Entonces él se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. Pero, al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá y, advertido por revelación en sueños, fue a las regiones de Galilea. Habiendo llegado, habitó en la ciudad que se llama Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que había de ser llamado nazareno. (Mateo 2:21-23 RVA 2015)
El renuevo
En el capítulo 2 de Mateo hay una tríada de referencias a cumplimiento de lo dicho por los profetas: (1) De Egipto llamé a mi hijo… (2) Raquel que llora a sus hijos… y (3) Había de ser llamado nazareno. Las primeras dos sí se pueden identificar con textos específicos de los profetas.
La tercera, la parte culminante de la tríada, no corresponde a un texto en específico, sino que es un juego de palabras, porque nasar significa renuevo, como el nuevo brote que sale de la vieja raíz del tronco de Isaí.
En muchos sentidos, Jesús es un renuevo. Él es el Nuevo Hombre, que encabeza una Nueva Humanidad. El que está en Cristo nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron, y he aquí todo es hecho nuevo. Con Cristo hay nueva esperanza de vida, y nuevos horizontes de bendición.
Se renueva el trono de David, se renueva el pueblo de Dios, se renueva el corazón de quien se arrepiente y sigue a Cristo. Se renueva el sentido de la vida. Se renueva la misión sencilla de la iglesia: proclamar que el Dios de amor reina, y su reino pone en jaque a los reinos de los Herodes del mundo, que con sus guerras pretenden ser los señores de la historia y acaban siendo idolillos que no controlan nada.
Que el Señor Jesús, renuevo de Dios, nos ayude a vivir hoy en la vida nueva que hay en él. Que nos ayude a dejar atrás lo viejo, lo que enferma el corazón. Lo que no le agrada. Que nos ayude a estar abiertos a lo nuevo. El Espíritu hace todas las cosas nuevas. Un nuevo reino está amaneciendo. Jesús nos invita a participar en él. Hay que responder con un corazón renovado.
Una voz que grita en el desierto
¿A quién le habla una voz que grita en el desierto? ¿Será que alguien escucha su mensaje? ¿Acaso son palabras que se lleva el viento y se pierden para siempre? La voz de Juan el bautista no se perdió, pues llegó hasta nosotros a través de todos estos siglos.
Grita en el desierto como una invitación a la renovación. En el despoblado, donde todavía no se han construido ciudades, ahí es el lugar para volver a comenzar la historia de un pueblo renovado que se prepara para encontrarse con su Señor que viene a reinar.
Cuando ya hemos construido un edificio y una ciudad, pensamos que se trata de nuestro reino y no del reino de los cielos. Por eso la invitación viene desde el desierto. Es volver a comenzar para, desde la raíz, rectificar actitudes y corregir maneras de ser.
Los caminos del Señor son rectos. La invitación a participar en el reino de los cielos comienza con el llamado al arrepentimiento. ¿Qué cosas hay que dejar definitivamente para participar en la justicia del reino? Comencemos de nuevo, desde el despoblado del desierto, sin pretensiones, con la poderosa sencillez del nuevo comienzo.
Que el Señor Jesús nos perdone si hemos intentado gobernar nosotros en un reino que es suyo. Queremos salir a encontrarle en lo que todavía está despoblado, en el lugar del nuevo comienzo. El reino de Dios se ha acercado y en Cristo ya está presente. Abramos los ojos para ver la realidad de este reino aquí y ahora.
Volver a comenzar
Juan el bautista fue el precursor de Jesús. Se identificaba a sí mismo con Elías por su forma de vestir, como cuando alguien admira mucho a un personaje histórico o famoso y se viste igual que él o ella. Este Elías/Juan el bautista llamaba al pueblo a prepararse porque ya pronto llegaría el reino de los cielos. Había que regresar a las aguas del río Jordán.
El pueblo debía volver a comenzar su historia, volver a pasar por el río Jordán, regresar al origen para corregir lo que estuvo mal. Si la historia de nuestro pueblo pudiera volver a comenzar, ¿qué cosas deberíamos corregir? ¿Y si pudiéramos volver a comenzar la historia de nuestras iglesias? ¿Y de nuestras familias?
El primer paso es confesar que algo no anda bien: Reconocer que hay una forma correcta de hacer las cosas y que no la hemos seguido. Nos hemos desviado de ese buen camino. A nivel nacional, es identificar la verdadera razón de ser de un gobierno. A nivel de la iglesia, es mirar lo que debería ser una familia de la fe con los brazos abiertos para servir al mundo.
Y a nivel familiar y personal, volver a comenzar sería tener el valor de pedir perdón por los errores cometidos, y renovar el voto/promesa de vivir en amor y justicia, en paz y alegría de manera sincera y sencilla. Confiar en la gracia de Dios para regresar al comienzo, para volver a escribir nuestra historia en las aguas del río Jordán.
Que el Dios de gracia nos dé hoy la preciosa bendición del nuevo comienzo. Su misericordia es nueva cada mañana. Que nuestro corazón pueda renovarse en Dios.
Así no se renueva nada…
Los fariseos y los saduceos tenían su propia versión de la renovación del pueblo. Eran los que tenían el poder económico, político y religioso. Juan el bautista rechazó su participación en la nueva historia de Israel. En el nuevo pueblo no debía haber lugar para esos hijos de víbora.
¿Por qué no caben en el reino los saduceos? Porque creen que son dueños de Dios. Con su posición de privilegios hereditarios en el sacerdocio y la administración del jugoso negocio del templo, su actitud era que todo era posesión de su familia, y no de la familia de Dios.
¿Por qué no caben en el reino los fariseos? Porque para ellos lo más importante es la fachada, las apariencias, independientemente de cómo está el corazón. Porque creen que el pecado es algo que está afuera, algo que se come, que se bebe, o que se baila. Y no se dan cuenta que en realidad el pecado los está carcomiendo desde adentro, en el corazón.
En este nuevo reino de los cielos no hay cabida para esas actitudes que tienen los poderosos del sistema. Y en cada generación debemos cuidarnos de extirpar de nosotros todo vestigio del mal espíritu saduceo que se cree dueño de la casa de Dios, y del mal espíritu fariseo, que en las cuentas morales que hace con Dios, cree que tiene un saldo a favor, y que Dios es quien le debe…
Que el Señor quite de nosotros toda traza de fariseo y saduceo para poder participar de la realidad de su reino que es sencillo, sincero y que se alegra en su gracia.
Él viene a hacer limpieza
En esto nos identificamos con Juan el bautista. Su trabajo es dirigirnos hacia Jesús. Así también nosotros, debemos saber menguar. Que se escuche tu voz, y no la mía. Que yo mengüe, y tú crezcas cada día… Con él viene la verdadera acción. Él es el verdadero protagonista del drama del reino.
Sólo él puede encender el fuego de la vida del reino en nuestro corazón, bautizarnos con el Espíritu Santo. Levantarle hijos a Abraham de estas piedras duras que somos nosotros, duros de cabeza y de corazón.
La labor de Cristo por su Espíritu es identificar de nuestra vida aquello que vale la pena guardar, el trigo, y aquello que sólo es paja, basura que no sirve para nada. Viene a hacer limpieza. Todo lo bueno y verdadero debe estar en su lugar delante de Dios.
Todo lo falso, lo que sólo nos enferma, Cristo lo saca, como basura. ¿Ya sabes qué cosas en tu vida son sólo paja? El Señor JesuCristo sí lo sabe, y viene listo para deshacerse de eso si se lo permitimos. Para que nuestra vida participe plenamente en el reinado de Dios que hoy amanece.
Señor, en nuestro pensamiento, palabras, actitudes y acciones, ayúdanos a sacar la basura y desecharla de modo que no nos contamine más a nosotros ni al mundo que tú amas tanto. Amén.
Todo el mundo vuelve a comenzar
Jesús también quiso participar en la renovación de la historia del pueblo de Israel, y acudió al Jordán; regresó al punto del origen, a ser bautizado por Juan, para “cumplir con toda justicia”.
Obviamente, Juan se sintió incómodo. ¿Cómo iba a bautizar al Mesías, al que viene a traer el reinado de los cielos? Pero lo que estaba en juego era que Jesús sí se identifica sinceramente con el movimiento popular de renovación de Juan el bautista, a diferencia de los fariseos y saduceos, hijos de víbora, que vinieron con la intención de bautizarse un poco antes.
Sin embargo, en este episodio hay pistas que nos hablan de una renovación más abarcadora. Los cielos se abrieron. Por un momento hicieron contacto el cielo y la tierra. Regresó el estado de cosas del día de la creación, antes que cielo y tierra fueran separados. El Espíritu de Dios revoloteando como paloma…
…Sobre el agua, es una indicación de que, en Jesús, Dios quiere renovar no sólo la historia de Israel, sino a la creación entera. En el Hijo amado, por el poder del Espíritu Santo, el Padre está volviendo a crear el mundo, ahora sí, en toda justicia y paz, y nos invita a formar parte de su nueva creación, por la fe.
Señor, Hijo amado del Padre, sobre quien se posa el Espíritu Santo, queremos participar nosotros también de esta nueva creación que hay en ti. Ayúdanos a deshacernos de todo lo que no sirve, y a vivir en paz, justicia, misericordia y humildad. Amén.
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