No es burocracia
Jesús les contestó: — ¡Gente mala e infiel! Ustedes piden una señal milagrosa, pero no tendrán más señal que la del profeta Jonás. Porque, así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en lo profundo de la tierra.
(Mateo 12:38-40 La Palabra)
Antes de llegar al capítulo 13, que es el tercer sermón de Jesús en Mateo, tenemos un preámbulo de preparación. Son tres advertencias respecto a la gravedad del evangelio, al sumo cuidado con que debemos tratar su realidad. “Manéjese con precaución” –nos advierten las etiquetas de materiales altamente explosivos o radiactivos. El evangelio es un mensaje transformador, es la dinamita de Dios para la salvación y el rescate de todo lo creado. Por eso vienen estas cuatro advertencias sobre la seriedad con que hay que tratar al evangelio.
La primera de ellas es esta: No convirtamos el evangelio en un asunto burocrático. Los fariseos se acercan a Jesús —después que Jesús ha estado haciendo muchos milagros— y le piden una señal más. Quieren comprobar la identidad de Jesús. Es equivalente a solicitar una credencial de identidad, o una licencia para ser profeta. A Jesús le parece que este deseo de “ver una señal” es en realidad un intento de someterlo a su escrutinio para ver si lo pueden admitir como rabino, según sus criterios.
“Llena esta solicitud de veinte páginas, envíala por correo certificado a esta dirección, guarda el recibo y el sello, entra a Internet para ingresar el número de folio, después de dos semanas, preséntate a hacer la batería de pruebas psicométricas que duran cuatro horas en total, luego espera. No nos llames. Nosotros te llamamos a ti, para darte nuestro veredicto”.
La respuesta de Jesús es que la única señal que tendrán será el amanecer de la nueva creación, la victoria sobre la tumba. La medida del tiempo en aquella cultura era diferente a la nuestra. Para ellos, el día comenzaba desde la noche anterior, y al medir los días y las noches, la parte equivalía al todo. Así, al tercer día después de haber muerto, el Señor Jesús habría de resucitar, con una contundencia que no se somete a trámites burocráticos. Pues el poder del evangelio es el poder de la resurrección. Es capaz de sacar de la muerte al que está en lo más hondo del pozo de la desesperación, y levantarlo por su gracia, y darle familia, comunidad, y nueva esperanza de vida.
Señor Jesús, perdona si hemos intentado reducir el poder de tu mensaje a un simple trámite burocrático. Ayúdanos a acercarnos al evangelio dispuestos a vivir su gran poder.
No esquivar el golpe
Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron ante la proclamación de Jonás. ¡Y he aquí uno mayor que Jonás está en este lugar! La reina del Sur se levantará en el juicio contra esta generación y la condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón. ¡Y he aquí uno mayor que Salomón está en este lugar! (Mateo 12:41-42 RVA-2015)
Todas las culturas humanas se definen a sí mismas en el centro. Se excluye a los otros, y ni siquiera se les considera humanos. En muchos idiomas, la palabra ‘humano’ es la misma que se usa para designar al propio grupo, a la tribu o clan al que uno pertenece. En hebreo, todos aquellos que no son judíos, somos llamados ‘goim’, que significa ‘perros’. Los que no pertenecen al grupo, los que están fuera, son inferiores a los que estamos dentro. Son algo menos que humanos.
En repetidas ocasiones Jesús puso como ejemplo de fe a los extranjeros. Este es un rasgo de la personalidad de Jesús muy revolucionario y perturbador, que toca de frente la sensibilidad de cualquier grupo humano. ¿Cómo habrían sentido aquellos fariseos, hombres piadosos, amantes de las Sagradas Escrituras, cuando Jesús puso como ejemplo de fe a los paganos de Nínive que se arrepintieron por la prédica de Jonás? Todo el relato de Jonás tiene que ver con este asunto. ¿Será posible que los otros, los paganos, los que no son de nuestro grupo, reciban el amor y la misericordia del Dios del pacto?
Pensemos en nosotros mismos. ¿Cómo sentiríamos si hoy en día Jesús pusiera como ejemplo de fe a los que son del otro grupo? Si tú eres católico, ¿cómo sentirías si Jesús habla bien de los odiados protestantes? Y viceversa. ¿Qué reacciones defensivas despertaría en ti si Jesús te presenta como modelo de fe a uno que no es de tu grupo, de tu iglesia, de tu denominación? Todos nos sentiríamos incómodos. Empezaríamos a construir un argumento invencible para contrarrestar esa posibilidad.
Pero hacer eso sería intentar esquivar el golpe de la Palabra de Dios. Es muy fácil señalar a los demás creyendo que el mensaje va dirigido hacia ellos, y no vemos que Dios nos está hablando directamente a nosotros. Tenemos frente a nosotros a un predicador miles de veces mejor que Jonás, y a un consejero mucho más sabio que Salomón. A uno más grande que el templo, y que cualquier sistema religioso que intente convertir la fe en un trámite burocrático. Ante la obra redentora de Cristo Jesús no hay más que doblar la rodilla y rendir el corazón en total entrega. Escuchemos su tremendo mensaje y vivamos de acuerdo con la profundidad de su sabiduría.
Espíritu Santo, habla a nuestro corazón y guíanos a toda verdad. Convéncenos de nuestro pecado de orgullo fariseo, y ayúdanos a vivir en el poder del evangelio.
No es vacunarse
»Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no lo encuentra. Entonces dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. Cuando regresa, la halla desocupada, barrida y adornada.
Entonces va y trae consigo otros siete espíritus peores que él. Y después de entrar, habitan allí; y el estado final de aquel hombre llega a ser peor que el primero. Así también sucederá a esta perversa generación.
(Mateo 12:43-45 RVA-2015)
Esta es la tercera advertencia preliminar antes de entrar al tercer sermón de Jesús en el Evangelio según Mateo. Ese tercer sermón se encuentra en el capítulo 13: las parábolas del reino. Esta advertencia es acerca del peligro de la vacuna. Exponerse a Cristo sólo un poco, y no rendirse totalmente a él.
Tal vez habíamos pensado que Jesús aquí está dando una clase sobre demonología, explicando con detalle cómo operan los demonios. En realidad, Jesús está hablando de algo serio que ocurre en la vida cuando no se rinde por completo el corazón al evangelio. Del mismo modo que el Señor Jesús hablaba de semillas que germinan, o de las redes de los pescadores, sin pretender dar clase de agronomía o de pesca, así también hablaba de demonios que salen y andan por lugares desiertos. El tema de los malos espíritus formaba parte de la realidad cotidiana, así como las monedas perdidas, o la levadura de la cocina. El punto central no consiste en explicar el comportamiento de los diablos, sino que es una advertencia de algo más.
La última línea del texto nos da la clave: Así también sucederá a esta perversa generación. Todos aquellos fariseos conocían bien los escritos sagrados, la ley y los profetas. Eso es un buen comienzo. Pero no estaban dispuestos a entregar su vida completamente a Cristo. Estaban expuestos a un peligro siete veces mayor. Toda aquella gente había escuchado el mensaje de Juan el bautista. Era un buen comienzo. Pero no abrían su corazón a Cristo.
Sólo habían sido expuestos a una dosis mínima de evangelio, luego desarrollaron una resistencia en su corazón, y a la hora de estar frente a Jesús, han quedado inmunes al contagio. El evangelio no les hace nada. Su corazón había quedado expuesto al mensaje del reino, pero no se había entregado al rey de ese reino. Conocían las bondades de Dios, como aquel hombre que había sido liberado de un demonio. Pero su vida había quedado disponible. No se había entregado totalmente a Cristo. El estado final llega a ser siete veces peor que al principio. Alerta. No vayamos a vacunarnos de evangelio y nada más. Con Cristo hay que contagiarse por completo; rendirse a él.
Señor Jesús, queremos entregarte la vida entera. No sólo comenzar bien, sino continuar bien, y seguir contigo hasta el fin de nuestro camino.
No confiar en la sangre
Todavía estaba Jesús hablando a la gente, cuando acudieron su madre y sus hermanos, que deseaban hablar con él. Como se quedaron fuera, alguien avisó a Jesús: —Tu madre y tus hermanos están ahí fuera, y quieren hablar contigo. Pero él contestó al que le llevó el aviso: —¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Entonces, señalando a sus discípulos, dijo: —Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
(Mateo 12:46-50 Dios habla hoy)
Como preámbulo al tercer sermón de Jesús (sobre las parábolas del reino), se nos presenta una serie de advertencias sobre la seriedad del evangelio. La primera es no dar prioridad a la burocracia para esconderse detrás de trámites y no rendirse a Cristo. La segunda es no tratar de evitar el golpe de la verdad que llega en Cristo. La tercera es el riesgo de vacunarse contra el evangelio, para luego quedarse expuestos al efecto destructor del diablo.
La última es no confiar en la sangre o en el parentesco; no creer que eso es suficiente y que no se requiere la obediencia y la sumisión a Cristo. La madre y los hermanos de Jesús se acercaron y querían hablar con él. Pensaban que tenían privilegios por ser familia directa de Jesús. Como si por ese parentesco ya no necesitaban rendirse al mensaje del reino.
Todos hemos visto ejemplos de esta actitud. “Yo puedo portarme así porque tengo un tío que es sacerdote”. “¿Es que no sabes quién soy? Mi abuelo fue el fundador de esta iglesia y por eso tengo privilegios”. “Como papá es el pastor, no necesitamos entrar a las clases bíblicas, y no necesitamos obedecer como lo hacen todos los demás”.
Sabemos que, un poco más tarde, estos parientes directos de Jesús sí formaron parte de la comunidad de discípulos. Aparecen en Hechos 1:14 junto con los apóstoles en el período de espera justo antes de la llegada del Espíritu Santo. Uno de ellos, Santiago, llegó a ser el pastor de la iglesia en Jerusalén, y junto con Judas dejaron textos escritos que ahora forman parte del Nuevo Testamento.
Es decir, hay esperanza. Incluso para estos parientes cercanos. En algún momento se darán cuenta que su parentesco de sangre no es excusa para no rendirse a Jesús, su hijo y su hermano, y reconocerlo como Señor. Las buenas raíces de nuestros apellidos y el formar parte de una buena familia no nos debe estorbar para rendirnos al evangelio. Más bien debe ser ejemplo e impulso para obedecer mejor al Señor JesuCristo. Conocer a Cristo es mucho mejor que las buenas raíces.
Señor Jesús, perdona si nuestros apellidos nos han estorbado para seguirte mejor. Que más bien sirvan como impulso para rendirnos a ti completamente.
Tenemos oídos—vamos a oír. Tenemos ojos—vamos a ver. Tenemos corazón—vamos a amar. Tenemos manos—vamos a servir. Amén.
