas, como organizar un culto para niños. Tras el primero de estos encuentros con un trabajo pastoral con niños escribe en su diario de vida: ‘Estoy como transformado; se esfumó mi preocupación por fracasar en el trabajo práctico’” (p. 26; DBW X, Barcelona, berlín, América 1928-1931, p. 25). Pero sería la visita a Estados Unidos lo que lo transformó más profundamente, pues allí conoció una espiritualidad desconocida para él hasta entonces. El informe que escribió es la fuente para comprender esa etapa en la que no dejó de señalar los excesos que también vio. Su perspectiva sobre el fundamentalismo fue lapidaria: “‘Entre ellos en verdad sí hay algo de protestantismo reformado, pero burdamente deformado. [...] Porque también la forma de pensar de los fundamentalistas está marcada de modo determinante por el individualismo’ [DBW X, p. 277]. Sus propias fuertes palabras contra la tradición liberal no son las palabras de un fundamentalista, sino las de un luterano confesional; y a cada paso esa diferencia se hará notar” (pp. 28-29). Lo que vivió en Harlem con las iglesias negras lo conmovió y lo transformó.

El resumen de Svensson es muy bueno “Al final de este período ya tiene, pues, familiaridad con la mayor parte de las tradiciones protestantes: ha estado en el corazón del protestantismo liberal, ha conocido el ‘evangelio social’, ha estudiado a Lutero con Holl, se ha acercado a Barth, ha conocido toda la variedad confesional del protestantismo norteamericano. Sólo le falta conocimiento profundo del anglicanismo, que es lo que va a ganar pronto durante dos años en Londres” (p. 30). Y en esa época experimentó una suerte de conversión.

La etapa decisiva que siguió desde 1933 lo llevó a radicalizarse cada vez más bajo el signo del régimen que acabaría con su vida:

Al acceder el nacionalsocialismo al poder, Bonhoeffer, que hasta entonces era nada más que un promisorio profesor, se transformará en una de las voces principales tanto en defensa de los judíos como de alerta por las nuevas relaciones del gobierno respecto de la Iglesia. El régimen nacionalsocialista trajo consigo no sólo sus más conocidas atrocidades, sino también un fuerte cambio en la relación del Estado con la Iglesia. La evolución de dicha relación nos permitirá comprender el rumbo que tomaría su pensamiento (p. 32).

 

El choque de las visiones del mundo entre el gobierno nazi y las iglesias mostró la radicalidad del conflicto que se avecinaba. La lealtad exigida hacia Hitler resultaba intolerable y a Bonhoeffer se le prohibió predicar en 1940, para luego comprender adecuadamente la dimensión del problema político y, en particular, la situación de los judíos. En Inglaterra trabajó como pastor de una parroquia alemana de la Iglesia Confesante entre 1933 y 1935. Allí vivió un ecumenismo en ciernes y más tarde tendría el giro antiliberal en pleno auge del nacionalsocialismo y con la idea de obtener apoyos para oponerse al gobierno. De regreso en Alemania se reintegró plenamente a esa iglesia y asumió la dirección de uno de sus centros de formación teológica que llegaría a funcionar clandestinamente. En medio de esa labor surgió su libro sobre el discipulado El precio de la gracia 1937).

La primera mitad del último periodo (1940-1943) la vivió en libertad, pero además de enseñar y escribir su Ética, se ligaría a la resistencia y a la conspiración para matar a Hitler, tema sobre el que Svensson advierte con algunas precisiones:

El papel que cupo a Bonhoeffer en la conspiración es en tanto muy sencillo de delimitar: el derrocamiento mismo de Hitler desde luego sería realizado por militares, no por teólogos. Pero eso generaba un problema: el golpe de Estado desde luego desestabilizaría al país, y sobre todo al ejército, lo cual daría a los aliados una oportunidad inigualable para derrotar a Alemania en la guerra. Ahí entra Bonhoeffer: su misión era precisamente utilizar sus contactos ecuménicos, en concreto la amistad con el obispo Bell en Inglaterra, para aclarar de antemano —sobre todo a los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra— que el golpe de Estado sería realizado por enemigos de Hitler. La función de dicha advertencia sería que, tras el golpe de Estado, una vez derrocado Hitler, los aliados dieran a Alemania un respiro suficientemente largo como para que se pudiera rendir, en lugar de aprovechar la caótica situación para ganar la guerra con rapidez. Para poder cumplir con esto Bonhoeffer fue introducido por sus cuñados —sobre todo Hans von Dohnanyi— en los círculos de la conspiración que se habían formado en las oficinas de la inteligencia militar (Abwehr). (pp. 46-47).

[photo_footer]Bonhoeffer, en la cárcel.[/photo_footer]

Pero Bonhoeffer fue arrestado luego del atentado y los planes de derrocamiento fracasaron. Bonhoeffer pasó dos años en la cárcel, enormemente fructíferos y en donde descubrió el carácter “fragmentario” de la vida. Sus cartas vendrían a revolucionar el mundo cristiano, aunque obviamente no de manera inmediata. También destaca su poema “Protegido por buenos espíritus”, “hoy un preciado himno del protestantismo alemán”. El testimonio sobre su muerte es estremecedor:

Antes de que dejara la ropa de prisionero vi al pastor Bonhoeffer arrodillarse en concentrada oración a su Señor. La forma de la oración de este hombre extraordinariamente simpático, entregada y segura de ser oída, me remeció de modo profundo. También en el lugar de ejecución volvió a realizar una breve oración y subió entonces valiente y sereno la escalera hacia la horca. La muerte llegó en pocos segundos. En mis cincuenta años de trabajo médico jamás había visto a un hombre morir entregado a Dios de ese modo (p. 48; H. Fischer-Hüllstrung, 1964, p. 171).

Éste es el marco biográfico del pensamiento de Bonhoeffer, imprescindible para entender el desarrollo de unas ideas que, sin alcanzar la plenitud, conseguirían influir de manera determinante en varias líneas de la teología que vendrían después de su muerte. Aunque Svensson no deja de ser incisivo para interpretar esta vida truncada muy en el espíritu del propio Bonhoeffer: “El hecho de que alguien haya muerto por una idea no garantiza la verdad de la misma. Pero sí es verdad que merece el esfuerzo preguntarnos cómo piensa alguien que vive y muere del modo que vivió y murió Bonhoeffer” (p. 48). Esa perspectiva domina la intención de su magnífico libro y se cumple a cabalidad.

Notas

[1] Dietrich Bonhoeffer Werke, vol. XI, Ökumene. Universität, Pfarramt 1931-1932, p. 446, cit. por M. Svensson, Resistencia y gracia cara. El pensamiento de Dietrich Bonhoeffer. Barcelona, CLIE, 2011, p. 11.

[2] M. Svenssson, op. cit., pp. 14-15.

Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.

¿Te gustaría ver tu marca aquí?

Anúnciate con Nosotros