Anoche cuando dormía

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Anoche cuando dormía
Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una fontana fluía

dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,

agua, vienes hasta mí,

manantial de nueva vida

de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una colmena tenía

dentro de mi corazón;

y las doradas abejas

iban fabricando en él,

con las amarguras viejas,

blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que un ardiente sol lucía

dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba

calores de rojo hogar,

y era sol porque alumbraba

y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que era Dios lo que tenía

dentro de mi corazón.

Antonio Machado

Hace tan sólo unos días que me desperté suavemente con algo en el alma que me salía por todos los poros de mi piel, ¿cómo podía ser que hubiera soñado con el precioso poema de Machado?

Evidentemente estaba dentro de mí y lo sabía de memoria, ¡cómo olvidarlo! Y es que hay noches en las que el alma duerme y, sin embargo, Dios parece trabajar en lo más hondo de nosotros mientras dormimos, y cuando despertamos, aparece una palabra, una imagen, un verso, una sed que no estaba allí la noche anterior.

Me gustaría detenerme a vuestro lado junto a algunas figuras de este poema que cobran una relevancia muy poderosa y conocida para mí, seguramente también para vosotros; pero creo que será bueno recordarlo juntos.

En primer lugar, el poeta nos habla de una fuente, algo tantas veces nombrado en la Biblia; Machado escribe fontana, ¡qué bonito! Y es que tantísimas veces, la sed profunda, una sed física muy habitual en el pueblo de Israel y una sed dentro del alma, puede llegar a ser lo más difícil de soportar, y aquí me acuerdo del Salmo 42:1: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.”

¿Cuantas veces nos hemos sentido así?, pero inmediatamente viene a mi pensamiento Juan 7:37-39: “.... Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.”

La Biblia está llena de imágenes de Dios despertando, llamando, visitando, haciendo brotar... pero volviendo al poema, la “fontana” ya no es solamente una imagen hermosa: puede convertirse, para un creyente, en una imagen de la vida del Espíritu y es entonces cuando recuerdo algo fundamental y que demasiadas veces no es la más profunda realidad en algunas vidas... Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí...” Y en estos precisos momentos me apetecería gritarlo a pleno pulmón, porque esto es y debería ser siempre la más absoluta verdad de la vida de todo creyente.

Mas adelante nos habla el poema de un manantial y mi alma de poeta se queda extasiada cuando llevo esto al terreno espiritual y recuerdo quien es mi manantial, un manantial que jamás se agota... Salmos 36:9: “Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz.” y en este momento no gritaría, simplemente me quedaría contemplando esta preciosa verdad durante mucho tiempo.

Hay muchas otras palabras en este precioso poema que guardaba en un rincón profundo de mi alma, no me extraña que el Señor quisiera recordarme y renovar dentro de mí tantas cosas... Nos habla de las abejas, de la miel, aquí habría mucho que comentar, pero más adelante nos habla de un sol ardiente, y no puedo evitar recordar que... “Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová...” Salmos 84:11

En Machado hay misterio, deseo, duda y anhelo, creo que si quisiera recoger los puntos álgidos en los que se detiene, diría: noche, sueño, fuente, miel, corazón, Dios, despertar.

Ahí está, creo, el hilo emocional que hace tan especial este poema; pero no voy a detenerme en todos los puntos, ¡aunque creed que me tienta! Hay algo que se repite en varias ocasiones y es como muy central: Anoche cuando dormía... soñé, ¡bendita ilusión! Y en la última estrofa nos resume todo lo anterior de su sueño: ¡... que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón! Yo no sé realmente si lo tenía, o era sólo un precioso sueño; aunque en la obra de Machado hay más alusiones a ese tema. Pero sí sé con plena certeza que esa deliciosa frase dicha por mí, es la más profunda verdad de mi existir.

¡Gracias Antonio Machado, excelente e inolvidable poeta de mi tierra!

¡Gracias Señor de mi vida, por haberme hecho soñar la pasada noche con algo tan hermoso, y gracias por encima de todo por ser el Dios de mi vida entera, te amo y nuevamente me vuelvo a entregar!

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