Desde hace algún tiempo vengo pensando y orando por una legión de hermanos/as que formaron parte de nuestras comunidades cristianas y al tiempo desparecieron por diferentes razones personales, ya sean decepciones, desanimo u ofensas no superadas, además de otras cuestiones.
Me estoy refiriendo a hermanos que genuinamente tuvieron una experiencia de conversión real y que ha quedado demostrado por sus frutos. Pero no me estoy refiriendo a esa otra legión de transeúntes que pasaron entre nosotros sin pena ni gloria hacía ninguna parte, y a otros tantos que estaban atestados de chismes y de quejas interminables de manera patológica y tóxica.
Muchos de estos queridos hermanos a los que me estoy refiriendo se marcharon de las iglesias por decepciones tanto reales como imaginarias, otros tantos no consiguieron superar diferentes ofensas vividas en la relación entre hermanos y otros muchos se desanimaron cayendo en el pantano del desaliento.
Y otros también tuvieron un sentimiento de orfandad espiritual y fraternal durante su estancia en la iglesia.
A esta lista también hay que incluir a hermanos/as que se sintieron manipulados y abusados emocionalmente en diferentes aspectos y quedaron lisiados animicamente.
Lo cierto es que son muchos los que forman parte de los desaparecidos de nuestras iglesias en general. Si sumamos la enorme cantidad de iglesias en nuestro país, podríamos contarlos por miles a lo largo de estos últimos cuarenta años.
Permitirme daros testimonio de la restauración de infinidad de hijos pródigos a través del ministerio radiofónico.
La radio cristiana se convierte en un ariete que rompe barreras y prejuicios, preservando el anonimato en la más absoluta intimidad, y ahí es donde al tiempo el Espíritu Santo va realizando su obra en muchos hermanos apartados del camino de Jesús trayéndoles bálsamos de la Gracia de Dios para sus almas heridas.
Durante todos estos años de ministerio radiofónico (cuarenta años) y compartiendo la misma experiencia con otros compañeros de emisoras hermanas, podemos dar fe de ello
En cualquier caso, quiero dirigirme a hermanos y hermanas que también son seguidores habituales de Protestante Digital y que se encuentran en el grupo de los “hijos pródigos” que abandonaron las iglesias y no encuentran el camino de retorno, aunque algo en su interior les apela frecuentemente a volver a casa.
Soy testigo de algunos hermanos que regresaron de nuevo a la comunión de la iglesia y fueron recibidos con sincero afecto fraternal y sin ningún prejuicio por parte de nadie.
Y finalmente quiero dirigirme a cualquier hermano o hermana que se marchó de la iglesia por cualquier razón o sinrazón.
Querido/a hermano/a si eres un “hijo pródigo” quiero animarte a que regreses a alguna iglesia evangélica en tu ciudad o población, porque sin duda serás bendecido en gran manera.
Por supuesto que no hay iglesias perfectas, pero son innumerables las iglesias saludables y acogedoras en nuestro país
Confío que este breve escrito te ayude a reflexionar y a considerar la posibilidad de vincularte con alguna de las iglesias más próximas a tu domicilio y que de esa manera puedas disfrutar de las múltiples bendiciones de formar parte de una iglesia local y que descubras la belleza de la comunión fraternal y del compañerismo cristiano.
Para cualquier consulta al respecto, me pongo a tu disposición a través de mi correo electrónico. Dios te bendiga.
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