¿Es posible creer sin tener todas las respuestas?

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¿Es posible creer sin tener todas las respuestas?
¿Es posible creer sin tener todas las respuestas?

Lo reconozco, puede que no logre demostrar de manera tangible porque Jesús es la razón, el centro y el motivo de mi vida.

Hay algo enigmático, algo que va más allá de la materia, de lo evidente, de lo tangible. Una certeza que cala hasta lo más profundo del ser y de la que ya no puedo ni quiero huir.

¿Cómo puedo creer en algo y no tener todas las respuestas que me gustaría encontrar?

En 1899 el ingeniero Oliver Heaviside creó un método matemático para resolver problemas muy complicados de electricidad. Lo sorprendente era que su método daba siempre la respuesta correcta y era muy útil para los ingenieros.

El problema era que él no podía explicar con exactitud por qué ese método funcionaba.

Muchos matemáticos de la época pensaban que, si no podía demostrar por qué le funcionaba, entonces no debía utilizarse.

Cansado de esas críticas, Oliver respondió: "¿Debo rechazar mi cena porque no entiendo completamente el proceso de digestión?"

No voy a saber absolutamente todo acerca de lo que significa creer, lo se, no tengo todas las respuestas.

Pero tengo certezas que nadie puede arrebatarme, y ellas me permiten disfrutar de este banquete, nutrirme de este alimento que sacia mi alma.

Me es imposible encontrar la verdadera paz en otro lugar. Porque cuando ya he probado la satisfacción que supone creer, no tengo alternativa posible, nada en comparación es suficiente, nada está a la altura.

¿Sabes? Con el paso de los años se demostró que Oliver Heaviside tenía razón. Otros matemáticos pudieron justificar que sus métodos eran correctos.

Oliver murió conviviendo con el misterio, pero con la certeza de que aquello que había descubierto era útil. A pesar de que una parte de aquel hallazgo permanecía velada, no desistió ni dudó de su utilidad. Supo convivir con el misterio.

"¿Debo rechazar mi cena porque no entiendo completamente el proceso de digestión?"

Yo no lo haré, seguiré aprendiendo a convivir con los misterios de la fe, mientras disfruto de la certeza que le da sentido, valía y propósito a mi vida.

Lo sé, volverán los días en los que los misterios abrumen, en los que los porqués griten tan alto que no me permitan escuchar los susurros de la verdad.

Me esforzaré, me comprometo a ello. Bajaré el volumen de aquello que desorienta y trataré de esquivar cualquier sustituto efímero.

Entonces volveré a encontrar, al otro lado, la paciencia de aquel que vela y acompaña en este baile entre lo oculto y lo descubierto. Recorreré de nuevo el camino de regreso al Padre, para comprobar que Él sigue esperándome con los brazos abiertos y el corazón lleno de amor, dispuesto a restaurarme una vez más.

Porque, al final, mi mayor necesidad nunca fue comprender todos los misterios, sino saberme hallada.

Esta hija mía se había perdido, pero ha sido hallada. (Lucas 15:24)

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