Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y anunciar el mensaje en los pueblos de aquella región (Mateo 11:1 Dios habla hoy).
El Señor que da instrucciones
Con el versículo del encabezado, que es un marcador textual, reconocemos que está terminando el sermón a los misioneros. Sin embargo, termina el sermón, pero no termina la tarea de enseñar. En el Evangelio según Mateo, el Señor Jesús aparece como el gran rabino, maestro que enseña el verdadero significado y cumplimiento de la ley de Dios.
Por eso en Mateo encontramos las enseñanzas de Jesús agrupadas en cinco grandes sermones. El primero es el Sermón del monte, los capítulos 5—7. Ahí identificamos catorce mandamientos de Jesús, que son catorce iniciativas transformadoras para romper con los patrones de pecado que nos oprimen y echan a perder la vida: 1. No vivas de pleito (5:21-26); 2. No juegues con la tentación (5:27-30); 3. Toma en serio tu estado civil (5:31-32); 4. Dale valor a tu palabra (5:33-37); 5. No respondas con violencia (5:38-42); 6. No limites tus bondades (5:43-48); 7. No publiques tus ayudas (6:1-4); 8. No publiques tu vida de oración (6:5-6); 9. No uses palabrerías vanas al orar (6:7-15); 10. No te hagas a ti mismo el centro de tu devoción (6:16-18); 11. No vivas en angustia (6:19-23); 12. Pon tu corazón donde vale la pena (6:24-34); 13. Arregla tu vida antes de meterte en la de los demás (7:1-5); 14. No des tu confianza a “perros y cerdos” (7:6-11).
En este segundo sermón (el capítulo 10) también identificamos catorce instrucciones del Señor Jesús, sus instrucciones para la misión. Hagamos un repaso. Uno: Sin pretensiones dramáticas, la misión comienza en casa (5-6). Dos: La misión es para dar salud y no para enfermar ni amargar la vida (7-8). Tres: Lo que hace al ministerio se encuentra en el fondo del corazón y no en el fondo de la bolsa o alforja (9-10). Cuatro: La misión se hace desde abajo, con modestia y sencillez en el estilo de vida (11-13).
Cinco: No desistas. Cuando experimentas rechazo, no te quedes atorado ni enganchado personalmente (14-15). Seis: Sabiduría de equilibrio. No exceso de ingenuidad al proclamar el reino de Dios, ni exceso de amargura al enfrentar la maldad humana (16-18). Siete: Es misión respaldada, dirigida y sostenida por el Espíritu Santo (19-20). Ocho: Sólo la gracia perdura. Las relaciones afectivas fallarán (21-22). Nueve: Siempre tendremos opciones para seguir realizando la misión. El final de la historia no depende de nuestro trabajo (23). Diez: Es misión de orto-aspiración. Hay que asumir las etiquetas y seguir misionando (24-25).
Once: Es misión de divulgación del reino, victoria cierta que saldrá a la luz (26-27). Doce: Es misión de confianza y cercanía. No tengamos miedo al grandulón que nos acosa. Dios está muy cerca (28-31). Trece: Es misión de confesión valiente. Confesemos con valor que somos de Cristo (32-33). Catorce: La misión es prioridad. Establezcamos claramente la prioridad de nuestra vida, que es el reino de Dios (34-39).
Señor Jesús, gracias por tus instrucciones, que son palabras de vida. Iniciativas transformadoras para seguir por el camino de la justicia de Cristo, y orientaciones precisas para ser misioneros tuyos. Danos también de tu Espíritu para seguir tus palabras fielmente. Amén.
Los planos de interconexión
El que los recibe a ustedes a mí me recibe, y el que me recibe a mí recibe al que me envió… Cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente porque es mi discípulo, de cierto les digo que jamás perderá su recompensa (Mateo 10:40-42 RVA2015).
La palabra clave en la misión cristiana es INTERCONEXIÓN. Reconocemos al menos tres planos distintos en la interconexión misionera.
En el primer plano de interconexión, hay una relación entre los trabajadores y el Señor que nos ha enviado. Somos sus representantes, sus embajadores. Por la interconexión representamos a nuestro amado Maestro y Señor. Hagámoslo bien. Estamos conectados con Dios.
El segundo plano de interconexión es un antídoto contra todo sectarismo, pues todos los justos que hablan de parte de Dios son aliados unos de otros. Las siervas y siervos de Dios están conectados entre sí, independientemente de su denominación. Una iglesia no es competencia de otra iglesia. El ministerio de un pastor no es amenaza al ministerio de otro pastor. Somos aliados. Compartimos la misión de rescate al mundo de Dios, y en esta cosecha hay tan pocos obreros…
Siendo pocos los obreros y tanta la necesidad, no debemos vernos unos a otros como “competidores por el mercado”, ni debemos tratar de descalificarnos mutuamente. Esas son actitudes sectaristas que van en contra de la misión de cosecha. Tengamos presente a Quién representamos como siervos y siervas del Señor.
Pero la interconexión va más allá. Hay un tercer plano. Es la relación entre los actos de misión y los de apoyo a la misión. Dar un vaso de agua a un misionero de Cristo es equivalente a participar con él o ella en su misión de cosecha. Es algo tan sencillo, es un acto de hospitalidad que nos hace ser cómplices de la conspiración del reino.
Cualquiera puede dar un vaso de agua. El sermón a los misioneros comenzó al principio del capítulo 10 con algo tan grandioso como la facultad de sanar enfermos, limpiar leprosos, expulsar demonios y resucitar muertos. Y termina con un simple vaso de agua. Todas las acciones, grandes o pequeñas, son valiosas y equivalentes en el trabajo de la cosecha de Cristo. Y todas comparten la misma recompensa por parte del Señor.
Señor, perdónanos si no nos hemos dado cuenta de los planos de interconexión que existen entre tus trabajadores. Ayúdanos a practicar la hospitalidad en gestos de apoyo mutuo y recibirnos unos a otros con solidaridad. Amén.
