Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios del Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron: —¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo. (Mateo 2:1-2 Dios habla hoy)
Los sabios buscan a Jesús
Ser inteligente no es lo mismo que ser sabio. En la Universidad teníamos un compañero al que llamábamos “el sabio”. Tenía muy buena memoria. Un día me encontré al sabio muy afligido. --¿Qué pasa? Le pregunté. Me dijo: mi novia está embarazada, y voy a llevarla a que se haga un aborto. En realidad, no era sabio.
En la antigüedad, lo mismo que el día de hoy, los verdaderos sabios buscan a Jesús. Ellos leían los signos de los tiempos. Ataban cabos. Hacían investigaciones que combinaban textos sagrados con fenómenos astronómicos. En su lógica, todo está relacionado. El Dios de las estrellas está actuando en la historia humana y es imprescindible pronunciarse-responder-adorar al rey que nació.
Hay un solo camino para llegar a Dios. Ese camino es Jesús. Pero hay miles de caminos diferentes para llegar a Jesús. Algunos llegamos a Jesús por el testimonio de padres y abuelos. Otros llegan a Jesús por una amistad especial. Otros por la contemplación de la naturaleza, o por el estudio de las estrellas. Otros por alguna experiencia de la vida.
Hoy en día sigue siendo verdad. Los verdaderos sabios son quienes buscan a Jesús…
Dios ha venido a buscarnos personalmente, por el Hijo y por el Espíritu Santo para mostrarnos el amor del Padre. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a encontrar a Jesús hoy mismo. En una de las miles de maneras posibles, que nos lleve a Cristo, para llegar por Cristo al Padre celestial.
No todos los reyes son iguales
Herodes, esta caricatura de rey, se inquietó mucho al oír del nacimiento del Mesías, y comenzó a tramar un plan para destruirlo. Cuando un líder piensa que su misión es estorbar o acabar con el liderazgo de otro, es porque tiene graves inseguridades. No seamos como Herodes.
Sin pretensiones, desde la humildad, desde lo pequeño de la semilla de mostaza, el reino de Dios está en acción por el poder del Espíritu: en el nacimiento del Mesías, el ejecutor de la agenda de Dios en la tierra, en el pueblecito de Belén, donde nació el rey David.
No hay plan malévolo que pueda destruir los planes del reino de Dios. Sólo nuestra falta de fe puede obstaculizar la obra de Dios en nuestra vida, pero ahí donde Dios encuentra fe, se ponen en acción los mecanismos de salvación, de vida y salud, de paz y justicia, y de alegría por la presencia de Dios, que son las señales del reino que llegó con aquel bebé que nació en Belén.
Que el Señor nos perdone si hemos querido ser como Herodes, tratando de destruir la buena obra que Dios realiza por medio de otros líderes. Pidamos por la bendición de todos sus siervos y siervas.
El oro en manos de Jesús
Los relatos bíblicos son elocuentes no sólo por lo que dicen; también por lo que no dicen. Aquellos sabios pasaron por los centros de poder de Jerusalén, pero no dejaron ahí sus regalos. Esperaron para darlos a uno que en verdad los merecía.
El oro en manos de Herodes sólo iba a amontonarse y a generar más acumulación inútil, más tacañería, más vanagloria, más dolor e injusticia. En las manos de Jesús, ese oro iba a convertirse en bendición para los necesitados, en generosidad, en la justicia que identifica al reino de Dios.
Jesús es verdadero rey, que administra bien el oro, para la generosidad. Jesús es verdadero sacerdote, y el incienso es símbolo de la oración. Él sí escucha nuestras plegarias. Jesús es verdadero sanador, y la mirra representa que por su llaga fuimos todos curados. Señor, alivia con tu toque mi pobre corazón.
Después de haber visto a Jesús, aquellos hombres no regresaron a su casa por el mismo camino. Así es cada vez que encontramos a Jesús, no podemos seguir como si nada hubiera pasado.
Señor Jesús, queremos hoy participar de la alegría de tu reino. Alegría por la generosidad, por la confianza en que nos oyes, y por la salud que hay en el toque de tu mano. Amén.
Huye a Egipto
En el Evangelio según Mateo, los relatos del nacimiento de Jesús dan a José un papel protagónico. Esta es la segunda de cuatro veces que un ángel le habla en sueños. José fue sensible a las instrucciones recibidas y por su pronta obediencia salvó la vida del bebé Jesús y de su madre María.
El ángel no le dijo a José que Herodes asesinaría a todos los niños de Belén. José no tenía esa información. De modo que no es culpable de no haber advertido a las otras familias del pueblo, como lo sugiere insistentemente José Saramago en su novela El Evangelio según Jesucristo.
La joven familia pasaría por la experiencia de ser refugiados en otro país, huyendo de la violencia, salir de prisa sin poder llevarse nada, y llegar a un lugar desconocido, a experimentar la condición de ser extranjero. Así, Jesús queda identificado con los millones de seres humanos que también han tenido que huir de su país en busca de la vida más allá de las fronteras. La mayor riqueza de los migrantes es su esperanza en que se puede vivir mejor. Jesús también conoce de primera mano la realidad de la migración.
Que el Dios de amor abra nuestros ojos para seguir sus instrucciones, y nos dé su gracia para vivir para Cristo en un mundo de refugiados.
El anti-padre
Herodes era hijo de Antípatro de Idumea. De él aprendió a ser antípater, el anti-padre. Ese nombre, Antípater, o variaciones del nombre, circuló por la dinastía de esos reyes idumeos durante varias generaciones.
El anti-padre Herodes está en un proyecto de muerte. La vida que el Padre celestial ha dado a todos esos niños varones de Belén ahora Herodes se las va a quitar. Es el peor ejemplo de un anti-padre, que va completamente en contra de los intereses de Dios para sus hijos.
El Padre quiere dar vida; el anti-padre quiere dar muerte. El Padre quiere dar alegría; el anti-padre quiere dar aburrimiento y amargura. El Padre quiere la salvación, la salud, la paz; el anti-padre procura estropear el camino a la salvación, promueve las cosas que enferman el cuerpo y el alma, y estorba la paz por medio de los pasos de injusticia por los que conduce su vida y su casa.
El anti-padre hace llorar a la madre con grande llanto y lamentación. ¿Tendrá esperanza de transformación ese anti-padre? ¿Podrá un herodiano conocer lo que significa ser padre al estilo del buen Padre celestial?
Que el Padre celestial nos ayude a quienes somos padres a hacernos cada vez un poco más a la imagen suya, por el amor que el Espíritu derrama en nosotros.
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