Después de esto, Jesús se despidió de la gente y entró en casa. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron: — Explícanos lo que significa la parábola de la cizaña en el campo. (Mateo 13:36 La Palabra)
La segunda parábola que Mateo incluyó en el tercer sermón de Jesús es la parábola del trigo y la cizaña. La gente del tiempo de Jesús vivía en un contexto agrícola, y estas historias de semillas y campos de sembradío pertenecían a su mundo.
El mensaje de Jesús no consistía en elucubraciones filosóficas abstractas, sino en verdades fáciles de comprender.
En el campo de sembradío no hay sólo trigo. Mientras todos dormían, un enemigo ha sembrado la semilla de una planta que se parece mucho al trigo en sus etapas iniciales, pero cuya espiga es amarga y tóxica. Se trata de un problema serio para cualquier productor de trigo. Si cortan la mala hierba ahora mismo, arrancarán también con ella al trigo.
Será mejor esperar hasta que estén listas las espigas. Entonces, sí se podrá distinguir bien la diferencia. Por los frutos se conocerán… Por lo pronto tendrán que convivir el trigo y la cizaña.
Esto significa que, hoy en día, en el mundo no todo es reino de Dios. El reino ya está presente, pero está mezclado con otra realidad. Por todos lados se puede mirar la realidad del mal y sus efectos, tanto en la vida de los individuos como en el plano social, familiar, nacional, e internacional.
Esta parábola nos invita a tener una visión realista de la situación. No todo es color de rosa. No todo es reino de Dios. Pero el dueño del campo se encargará de resolver la situación, en su momento y a su manera.
No es “Biblia explica Biblia”, sino “Cristo explica Biblia”
De las siete parábolas del sermón de Jesús en Mateo 13, contamos con dos que fueron explicadas por Jesús. La parábola del sembrador (o de los tipos de suelo) y ésta, la de la mala hierba.
Las otras cinco parábolas (de la semilla de mostaza, de la levadura, del tesoro escondido, del buscador de perlas y de la red) aparentemente son tan obvias que no vienen con su explicación, por su mensaje que pareciera ser tan directo.
La parábola de la mala hierba y su explicación aparecen sólo en el Evangelio según Mateo. Se trata, pues, de material exclusivo de este evangelista. Hoy en día, como los primeros discípulos, somos afortunados por tener la explicación de Jesús.
No tenemos necesidad de andar buscando qué significa esta parábola. Y la explicación de Jesús nos ilumina el camino para no desviarnos con intentos personales de encontrar significados que no existen.
Aquí encontramos un principio básico para el estudio bíblico. Muchos piensan que la Biblia se explica a sí misma, que hay que encontrar textos normativos que aclaran el significado de otros textos que son difíciles de entender.
El lema de esa postura es “Biblia explica Biblia”. Sin embargo, hay que tener cuidado porque ese lema no da en el clavo. Se debe precisar más el asunto.
No se trata simplemente de encontrar conexiones en los textos bíblicos para aclarar lo difícil. Por supuesto que en toda lectura con sentido de cualquier tipo de texto se deben hallar conexiones, y el texto bíblico no es la excepción.
Pero cuando queremos encontrar el significado básico, profundo y sencillo de las Sagradas Escrituras del cristianismo, debemos decir: “Cristo explica Biblia”. Se trata de una calibración más fina de la primera postura. Es asunto de precisar más.
JesuCristo es el tema central de toda la Biblia, es el cumplimiento de la ley y los profetas del Antiguo Testamento, y es el contenido y la esencia del Nuevo. Cristo es nuestro maestro de Biblia.
Hay textos bíblicos que nos hablan de la enfermedad humana. Hay otros que nos hablan de la medicina divina. Y el criterio fundamental para juzgar la diferencia es la cruz del Calvario.
El amor demostrado ahí para rescatar a la humanidad y reconciliar al universo entero con Dios es nuestra forma de saber si un texto bíblico nos habla de la enfermedad humana o de la medicina divina.
Cuando algún texto bíblico no concuerda con el amor redentor y con el proyecto de reconciliación que se reveló en la cruz, es Palabra de Dios que nos habla de nuestra enfermedad—invitación al arrepentimiento.
Cuando encontramos otros textos que sí concuerdan con la revelación del corazón reconciliador de Dios en la cruz del Calvario, se trata de Palabra de Dios para nuestra salvación.
Señor Jesús, ayúdanos a entender tus palabras. No solamente para aclarar nuestro pensamiento, sino para dirigir nuestros pasos por la vida, guiados por tu Espíritu Santo. Amén.
