Lo escandaloso de los cristianos cómodos, sin cruz

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

Lo escandaloso de los cristianos cómodos, sin cruz
Lo escandaloso de los cristianos cómodos, sin cruz

Algunos ven en el cristianismo una forma tan agradable de vivir que prefieren un cristianismo sin cruz, o sea un cristianismo cómodo que puede dar incluso la espalda a las problemáticas del prójimo.

Esto sucede porque ellos están reorientados hacia arriba pensando que ya están tocando algo de la gloria que les parece emanar del ritual religioso, aunque para ellos cómodo, que creen que no obliga a pasar por el hecho de llevar la cruz.

No hay vivencia del cristianismo auténtico sin que comporte tomar la cruz y seguir al Maestro. Un cristianismo tan cómodo que rechace el llevar su cruz, la cruz del seguimiento al Maestro con los compromisos que ello implica, tanto de projimidad como de ejemplos de vida y de acciones comprometidas, puede llegar a ser la vivencia de una espiritualidad cristiana falsa.

No puede haber un cristiano auténtico que no esté dispuesto a llevar sobre él la cruz, símbolo del compromiso, de la sencillez, del compartir, de cierto sufrimiento aunque solo sea por empatía con el dolor del otro, así como estar dispuesto a una sumisión e imitación del Maestro.

Los cristianos que se despojan de la cruz, los que no quieren portar la cruz por amor al prójimo y que no están dispuestos a la denuncia de la maldad y a vivir una vida pensando solo en un más allá bonito y con coronas de triunfo, creen vivir demasiado ligeros, pero sin compromiso y sin las responsabilidades que exige la espiritualidad cristiana. Son vivencias mutiladas del cristianismo.

Sin portar la cruz no hay seguimiento. Tenemos que ser capaces de llevar sobre nosotros la cruz de Cristo. Llevar la cruz comporta una total obediencia al Maestro. Recordemos una frase áurea de Jesús para este tema: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Mateo 16:24.

Un cristiano que decide por obediencia tomar sobre él la cruz de Jesús está negándose a sí mismo y haciendo que sea Jesús el que brille en él.

El cristiano que lleva la cruz puede decir como el apóstol Pablo: “Ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí”. Por ello ser un cristiano cómodo que no quiere llevar la cruz es ser un creyente sin autenticidad.

Los cristianos sin cruz que no empatizan con el dolor de los sufrientes del mundo, que no son las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor no son auténticamente cristianos. Son religiosos presas del ritual y que son capaces de dar la espalda al prójimo apaleado.

Predican, hablan, hacen largas oraciones pero no son coherentes ante el mundo con sus vidas. Lo que hablan cae en los corazones de los demás como nieve fría a no ser que el Señor por su misericordia lo quiera usar para sacar a alguien de la increencia.

Tomar la cruz de Jesús sobre nosotros siempre va a ser a favor del prójimo, a favor del otro, a favor de los demás. Es incluso algo más que participar del sufrimiento de nuestro Maestro.

El creyente que carga con la cruz del Maestro se siente habilitado no solamente para llevar a otros a los pies del Señor, que es fundamental, sino también estar habilitado para la liberación de los oprimidos, para la búsqueda de la justicia, para hacer saltar las estructuras de pecado que agobian a tantos y tantos débiles en nuestras sociedades violentas y despojadoras de los débiles. Esto no se puede hacer sin portar la cruz.

Sin cruz es posible que algunos consigan ser simples humanistas que hablan del respeto al otro, al diferente y al débil, valores sumamente útiles, pero en el fondo se va a carecer del poder de Dios que da a los suyos que le siguen portando sobre ellos “su cruz”, la cruz del Señor.

Notarán que no son empoderados por el Espíritu Santo. Sin portar la cruz de Jesús sobre nosotros no es posible ser un auténtico creyente, una persona que vive con autenticidad la espiritualidad cristiana. Por tanto, no nos despojemos de la cruz por comodidad.

Portar o llevar sobre nosotros la cruz de Cristo es un símbolo de compromiso, de que creer es comprometerse con Dios y con el prójimo.

Un símbolo que hemos de llevar sobre nosotros de forma dinámica, activa, solidaria y siempre en compromiso de acción ante aquellos que nos necesiten.

No existe el concepto de cristianismo cómodo. Ese adjetivo lo desvirtúa y nos convierte en simples religiosos que solo están pendientes del ritual pensando que éste les va a dar esas glorias en el más allá, pero éstas no serán nunca para los que no han sabido llevar en compromiso y sobre ellos la cruz de Jesús en nuestro aquí y nuestro ahora que nos ha tocado vivir.

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