La invasión de los pobres. Ceuta, seguridad ciudadana e inmigrantes

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

La invasión de los pobres. Ceuta, seguridad ciudadana e inmigrantes
La invasión de los pobres. Ceuta, seguridad ciudadana e inmigrantes

¡Cuánto se está hablando sobre Ceuta y la inseguridad ciudadana que allí se vive con el tema de las migraciones! No hay más que poner algunas de las cadenas de televisión y escuchar cómo se clama contra la inseguridad, la delincuencia o los acosos sexuales que dicen se dan en torno a la problemática de tantos inmigrantes que todavía deambulan por las calles haciendo de ellas su lugar para vivir y desarrollar todos sus movimientos.

La verdad es que habría que decir también que este tipo de migraciones a Ceuta están algo fuera de los parámetros de las migraciones regulares que se producen en el mundo ya que hay tantas y tantas situaciones políticas que también se suman a este hecho concreto.

Supera muchas de las problemáticas que se dan en torno a las migraciones internacionales por motivos económicos, de guerras u otros.

Sin embargo, a veces se exagera con los delitos que cometen los migrantes de la tierra, cuando está claro que la mayoría de ellos vienen buscando nuevas perspectivas de vida y de trabajo para poder desarrollar sus proyecto vital y el de sus hijos.

Pero mirad: ¿Qué problemática es mayor, el posible aumento de pequeños delitos que se puedan dar en algunos entornos o el hecho de que haya un mundo tan desequilibrado que impide el desarrollo de vida de sus ciudadanos que no tienen acceso a la formación, a la capacitación, ni al trabajo, ni a la sanidad, ni a una medicina reglada o a una alimentación mínimamente sana y equilibrada?

Si, realmente, reflexionásemos sobre la situación de los países o del mundo de donde proceden, quizás comenzaríamos a observar el hecho de las migraciones internacionales con otros ojos, de otra manera, con otra vara de medir.

El mundo injusto provoca expulsiones por el hambre, la falta de promoción humana, la falta de medicinas y trabajo. Todo un desastre y un escándalo mundial de la pobreza que es lo que impulsa el que muchos tengan que salir sin pensar volver nunca atrás.

Por eso, cuando preguntan a los niños, adolescentes o jóvenes que huyen de Marruecos o de otros países africanos que si quieren volver a sus países, se asustan y dicen que no.

Allí no se puede vivir ni desarrollar un proyecto de vida mínimamente estable. El hambre, la miseria, la falta de posibilidades de adquirir habilidades o capacitación para el trabajo a lo que se suma la falta de empleo, les hace mirar hacia sus países con horror. No. No es posible volver. Lucharemos hasta la extenuación para buscar nuevos ambientes allende las fronteras.

Si observáramos la situación de Ceuta desde estas perspectivas habría más empatía y se entendería mejor el porqué de todos estos movimientos, aunque lo de Ceuta tenga sus características particulares.

Hay falta de solidaridad con el mundo pobre desde la bonanza de los países enriquecidos. Falta sensibilidad para dar conciencia al mundo de que hemos de trabajar, luchar y desear que la pobreza del mundo se reduzca.

Faltan voces proféticas en el mundo para la denuncia social que debe partir de los movimientos cristianos bajo el paraguas de la projimidad de la que tanto nos habló el Maestro.

Resumen de problemáticas: Hambre en el mundo, unos mil millones de personas hambrientas hasta llegar a la pobreza severa en donde se sobrevive a duras penas.

Los acumuladores de la tierra que producen acumulaciones desmedidas de bienes en pocas manos de una manera tremendamente escandalosa, las injusticias sociales que emanan tanto de los poderes públicos como de las estructuras sociales y económicas de poder, el racismo y la xenofobia, la feminización de la pobreza y el abandono infantil de tantos y tantos niños que algunos intentan vencerlo como niños explotados sexualmente o niños trabajadores. Esto es lo que hace que se produzcan los movimientos migratorios en el mundo.

Algunos dicen que muchas madres marroquíes han lanzado a sus hijos a Ceuta porque para ellos la vida era casi imposible en su país. Quieren probar suerte a ver si a sus hijos se les acoge, se les da una formación o se les integra en una vida digna imposible de conseguir en sus países.

Si viéramos la inmigración como la punta de un iceberg de un mundo injusto que, incluso, podría llegar a afectarnos a nosotros mismos, quizás las posibles molestias de algunos grupos de migrantes nos parecieran algo más comprensibles, podrían hacernos empatizar con ellos y desear colaborar en pro de un mundo mejor.

Quizás por interés propio de nuestros países nos deberíamos acostumbrar a favorecer los procesos migratorios, favoreciendo la interculturalidad que es el camino y el derrotero al que se dirige el mundo y, al ser solidarios con los más débiles estaríamos creando un mundo mejor.

Recordando: La mayoría de los inmigrantes en España vienen aquí a trabajar y nos son necesarios. Extranjeros fuimos nosotros “en tierra de Egipto”, tierras alemanas suizas, francesas, latinoamericanas u otras.

Los que delinquen son minorías al igual que hay delincuentes españoles, aunque quizás no haya que hacer comparaciones. Pensemos que la injusticia social y la pobreza amenaza al mundo, nos amenaza a todos nosotros y no queda otra que arremangarse, tener empatía, solidaridad y deseos de un mundo mejor para todos.

Algunos a la crisis migratoria en Ceuta le llaman invasión, pero si así fuera sería una invasión por necesidad, invasión de niños hambrientos y descalzos, invasión de personas sin futuro. ¡Curiosa invasión!

Lo ideal sería ir buscando soluciones que dieran cauces dignos a estos invasores descalzos, muchos de ellos enfermos, si posibilidades de capacitación ni formación de ningún tipo, sin posibilidades de trabajo.

Sería una invasión que habría que catalogar como la invasión de los pobres de la tierra.

Las personas tenemos la misma dignidad en todo el mundo, dignidad que no depende de nuestra raza, ni de nuestra cultura, ni situación económica, ni lengua, ni religión.

Lo de Ceuta hay que tratarlo desde los parámetros de la dignidad. No queda otra, porque cuando falta el concepto de projimidad, de ser manos tendidas a favor de los más oprimidos o necesitados, cuando nuestra fe no nos lanza al mundo como las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor.

Porque entonces, ¿qué tipo de cristianos somos? ¿Qué eficacia tiene la vivencia de nuestra espiritualidad cristiana si somos sordos al grito del prójimo apaleado? Estaríamos mutilando el cristianismo. Algo mucho peor que estar solamente preocupados por una seguridad ciudadana que en este mundo no es totalmente posible.

No podemos mutilar ni alicortar la vivencia de una fe viva que nos llama a la acción solidaria a favor del prójimo apaleado.

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