Sarai, la que fue llamada princesa antes de saberse madre

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Sarai, la que fue llamada princesa antes de saberse madre
Sarai, la que fue llamada princesa antes de saberse madre

“Dios es demasiado bueno para ser injusto, y demasiado sabio para equivocarse.”  Charles Spurgeon

“La voluntad de Dios no es algo que temer, sino algo que abrazar con confianza.” Elisabeth Elliot

Sarai caminó cuando no había mapa, siguió cuando no había pruebas, creyó… cuando ni siquiera podía imaginar. Fue esposa antes que matriarca, compañera antes que promesa cumplida, fe silenciosa en medio de un llamado que no era suyo, pero que abrazó como propio.

Porque no fue a ella a quien Dios llamó primero, y aun así, ella también dejó su tierra, y eso también es fe.

Nos dice la Escritura: “Por la fe, Abraham, siendo llamado, obedeció para salir… y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8) Pero en ese “salió”… también iba Sarai.

Me encanta el significado de Sarai: ¡mi princesa! Así la llamaba Abraham y juntos vivieron toda una vida creyendo y esperando a Dios y en el cumplimiento de su promesa, hasta que un día, después de tantas cosas... El Ángel del Señor se le aparece a Abraham, para anunciarle el nacimiento del hijo de la promesa, Sarai escuchó detrás de una cortina de su tienda y no pudo evitar el reír, ella tenia noventa años y su esposo casi cien.

Cuanta espera... cuantas pruebas... cuantos errores que trajeron penas..... Y nos vuelve a decir la Escritura: “Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite...” (Génesis 18:12)

“Y Sarai rió…” no con burla, sino con ese temblor del alma que no sabe como creer lo imposible. Una risa quebrada entre los años, entre promesas que parecían tardías, entre un cuerpo que ya no esperaba florecer.

Y sin embargo… Dios no reprendió su historia, sólo transformó su risa, porque donde ella dudó… él cumplió.

“Ya no será tu nombre Sarai… sino Sara.” ¡Princesa!… pero ahora de naciones, no sólo amada, sino portadora de promesa.

“La bendeciré… y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.” (Génesis 17:16)

Y aquí es donde me detengo, y me miro en ella; porque también he caminado sin entender del todo, también he sonreído con dudas, también he sentido que algunas promesas llegan tarde…

Quizá hoy... no me llamo Sara, pero hay una promesa pronunciada sobre mi vida. Quizá aún no veo las estrellas, ni puedo contar la arena… pero Dios no ha olvidado lo que dijo. Y si alguna vez río como ella rió… que sea el comienzo, no del fin de mi fe; sino del milagro que ya está en camino.

En ocasiones yo también he sido como Sarai… he querido adelantar las promesas, he sentido el peso del silencio de Dios y he dudado del tiempo perfecto; pero hoy ya no me quedo en la duda, hoy elijo creer; porque aquel que hizo la promesa no se equivoca, no se retrasa, no olvida.

Y aunque mis manos hayan intentado ayudar a Dios, mi corazón vuelve a rendirse a su soberanía. No necesito controlar el cumplimiento, sólo permanecer en la fe. Porque si Dios lo dijo…... ¡ÉL LO HARÁ!

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