El Maestro está aquí...y te llama

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El Maestro está aquí...y te llama
El Maestro está aquí...y te llama

"Dios nos encuentra exactamente donde estamos, pero nos ama demasiado para dejarnos allí." ( J. I. Packer)

"El Señor nunca llama en vano; toda llamada suya lleva consigo la gracia para responder." ( Andrew Murray)

Hay frases que parecen quedar encerradas en una página de la Biblia, pero otras atraviesan los siglos y llegan intactas hasta nosotros.

Para mí, una de ellas es esta: "El Maestro está aquí y te llama." ( Jn 11:28)

No es simplemente un mensaje que Marta llevó a María, quizá es una de las invitaciones más tiernas que jamás hayan salido de labios humanos.

Cristo no siempre cambia primero las circunstancias, en la mayoría de las ocasiones, comienza cambiando el corazón de quien responde a su llamada.

Lo cierto es que las lágrimas nunca impiden que Jesús nos encuentre, al contrario, muchas veces son el lugar donde más claramente escuchamos su voz.

La casa que tantas veces había recibido a Jesús estaba ahora llena de silencio, Lázaro había muerto, Marta y María lloraban al hermano querido; amigos y vecinos intentaban aliviar un dolor que parecía no tener consuelo, y lo más difícil no era solamente la ausencia de Lázaro, también dolía el aparente silencio del Señor.

Ellas sabían cuánto las amaba Jesús, lo habían visto descansar en su hogar, compartir la mesa, disfrutar de aquella amistad sencilla y profunda.

Eran una familia especialmente cercana a su corazón; sin embargo, cuando más parecía que lo necesitaban... él tardó. ¡Cuántas veces nos sentimos también así!

Sin embargo, el amor del Señor nunca llega tarde, siempre llega en el momento perfecto para cumplir un propósito mucho mayor del que nuestros ojos alcanzan a comprender.

Marta sale inmediatamente a recibirle, y su conversación con el Maestro es una de las más profundas del Evangelio, entre lágrimas y esperanza, Jesús le recuerda que él mismo es la resurrección y la vida.

Pero sucede algo que toca profundamente mi corazón, Jesús le dice a Marta que vaya a buscar a María, Marta se lo dice en secreto, y esa María especial que tanto le amaba, viene en obediencia y contesta deshecha en lágrimas... Marta actuó como siempre lo hacía, pero María, cuando escuchó aquellas palabras, "se levantó de prisa y vino a él."

Hay llamados de Dios que no hacen ruido en el mundo, pero transforman para siempre el alma que responde.

El Maestro sigue llamando, nos llama cuando creemos haber perdido las fuerzas, nos llama cuando la culpa nos mantiene escondidos, nos llama cuando el cansancio espiritual nos hace pensar que ya no tenemos nada que ofrecer, nos llama cuando las lágrimas apenas nos dejan levantar la mirada... él nunca deja de llamar.

María no discutió, no pidió explicaciones, simplemente fue, quizá esa sea una de las respuestas más hermosas que puede dar un corazón rendido: levantarse y acudir cuando Jesús llama, aunque todavía no entienda todo lo que está viviendo; porque antes de sacar a Lázaro del sepulcro, Cristo quería encontrarse con María; antes del milagro... estaba la relación; antes de cambiar las circunstancias... quería abrazar el corazón. Y sigue siendo así hoy, tal vez llevas tiempo esperando que Dios transforme una situación, quizá tu oración continúa sin respuesta, o tal vez cargas una pena que nadie conoce.

Permite que te diga algo con el cariño de quien también ha necesitado escuchar estas palabras muchas veces:

“El Maestro está aquí... y te llama”, no mañana, no cuando seas más fuerte, no cuando todo esté resuelto...... ¡Ahora!

El Maestro conoce tu nombre, tus lágrimas, tus preguntas y hasta los silencios que nunca has podido expresar, su llamada sigue atravesando el tiempo para alcanzar el corazón dispuesto a escuchar.

¿Responderemos como María, levantándonos sin demora para ir hacia él? Porque la voz que llamó a María en Betania es la misma que hoy sigue pronunciando nuestro nombre con amor infinito, y quien responde a esa voz descubre que, aún cuando todo parezca perdido, nunca llega tarde quien camina hacia Cristo.

Quizá hoy no necesites primero una respuesta, sino reconocer una voz, no un cambio inmediato en tus circunstancias, sino volver a aquel que nunca ha dejado de buscarte; porque, mientras lees estas líneas, la misma noticia que estremeció el corazón de María sigue resonando con la misma fuerza y la misma ternura: "El Maestro está aquí... y te llama". No le hagas esperar, levántate, ve a él, y allí comienza siempre el verdadero milagro.

¿Qué está diciendo el Maestro?... porque cuando él habla, el miedo ya no tiene la última palabra, cuando él habla, la muerte retrocede, cuando él habla el corazón vuelve a respirar.

Tal vez el mayor milagro de Betania no comenzó cuando un muerto salió del sepulcro, sino cuando una mujer herida se levantó para ir al encuentro de Jesús; porque alguien le susurró: “El Maestro está aquí... y te llama."

Nosotros muchas veces queremos conocer primero el desenlace para decidir si obedecemos; María hizo exactamente lo contrario: obedeció sin conocer el final de la historia.

Que el Maestro siga llamándonos cada día... y que nunca perdamos la alegría de responder: ¡Aquí estoy, Señor!

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