Cuando cada instante se convierte en un regalo de Dios

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Cuando cada instante se convierte en un regalo de Dios
Cuando cada instante se convierte en un regalo de Dios

“Live every moment.

Laugh every day.

Love beyond words.”

“Vive cada momento.

Ríe cada día.

Ama más allá de las palabras.”

La frase parece sencilla, casi ligera, como una de esas expresiones que se deslizan por las redes sociales sin hacer demasiado ruido. Sin embargo, cuando se la mira con atención, esconde una verdad profunda: la vida no se mide en años, sino en la intensidad con que se vive delante de Dios y de los demás.

La Biblia, mucho antes de que alguien escribiera esa frase, ya nos decía algo parecido:

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.” Salmo 90:12

Contar los días no significa temer que el tiempo se acabe, sino aprender a reconocer que cada día es un regalo divino.

Vivir cada momento

Vivimos en una época obsesionada con el mañana; planes, previsiones, metas, estrategias… y mientras tanto el presente se nos escapa entre los dedos. Jesús, sin embargo, enseñó algo radicalmente distinto:

“No os afanéis por el día de mañana; porque el día de mañana traerá su afán.” Mateo 6:34

Vivir cada momento no significa vivir sin responsabilidad, significa vivir con conciencia de que Dios ya está en este instante.

Existe una historia real que suele contarse en hospitales de cuidados paliativos. Un médico relató que muchos pacientes, al acercarse al final de su vida, repetían el mismo lamento:

“Desearía haber pasado más tiempo con las personas que amo”. Casi nadie decía: “Ojalá hubiera trabajado más horas”. Aquellos hombres y mujeres habían descubierto demasiado tarde lo que el libro de Eclesiastés afirma con sencillez:

“He conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida.” Eclesiastés 3:12

El presente es el único lugar donde podemos amar, perdonar, abrazar y servir.

Reír cada día

La fe cristiana no es una fe sombría, en muchas ocasiones hemos imaginado la espiritualidad como algo serio y rígido; pero la Escritura también celebra la alegría como un don de Dios: “El corazón alegre hermosea el rostro.” Proverbios 15:13

La risa, cuando nace de un corazón agradecido, es una forma de alabanza.

Se cuenta que en una pequeña iglesia de un pueblo europeo había un anciano que siempre sonreía, no importaba si el día era lluvioso o si las noticias eran difíciles.

Un joven le preguntó un día: ¿cómo puedes estar siempre tan alegre? El anciano respondió: porque cada mañana cuando despierto recuerdo que Dios todavía no ha terminado conmigo.

Su respuesta recuerda otra verdad bíblica: “Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él.” Salmo 118:24

La alegría cristiana no nace de que todo vaya bien, sino de saber quién camina con nosotros.

Amar más allá de las palabras

Quizá esta sea la parte más profunda de la frase, las palabras son importantes, pero el amor verdadero siempre termina expresándose en hechos.

El apóstol Juan escribió con claridad: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua; sino de hecho y en verdad.” 1ª Juan 3:18

Jesús mismo mostró ese amor cuando lavó los pies de sus discípulos, cuando tocó al leproso que nadie quería tocar, y por encima de todo cuando perdonó desde la cruz.

El amor cristiano no se queda en declaraciones; se convierte en servicio, compasión y entrega.

En una ocasión, la bien conocida para todos Corrie ten Boom, quien sobrevivió a un campo de concentración nazi por haber escondido judíos en su casa... nunca se va de mi mente su historia, contó que una vez se encontró cara a cara con uno de los guardias del campo en donde tanto había sufrido.

El hombre se acercó y le pidió perdón, Corrie confesó que en ese momento no sentía ningún amor, sólo dolor; pero entonces recordó las palabras de Cristo sobre el perdón, extendió su mano y después dijo: “Cuando tomé su mano, el amor de Dios comenzó a fluir”.

¡Eso es amar más allá de las palabras! Una vida que no se desperdicia.

Quizá la frase que inició esta reflexión sea anónima, pero su esencia coincide con el corazón del evangelio:

  • Vivir plenamente.

  • Alegrarse con gratitud.

  • Amar con profundidad.

Porque al final, cuando miremos hacia atrás, no recordaremos todos los días que pasaron… recordaremos aquellos que realmente vivimos.

  • Cada momento es un regalo.

  • Cada día es una oportunidad.

  • Cada encuentro es una semilla de eternidad.

Y tal vez por eso, el apóstol Pablo escribió estas palabras que siguen resonando siglos después: “Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” Efesios 5:16

La vida es breve, sí; pero cuando se vive con Dios, cada instante puede convertirse en eternidad.

  • Vive el momento que tienes hoy.

  • Ríe con gratitud por lo que Dios ya ha hecho.

  • Ama con un amor que no necesite demasiadas explicaciones.

Porque al final de la vida, las personas no recordarán todo lo que dijimos; recordarán como las hicimos sentir, como las acompañamos y cuanto reflejamos el amor de Cristo en nuestra manera de vivir.

¡Cada día con propósito, cada instante con gratitud, y cada relación con un amor que vaya… más allá de las palabras!

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