Esta historia continúa

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Esta historia continúa
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Cuando Jesús oyó que habían encarcelado a Juan, regresó a Galilea. Partió de Nazaret y se fue a vivir a Capernaúm, que está junto al lago en la región de Zabulón y de Neftalí, para cumplir lo dicho por el profeta Isaías:

 «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
    camino del mar, al otro lado del Jordán,
    Galilea de los gentiles;
 el pueblo que habitaba en la oscuridad
    ha visto una gran luz;
sobre los que vivían en densas tinieblas
    la luz ha resplandecido».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca». (Mateo 4:12-17 NVI)

Pueblos en oscuridad

El Señor Jesús anuncia la llegada del reino, justamente en los lugares de mayor oscuridad. Jesús se enteró que su primo Juan estaba preso. El profeta precursor de Jesús ahora estaba en la cárcel, y de ahí no saldría vivo. Esta noticia fue para Jesús el banderazo de salida de su ministerio público. La señal para empezar a dar su mensaje. Es el mismo mensaje que daba Juan:    

“Arrepiéntanse, conviértanse, porque el reino de los cielos está cerca”. La diferencia es que para Juan ya pronto llegaría el reinado de Dios a la tierra, y Jesús anunciaba que estaba tan cerca que ya había llegado. La otra diferencia es el lugar de predicación. Juan predicaba en Judea, junto al río Jordán. Jesús, en cambio, comenzó a predicar la realidad del reino en Galilea.       

Desde siempre esa región de Galilea había sido un país de segunda. Nunca fue importante. Salomón le regaló veinte aldeas galileas a Hiram, rey de Tiro. Cuando éste fue a verlas, evidentemente no le gustaron y le mandó decir a Salomón que le había regalado una basura, una nada. Esa era Galilea. Cruce de caminos de todo tipo de gente. Ninguna ciudad importante. Lugar de gran injusticia y miseria.   

Nuestros pueblos latinoamericanos tienen este parecido con Galilea. No son de lo más importante. Hay mucha desigualdad, injusticia y miseria. Vivimos en la oscuridad moral de un pueblo que parece que no tiene corazón. Aquí es donde se oye el mensaje de Jesús: “Cambien la dirección de su vida”. Cambien su corazón, porque Dios se ha acercado, por medio de Jesús, el carpintero galileo.

Dios, que tu luz brille en medio de la oscuridad de nuestro mundo. Que tu pueblo asuma su papel como profetas de tu reino desde hoy. Amén. 

Somos sus ayudantes

Al comienzo de su ministerio, para anunciar la realidad del reinado de Dios en la tierra, Jesús involucra a ayudantes. Pero sus ayudantes no son los maestros de la ley, los fariseos, los principales de los sacerdotes. Más bien son gente sencilla, pescadores, a quienes Jesús convertirá en rescatadores de seres humanos.    

Esa historia se repite todos los días. Jesús te llama desde lo que ya estás haciendo, y te hace darle un nuevo sentido, ahora al servicio del reino de Dios. Lo único que pide Jesús es que lo sigas. Jesús nos reinventa. Nos redefine. Con Jesús vivimos una nueva historia, la aventura de la fe, para presenciar de primera mano la obra de Dios. Aquí comparto la letra de uno de mis himnos favoritos, escrito por Cesáreo Gabaraín: 

Sois la semilla que ha de crecer, sois la estrella que ha de brillar; sois levadura, sois grano de sal, antorcha que debe alumbrar. Sois la mañana que vuelve a nacer, sois espiga que empieza a granar; sois aguijón y caricia a la vez, testigos que voy a enviar.

Sois una llama que ha de encender resplandores de fe y caridad; sois los pastores que han de llevar al mundo por sendas de paz. Sois los amigos que quise escoger, sois palabra que intento esparcir. sois reino nuevo que empieza a engendrar justicia, amor y verdad.

ID, AMIGAS, POR EL MUNDO, ANUNCIANDO EL AMOR MENSAJERAS DE LA VIDA, DE LA PAZ Y EL PERDÓN. SED, AMIGOS, LOS TESTIGOS DE MI RESURRECCIÓN. ID, LLEVANDO MI PRESENCIA; CON VOSOTROS ESTOY.

Gracias, Jesús, porque nos invitas a ser tus ayudantes. Tal vez no somos los mejores candidatos, pero queremos seguirte. Amén.

Es una buena noticia

Anunciar la realidad del reinado de Dios debe ser una buena noticia. Es lo que significa la palabra evangelio. Sin embargo, no toda proclama de que Cristo es rey por sí sola es automáticamente un anuncio del evangelio. Durante la guerra cristera en México en los años 1920, el grito de batalla de los cristeros contra el gobierno revolucionario era ¡Viva Cristo Rey! No se puede proclamar el reino con balas.  

Proclamar que Dios es el rey siempre implica un gran riesgo de vaguedad y ambigüedad, de manipulación y de proyección de nuestras propias ideas para hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza. Por eso Jesús pasaba tiempo predicando y precisando el evangelio del reino.

Si Dios es rey, habrá paz con justicia, integridad en nuestro trato de la naturaleza, y se acaba de una vez por todas el mal de la violencia. La realidad del reinado de Dios se manifiesta con salud, espiritual, emocional y física. Jesús sanó endemoniados, que según Lev 20:27 merecían ser apedreados; lunáticos, que son los que tienen quebrado el corazón y han perdido el sueño, y paralíticos, o con alguna discapacidad física.

De manera que el anuncio del reino es buena noticia. Hay opciones para sanar. No tenemos por qué aceptar un destino cerrado, un callejón sin salida de padecimiento y quebranto. Estamos bajo el buen gobierno de Dios y en su gracia y misericordia las enfermedades y dolores se convierten en oportunidades para la manifestación de la gracia y de la gloria de Dios.

Señor Espíritu Santo, corrígenos y llévanos a toda verdad para anunciar el reino de los cielos con señales de vida y salud, de paz y justicia. Amén. 

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