Vivimos un “momento Bonhoeffer” ¡Tendríamos que haber gritado!

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Vivimos un “momento Bonhoeffer” ¡Tendríamos que haber gritado!
Vivimos un “momento Bonhoeffer” ¡Tendríamos que haber gritado!

El arzobispo de Santa Fe (Nuevo Méjico) John Wester, uno de los 17 obispos firmantes de una declaración condenatoria de la política migratoria del gobierno Trump, ha dicho: “Vivimos un momento Bonhoeffer”. (Diario Infolibre. 18.03.26. G. Larrabeiti)

Dietrich Bonhoeffer, pastor y teólogo luterano fue ejecutado por Hitler en 1945 por haber levantado su voz contra el despotismo, la injusticia y el horror de un gobierno nazi, represor y fascista.

Cuando en la Alemania hitleriana los judíos eran tratados como animales y asesinados en los campos de exterminio, el teólogo alemán se atrevió a proclamar: “¡Solo quien grite a favor de los judíos tiene derecho a cantar gregoriano!

Lo que quería decir es que un cristianismo que calla mientras se persigue y se despoja de sus derechos a un pueblo entero, no tiene derecho a alabar a Dios con bellos himnos.

Porque no se trata de colocarse a cubierto del peligro invocando una imparcialidad cobarde y miserable. De lo que se trata es de entender que la iglesia no es para sí, sino para el mundo.

Y la voz de la verdad, de la justicia, de la paz y de la misericordia tiene que ser escuchada en el mundo a través de los hechos y palabras de aquellos que se confiesan imitadores y seguidores de Jesús de Nazaret.

Porque ante la barbarie, el horror, la injusticia y el atropello de los derechos humanos, el silencio y la imparcialidad solo son formas encubiertas de agresión y violencia.

La iglesia hoy no puede vivir y luchar solo por su supervivencia haciendo de sí misma un fin absoluto, sobre todo si quiere ser ante el mundo la portadora del mensaje de paz, liberación y reconciliación, que es el corazón del evangelio.

La iglesia hoy no puede callar cuando tenía que estar gritando al ver la sangre de tantos inocentes que clama al cielo. La guerra contra Irán y Líbano es ilegal, atroz, inhumana, y demoledora para todos, especialmente para los más débiles.

Sobre todo, porque los muertos siempre los pone el pueblo, porque se transgrede toda la legalidad internacional y porque resulta impresentable, inaceptable e indigno pretender la legitimación de un conflicto bélico invocando al Dios de los cristianos.

¡La Iglesia no puede callar ante tanta barbarie! ¡Qué iglesia es esa que solo abre la boca para defender a los miembros de su propia comunidad dentro, y no dice una palabra sobre ”la caza del ser humano” que está teniendo lugar fuera!

Si hemos de tomarnos en serio la encarnación de Dios en este mundo y su muerte en la cruz por amor, entonces lo cristiano no puede estar en otro sitio que no sea escuchando y acogiendo el clamor, el dolor, las lágrimas y las miserias del mundo.

Pero no desde el silencio, ni callando ante el horror, ni ignorando a las víctimas, ni mirando a otra parte ante el pisoteo de los derechos humanos, sino a partir de un modo de pensar, creer y vivir que visibilice un mensaje/denuncia profético que cuestione y deslegitime la injusticia, la maldad, la guerra y toda clase de violencia.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano, reflexionaba sobre la impresentable justificación de las guerras con estas palabras: “Las guerras siempre invocan nobles motivos, matan en nombre de la paz, en nombre de dios, en nombre de la civilización, en nombre del progreso, en nombre de la democracia y si por las dudas, si tanta mentira no alcanzara, ahí están los grandes medios de comunicación dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un gran manicomio y un inmenso matadero”. (“Las venas abiertas de América Latina”).

Uno se pregunta ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo la paz del mundo estará en manos de los que hacen el negocio de la guerra?¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que ese es nuestro destino?¿Hasta cuándo?

¿Estamos en contra de la guerra? ¿De todas las guerras? ¿Quién levanta la voz ante tanta barbarie? ¿Quién denuncia los intereses creados de las guerras que nos asedian? ¿Quién se enfrenta a la locura de gobernantes perturbados?

Preguntarse esto y responder como cristianos desde el sentido de la responsabilidad ¿es una acción política al más alto nivel? Sí, lo es, porque nos sitúa ante decisiones inaplazables que dejan a la iglesia de Jesucristo a pecho descubierto ante el mundo y sus conflictos.

“El amor de Dios al mundo no se retira de la realidad a nobles almas ensimismadas, sino que experimenta y padece la realidad del mundo en toda su crudeza… Porque nuestra relación con Dios no es una relación religiosa con el Ser Supremo… sino que nuestra relación con Dios es una nueva vida en el existir para los otros… la hora presente obliga a la iglesia a arruinarse en compañía de los hijos de la tierra y del mundo, y la conjura a mantenerse fiel ante el sufrimiento… La hora por la que oramos en el reino de Dios es la hora en la que hemos de hacer causa común con el dolor del mundo hasta el fin, una hora de dientes apretados y manos temblorosas, no solo para que Dios haga su morada en nuestra alma, sino para que Dios haga su reino entre nosotros” (“Resistencia y Sumisión”. Dietrich Bonhoeffer). Soli Deo Gloria.

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