Este artículo no es para todo el mundo. No es para quienes hoy se sienten bien. Si estás cómodo, descansando, con la mente clara y el corazón en calma, puedes seguir con tu rutina diaria. Y, sinceramente, me alegro por ti.
Pero si tu sistema nervioso está al límite, si duermes mal, si respiras con dificultad o la ansiedad te acompaña; si llevas días cargando con una inquietud difícil de explicar y sientes que la realidad pesa más de lo habitual, entonces quédate. Este texto es para ti.
Si has seguido leyendo, probablemente estás atravesando uno de esos momentos complejos que forman parte de la experiencia humana. Etapas en las que, simplemente, no estás bien. Demasiada tensión acumulada, demasiado ruido mental, dolor emocional, preguntas sin respuesta.
Y, sin embargo, no estás solo en ese lugar.
Vivimos en una época saturada de información, donde abundan los mensajes cruzados, las soluciones rápidas y las respuestas aparentemente mágicas. En medio de ese ruido, sentirse mal genera frustración.
Pero hay una verdad que conviene aceptar: incluso haciendo todo “bien”, habrá días en los que no estaremos bien.
No estamos diseñados para vivir en estado de alerta constante. No fuimos creados para sostener una tensión permanente, ni el miedo continuo ni la inseguridad prolongada. Nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón tienen límites.
Por eso, no estar bien no significa que te falte fe, ni que seas débil, ni mucho menos que estés fallando espiritualmente. Significa, simplemente, que eres humano.
Un ser que siente, que piensa y que, en muchas ocasiones, somatiza el desgaste de una mente sometida a presión constante. Fingir que no ocurre nada cuando, en realidad, ocurren muchas cosas, no es fortaleza.
Reconocerlo, en cambio, es un acto de honestidad y humanidad.
Permítete admitir que estás cansado, saturado, que no puedes con todo. Date el espacio necesario para bajar el ritmo, para detener esa carrera que, quizá, ya es insostenible. Los tiempos que vivimos no son fáciles. A veces, incluso parecen imposibles de sostener. Por eso, ten misericordia de ti mismo. Perdónate.
Y aun en medio del cansancio y el agobio, hay algo que permanece: la cercanía de Dios hacia ti.
Como expresó el astronauta Victor Glover, que está ahora mismo con la misión Artemis II, incluso contemplando la Tierra desde el espacio, uno puede reconocerse como criatura del Creador.
Si hoy no estás bien, no ocultes tu carga, tu tristeza o tu desánimo. Dios no se asusta de tu cansancio, no rechaza tus lágrimas, no se decepciona de tu debilidad. Al contrario, se acerca y fortalece en medio de la fragilidad.
A todos los agotados, frustrados, heridos o emocionalmente saturados: no estáis solos. Puede que hoy no estemos bien… pero, mirando juntos hacia Dios, volveremos a estarlo.
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