El reciente homenaje a Juan Chabás en su Dénia natal, arropado por exposiciones y conferencias con motivo del 125º aniversario de su nacimiento, invita a una profunda reflexión sobre la memoria histórica de nuestra cultura.
Chabás, poeta, ensayista y novelista, fue un hijo ilustre de Dénia y un miembro fundamental de la Generación del 27, aquel grupo irrepetible de intelectuales cuya luz se vio truncada por el exilio. Su legado no es solo un patrimonio literario; para quienes hemos seguido su rastro, representa también un puente de vivencias compartidas a través del Atlántico.
Recuerdo perfectamente el primer viaje de ayuda social que mi esposa y yo hicimos juntos a La Habana. Impulsados por el respeto a su figura, fuimos a visitar la tumba de Juan Chabás en el histórico Cementerio de Colón.
Tras indagar allí mismo, averiguamos que descansaba en un panteón muy cercano a la entrada principal, propiedad de Teresa Fernández, sobrina de la esposa de Chabás, Aída Valls.
Con esa valiosa información en mano, logramos contactar con Teresa y su esposo, el Dr. Charles Mendoza, quienes generosamente nos recibieron en su casa del céntrico barrio del Vedado.
Al principio, el encuentro estuvo marcado por la prudencia. Estaban bastante temerosos, ya que tiempo atrás habían entregado documentación e información íntima de Chabás a un investigador y jamás volvieron a tener noticias de qué había pasado con ella.
Sin embargo, el tiempo disipó los recelos y con los años llegamos a construir una hermosa y sólida amistad que perdura hasta hoy con el Dr. Mendoza, ya que Teresa ha fallecido.
Fue una unión tan estrecha que, durante la alcaldía de Paqui Viciano, logramos traerlos a Dénia invitados por el Ayuntamiento. Pudieron por fin pasear y disfrutar de las calles de nuestra ciudad, ese paisaje mediterráneo que tanto habían escuchado añorar directamente de los labios del propio Chabás en su exilio cubano.
Figuras de la talla de este escritor dianense no necesitan una reivindicación artificial. La obra se defiende por sí misma gracias a su innegable calidad estética y compromiso intelectual.
La literatura no pertenece a los oportunistas; pertenece al pueblo que la lee y aprende de ella. Por eso, debería enseñarse de forma obligatoria en nuestros centros educativos de toda la Marina Alta.
Esta iniciativa podría ser solo el primer paso. Muchas otras biografías de dianenses ilustres y valiosos deberían ser rescatadas del olvido y enseñadas a los jóvenes para que conozcan la historia más reciente de nuestra cultura y sociedad .
Por desgracia, pasan los años y la enseñanza de la historia local queda enclavada casi exclusivamente en el pasado antiguo, ignorando las luces y las sombras de nuestra memoria contemporánea.
Esta carencia educativa no es un hecho aislado. Los últimos resultados, este año del Informe PISA sobre educación reflejan un duro pinchazo en la Comunidad Valenciana, evidenciando un preocupante fracaso en la comprensión lectora, las matemáticas y las ciencias.
Quizás esto ocurra porque, a menudo, gastamos demasiadas energías y recursos públicos en ensalzar fiestas populares, folclóricas y rancias, en lugar de dar la importancia que merece, de forma alegre y pedagógica, a la capacidad de comprender los textos que leemos para interpretar la realidad que vivimos.
Conocer, saber e investigar son herramientas esenciales para la libertad de un pueblo. Respetar, cuidar el legado ajeno y negarse a manipular a los demás constituyen los pilares fundamentales de los Derechos Humanos.
Al final, la ignorancia y la manipulación solo devalúan el espíritu humano. La verdadera riqueza de una sociedad no se mide por el ruido de sus plazas, sino por la profundidad de su entendimiento y la rectitud de sus actos.
Como bien nos enseña la sabiduría bíblica en el libro de Proverbios: «Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia... No la dejes, y ella te guardará; ámala, y te conservará».
Hagamos del conocimiento un faro vivo y humano; solo así, honrando a hombres como Chabás sin dobles intenciones, daremos a las nuevas generaciones la luz necesaria para construir un futuro cimentado en la verdad, la justicia y el respeto mutuo, cada vez menos valorado.
“Pero el amor también con su promesa.
Atrás dejó el mar, cada silencio
de cada hueso, el plomo, la bandera,
un libro nunca escrito… no su aliento
vagando herido de la Habana a Denia”.
J. Chabás i Martí.
Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.
