Cruzando de tu mano

| Fuente: protestantedigital.com/rss/magacin

Cruzando de tu mano
Cruzando de tu mano

Acaba un año más Señor, y quiero atravesarlo recordando

cada momento vivido tal y como tú lo has deseado,

difícil, precioso o encantado; mirando brillo de estrellas en la noche,

derramando lágrimas de gozo, inmersas en tu amor enamorado.

Cuando miro hacia atrás, veo tu mano amarrando con fuerza mi ser débil a tu lado,

y recuerdo tantas cosas, que solo puedo decir que viví sostenida por tu mano.

En las luchas, tristezas y fracasos; siempre agarrada fuerte entre tus palmas.

Señor de mi vida y mi existencia que tu sangre por mí has derramado.

Y pienso en lo que vendrá y en lo pasado, y en todo puedo decir

que eres, que has sido y que serás.

Y te siento muy cerca en esta noche en la que los cristales lloran y repiquetea el alma,

viviendo tu presencia en lo que espero y tu voz en melodía blanca.

Señor de mis anhelos y mi alma, una vez más cruzo el umbral,

pero solo lo cruzaré contigo: sé bien que nunca me abandonarás.

Dulzura en mis tristezas, alegría redoblada en mi cantar,

sonrisa sobre mí en amor profundo, callada voz ante mis penas y pesar.

Y una vez más te entrego el alma, la vida, mis dones y canción:

porque eres el Dios de mis amores, la fuerza en mi flaqueza,

la esperanza profunda de mi alma y el candor profundo de mi corazón.

Eres la estrella en mis noches más oscuras y la aurora bella de mi gran pasión.

Y cruzo agarrada de tu mano sin saber lo que espera ni lo que vendrá,

sabiendo que estoy segura entre tus brazos, sabiendo que tu amor me sostendrá,

sabiendo que vienes a buscarme, sabiendo que entre todo guardarás,

sabiendo que eres Señor de mi existencia y pase lo que pase, tú estarás.

Y vuelvo a cruzar después de tantas veces, siempre contigo hasta el final;

y seguirás siendo mi Dios en noche oscura, seguirás siendo mi guía y mi cantar,

seguirás siendo el mayor de mis amores, seguirás siendo mi Dios del corazón:

porque solo te puedo agradecer Señor del alma y Dios de amor.

Y cruzo sostenida por tu mano, y cruzo asida a tu pasión,

Dios de mi vida y esperanza, y solo tú Señor del corazón.

Y me vuelvo a entregar en cuerpo y alma,

Padre bendito y amor de mis amores, Señor de mi dulzura y mi canción.

“Coronas el año con una copiosa cosecha; hasta los senderos más pisoteados desbordan de abundancia. Salmo 65: 11

Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.

¿Te gustaría ver tu marca aquí?

Anúnciate con Nosotros