En cierta ocasión estaba Jesús paseando en sábado por entre unos sembrados. Sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Los fariseos, al verlo, dijeron a Jesús: Mira, tus discípulos hacen algo que no está permitido en sábado. (Mateo 12:1-2 La palabra)
El capítulo 12 del Evangelio según Mateo es la elaboración de lo que implica la invitación abierta de Jesús de venir a él y descansar, de llevar su yugo —que es fácil, y su carga —que es ligera.
Se hace evidente la confrontación entre dos maneras de ver la fe: la manera farisea y la manera de Jesús. Para los fariseos, el cuándo es más importante que el qué. Para ellos hay un orden inflexible que no puede variar. Cosas que en ninguna circunstancia se pueden hacer en día sábado.
Los fariseos son acusadores. Observan la conducta de los demás como inquisidores que buscan y buscan para hallar una falta al reglamento. Se meten a los muros de Facebook de los demás, no para alegrarse en solidaridad, sino para poder encontrar alguna falta.
Recordemos quién es el acusador en la Biblia. Está claro que la función de acusar es la que realiza el diablo. Así, los fariseos en su acusación (y todos aquellos aficionados a espiar la libertad de los demás) están siguiendo los pasos de su maestro, el diablo.
Es interesante que a los fariseos no les molestaba que los discípulos tomaran espigas ajenas, en sembradíos ajenos, sino que entre sus manos trituraran esos granos de trigo o de cebada.
Hacer eso equivalía —según ellos— a la fabricación de harina, por medio del proceso de moler entre sus manos las espigas; y eso era trabajar.
Según el Pentateuco, todo lo que se encontrara junto al camino en un sembradío podía ser consumido por los viajeros, por los pobres, o por cualquier persona que pasara por ahí.
Así entendemos que la acusación de los fariseos no es por robo, sino por triturar espigas en sábado. El asunto no es el qué, sino el cuándo.
De esto hablaremos más la próxima semana.
El Señor Jesús constantemente recibe acusaciones acerca de sus discípulos. “Mira, Jesús, tus discípulos no son perfectos. Mira lo que hacen, y mira cuándo lo hacen”.
A los oídos de Jesús siempre han llegado acusaciones, desde los tiempos más antiguos. Sin embargo, Jesús toma el papel de un abogado defensor. El Señor escucha la acusación y defiende a sus discípulos.
Esto no significa que tengamos licencia para pecar, pues siempre hay que evitar intencionalmente todo pecado. Lo que significa es que la orientación de Jesús no es la misma que la de los fariseos.
Pues mientras éstos están enfocados en acusar, Jesús está enfocado en defender a los trabajados que se acercan a él con fe. Su gracia es abundante, y está en primer plano, pues es su prioridad.
Vamos a responder a la realidad del reino con un corazón humilde para poder entrar alegremente en la celebración que ya comenzó.
Las reglas y el carácter
Jesús les contestó: — ¿Es que no han leído ustedes lo que hizo David cuando él y sus compañeros sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comió de los panes de la ofrenda, algo que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes. ¿O no han leído en la ley de Moisés que los sacerdotes no pecan aunque trabajen durante el sábado en el Templo? Pues les digo que aquí hay alguien mayor que el Templo. Si ustedes hubieran entendido lo que significa aquello de: Yo no quiero que me ofrezcan sacrificios, sino que sean compasivos, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es Señor del sábado. (Mateo 12:3-8 La palabra)
Las raíces del evangelio están en el Antiguo Testamento. Se trata del mismo testimonio de la misericordia y la gracia de Dios. El Señor Jesús viene a cumplir y a perfeccionar la ley, no a contradecirla.
Para eso, Jesús tiene una lectura de la ley que es muy distinta a la de los fariseos. Los fariseos se concentran en el cumplimiento externo de las reglas de manera inflexible.
En cambio, Jesús se concentra en el carácter del Dios que dictó esas reglas. No se trata de ofrecer sacrificios de manera mecánica, como cumplimiento de un rito religioso. Se trata de cambiar el corazón, de hacernos misericordiosos y compasivos, así como es Dios.
Por eso, más importante que el cumplimiento inflexible y mecánico de las reglas es la construcción del carácter para dar sentido a esas reglas. Las reglas deben servir para ese fin.
El Señor Jesús polemizó con los fariseos para ayudarles a ser más flexibles: David y su tropa se salvaron de morir de hambre gracias a los panes que estaban reservados para los sacerdotes.
Salvar la vida tenía mayor prioridad (y era salvar la vida de la simiente del Mesías, de manera que en aquel episodio frente al sacerdote Ahimelec en 1 Samuel 21, estaba en juego la redención de todo el universo).
En cuanto al trabajo realizado en el día de reposo, no hay problema si se trata de trabajo sagrado. Los sacerdotes realizaban trabajos en el templo los sábados.
En realidad, Dios mismo trabaja los sábados, porque sale el sol, hay lluvia en sábado, y nacen bebés en día de reposo. La función del sábado no es que ese día se convierta en amo y señor de la vida humana, sino que es acercarnos más al carácter de Dios, hacernos más compasivos y misericordiosos, conocer mejor a Dios.
Si con la observancia del día de reposo crecemos en la gracia y en el Señorío de Cristo en nuestra vida, entonces se ha cumplido la misión del día de reposo.
Pero si por la observancia de los mandamientos nos hemos hecho más severos e inflexibles, más duros de corazón, sin compasión ni misericordia, juzgando y condenando a inocentes, estamos fallando y hay que cambiar.
Espíritu Santo, muéstranos nuestras fallas con tu amor y cámbianos desde adentro. Corrige nuestro andar y guíanos a toda verdad.
Vamos a aprender la importancia de la compasión y la misericordia como marcas del carácter del Dios de la ley que es palabra de vida.
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