Voluntad de poder y voluntad de comunión

| Fuente: protestantedigital.com/rss/magacin

Voluntad de poder y voluntad de comunión
Voluntad de poder y voluntad de comunión

En ellos se cumple la profecía de Isaías: “Por mucho que oigan, no entenderán; por mucho que vean, no percibirán.
Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible;

    se les han embotado los oídos, y se les han cerrado los ojos.
De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos,

    entenderían con el corazón y se convertirían, y yo los sanaría”.
(Mateo 13:14-15 Nueva Versión Internacional)

¿Por qué no todos reciben la buena noticia del reino de Cristo? ¿Por qué no se convierte todo el mundo hoy mismo? El Señor Jesús explica que se trata del corazón que se ha vuelto insensible. Así como en el caso del profeta Isaías, cuando Dios lo llamó al ministerio de predicar: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? –Heme aquí, envíame a mí”. Dios le advirtió que el pueblo no entenderá lo que oye, ni percibirá lo que vea (Isaías cap. 6).   

Desde el principio siempre ha sido así. El camino correcto no es el que la gran mayoría de la gente prefiere. El camino correcto no se decide por el voto de la mayoría. Se trata de una senda estrecha, de una puerta angosta, de nadar en contra de la corriente. No todo el mundo da fruto abundante “a treinta, a sesenta, y a ciento por uno”.

Y es porque lo que se necesita para dar fruto no es una capacidad racional superior, ni contar con un entendimiento privilegiado para razonar los enredados misterios de los dogmas teológicos. Lo que se necesita es un corazón dispuesto. Se necesita dejar la voluntad de poder y abrazar la voluntad de comunión.

El problema del ser humano no es principalmente un problema económico, ni político. Es un problema espiritual. Es que el corazón está endurecido con capas sólidas de costra que no le permiten tocar ni ser tocados por nadie. Nuestro pueblo tiene su corazón insensible. No sabe dar ni recibir ayuda. No sabe escuchar ni ver, y no quiere ser escuchado ni visto por nadie. Es el ideal del superhombre que no necesita a nadie, que se deleita en su voluntad de poder, que es todo autosuficiente, y que no necesita a Dios.

La voluntad de poder ha invadido nuestro mundo y ha echado fuera a la voluntad de comunión. La voluntad de poder es el corazón endurecido e insensible que no necesita de nadie y que no quiere ser necesitado por nadie.

En cambio, la voluntad de comunión es la actitud de caminar juntos, hablando y escuchando, dando y recibiendo, ayudando y recibiendo ayuda, haciendo contacto con el otro porque el sendero que ahora caminamos no se debe andar en soledad. Uno al otro nos necesitamos: Construimos la comunidad. Para recibir la salud de Dios hay que romper esa costra que rodea nuestro corazón. Entonces sí podremos entender lo que oímos, y percibir la realidad que vemos. Entonces sí podremos convertirnos a Cristo, y seremos sanados por su gracia.

Señor, queremos ver, oír y entender para poder convertirnos a ti. Queremos abandonar la voluntad de poder y abrazar la voluntad de comunión, contigo y con tu pueblo.   

Alegría de nuestros ojos

Pero ¡bienaventurados sus ojos, porque ven; y sus oídos, porque oyen! Porque de cierto les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
(Mateo 13:16-17 Reina-Valera Actualizada)

En las Crónicas de Narnia, cuando Aslan sopla a las estatuas de piedra que la bruja tenía aprisionadas en su castillo, éstas vuelven a ser de carne y hueso. Es una figura de lo que puede hacer Cristo por medio de su Espíritu. Su aliento nos da vida. Su Espíritu cambia nuestro corazón de piedra y lo hace vivir y sentir.

El Señor Jesús es la alegría de nuestros ojos, y la alegría de nuestros oídos. Gracias a Cristo somos vueltos a crear. Si antes éramos como los ídolos de piedra o de madera, que tienen ojos, pero no ven, y tienen orejas, pero no oyen, tienen manos, pero no hacen nada… Ahora, en Cristo, se nos ha dado vida.     

Nuestros ojos pueden ver, percibir la realidad, con toda su crudeza y maldad, y con toda su belleza y posibilidad. La idolatría nos hacía ser indiferentes. Cristo nos hace compasivos y generosos.

Él es la alegría de nuestros ojos, porque nos hace ver no sólo la cruda realidad de la condición humana, encerrada en el calabozo de su propio orgullo y voluntad de poder, sino que también nos hace ver las maravillas de lo que su gran amor puede realizar en el mundo. “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley”. “Que esté yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR...”

Nuestros ojos pueden contemplar la hermosura de Dios, que no se trata de un asunto estético, sino ético. La hermosura de Dios no consiste en la belleza arquitectónica de las catedrales, ni en el arte de los frescos renacentistas, ni en los vitrales que capturan la luz y la transforman en visiones del cielo. Esa es sólo belleza estética. Pero la hermosura de la santidad consiste en lo que Dios ha hecho para alcanzar al ser humano en su pozo de la desesperación. Es belleza ética. Es bello ver lo que Dios hace con el huérfano, la viuda, el extranjero. Es increíblemente hermoso contemplar la gracia de Dios que transforma el corazón humano y que transforma también su entorno y su realidad social.

Los profetas quisieron ver esta gracia manifestada en JesuCristo, pero no tuvieron esta bienaventuranza. Muchos hubieran dado todo por escuchar las enseñanzas de Jesús, pero no se les concedió porque vivieron en otras épocas de la historia. Pero a nosotros se nos ha dado la bendición de conocer el corazón de Dios encarnado en el Señor JesuCristo.

Nosotros vivimos en el crisol de los tiempos, en los últimos días, en el tiempo de la gracia. La puerta está abierta, la invitación está frente a nosotros. El aliento de Cristo sopla para cambiar nuestro corazón de piedra en uno de carne. Podemos tomar la mano que Dios nos extiende, y vivir.  

Señor, eres la alegría de nuestros ojos, por las maravillas que día a día nos dejas ver. No sólo lo que somos, sino también lo que podemos llegar a ser por tu gracia. Amén. 

¿Te gustaría ver tu marca aquí?

Anúnciate con Nosotros