Silencio que adora

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Silencio que adora
Silencio que adora

"No nos cansaremos de esperar en Dios si recordamos cuanto tiempo y con cuanta gracia él nos esperó a nosotros." Charles H. Spurgeon

"La espera en Dios es la expresión más elevada de la fe.” Andrew Murray

"Acepta el momento presente como el lugar donde Dios te ha puesto.” Elisabeth Elliot

Era una mañana en la que se acumulaban miles de pensamientos en mi mente y en mi corazón, no sabía como debía actuar ante determinada situación..... Obtuve la respuesta como de costumbre, en mi vieja Biblia y ante la presencia de mi Señor: “Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe....” Salmo 37: 7.

¡Fue como si lo hubiera leído por primera vez! Y es que el silencio delante de Dios no es ausencia de palabras, es ver calladamente como Dios calma la tormenta; aunque en otras ocasiones, él calma el corazón que atraviesa la tormenta.

Hay oraciones que terminan cuando empiezan las lágrimas, las mejores continúan cuando comienza el silencio; porque esperar en Dios nunca significa perder el tiempo, significa dejar el tiempo en las manos de quien gobierna la eternidad, y cuando dejamos de exigir explicaciones, empezamos a descubrir su presencia.

Y mientras estaba con mi Señor, su Palabra y mis pensamientos, vino a mi mente la increíble y aunque aparente no... preciosa vida de un maravilloso siervo de Dios...

Adoniram Judson pasó años predicando en Birmania sin ver prácticamente ningún fruto, fue encarcelado, perdió a su esposa, perdió hijos, sufrió enfermedades y, durante mucho tiempo, apenas hubo conversiones.

Hubo temporadas en las que parecía que todo había sido un fracaso; sin embargo, hoy cientos de miles de creyentes de Myanmar pueden rastrear sus raíces espirituales hasta aquella siembra silenciosa.

Él escribió en una ocasión: "El futuro es tan brillante como las promesas de Dios."

Vivimos en un mundo que nos enseña a responder inmediatamente... si alguien nos hiere, respondemos; si algo tarda, nos impacientamos; si una puerta permanece cerrada, empujamos con más fuerza.

Nos cuesta esperar porque creemos que el silencio es tiempo perdido, sin embargo, cuando David escribió el Salmo 37, no invitó a luchar más fuerte, sino a descansar más profundamente.

Y podemos ver que hay una progresión preciosa en los primeros versículos: No te irrites (v.1). Confía (v.3). Deléitate (v.4). Encomienda (v.5). Descansa (v.7) ..... Es como una escalera que conduce el alma desde la ansiedad hasta la paz.

Hay silencios que nacen del cansancio, pero también existe un silencio santo que nace de la adoración, es el silencio de quien ya ha derramado todas sus lágrimas delante del Padre, y comprende que no necesita convencerle de nada porque él ya conoce el dolor antes de que nosotros encontremos palabras para decirlo.

Quizá una de las expresiones más hermosas de la fe no sea levantar mucho la voz, sino aprender a callar delante del Padre, no porque el dolor haya desaparecido, no porque todas las preguntas tengan respuesta; sino porque el corazón ha encontrado un refugio más seguro que las explicaciones: la presencia de Dios, y mientras esperamos, descubrimos que él sigue siendo bueno, sigue siendo digno, sigue siendo suficiente.

Entonces la espera deja de ser una carga para convertirse en comunión, la rendición se transforma en paz, y el corazón, casi sin darse cuenta, comienza a deleitarse en aquel que nunca ha dejado de sostenerlo.

Porque quien aprende a esperar en Dios jamás espera en vano; allí, en el silencio que adora, el Señor sigue formando el alma, fortaleciendo la fe y recordándonos que él siempre llega a tiempo.

Y cuando Cristo es nuestro deleite, comprendemos que el mayor regalo de la espera no es recibir aquello que anhelábamos; sino descubrir que, mientras aguardábamos, él se había convertido una vez más en la porción suficiente de nuestro corazón.

En el siglo XIX, un anciano jardinero inglés plantó un roble en la finca donde trabajaba, cuando alguien le preguntó por qué plantaba un árbol que tardaría tanto en crecer, respondió:

"Yo nunca disfrutaré de toda su sombra, pero otros descansarán bajo sus ramas."

Hay creyentes que viven sembrando sin recoger, confiando en que Dios hará crecer aquello que ellos apenas alcanzaron a plantar.

Que el Señor nos conceda, como dice Isaías 26:3... “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.”

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