Para no ser inhumanos en nuestro mundo acosado por conflictos mil, deberíamos eliminar todas las barreras de raza, de etnia, de origen, y de situación económica, así como toda violencia que desemboca en guerras o conflictos armados. Habría que eliminar todo aquello que es inhumano y contrario al espíritu del Evangelio porque lo inhumano es rechazar lo divino.
Muy importante sería poner especial cuidado para eliminar las diferencias inhumanas en torno a la economía, pues el injusto reparto de los bienes del planeta tierra es el origen de muchos de estos conflictos y, además, producen casi mil millones de hambrientos en el mundo y más de media humanidad en pobreza más o menos severa.
Un mundo desequilibrado e injusto que rezuma inhumanidad.
Donde no hay justicia hay violencias de todo tipo. Así, el mundo en general y, en su caso, nosotros mismos, nos volvemos inhumanos. Los creyentes deberíamos tener sed de solidaridad y de justicia ante estas anomalías que nos pueden convertir en inhumanos.
En España, sí, en España, por ejemplo, no prestamos demasiada atención a esa cantidad de niños pobres que pueblan nuestras ciudades y pueblos. Es algo inhumano.
La solución no es solo compartir algo de forma asistencial, que es bueno, pero habría que dar un paso más y pasar a la búsqueda de la justicia en el mundo y hacer del sentimiento de la solidaridad algo cotidiano en nuestras vidas. Eso es la idea clave.
Dar un paso profético pasando también desde la idea de búsqueda de la justicia a la denuncia profética de la que tanto énfasis se hace en el Biblia. Debemos ser los voceros de un Dios justo.
Lo inhumano es rechazar lo divino. Necesitamos para vencer toda inhumanidad una solidaridad sin fronteras raciales, ni de religión, ni de situación económica. Dios padre de todos.
Debería ser el posicionamiento de los cristianos y, además, la asunción de un nuevo estilo de vida más humano con nuevos valores, los valores del Reino que irrumpen en nuestra historia con la figura de Jesús en el mundo. Solidaridad y amor. Bases de las prioridades, comportamientos y preferencias de los creyentes en ese Dios que nace en pobreza como ejemplo a sus seguidores.
Dios no es inhumano. Lo inhumano puede romperse ante la universalidad de un mensaje evangélico sin exclusiones de ningún tipo, mensaje de hermandad, aceptación del diferente, porque, en el fondo, somos diferentes pero iguales.
Abajo todo tipo de barreras entre los hombres. Hermandad, igualdad. Esto es lo que hará caer en pedazos todo vestigio de inhumanidad. Jesús fue humano, muy humano. En Él no había ningún signo de inhumanidad.
Para tener un mundo más humano, hay que pasar a la eliminación de clases, fronteras, etnias, razas, situaciones de privilegio económico desenfrenadas, desiguales repartos de las riquezas del planeta tierra.
Ningún hombre debe de ser más privilegiado que otros. Se debe dar la igualdad entre los hombres que son todos criaturas de Dios. Mientras que esto no se dé en alguna medida, lo inhumano seguirá haciendo una presencia malvada. El poder del mal en la tierra.
Para entrar y disfrutar de un mundo más humano, tenemos que clamar por un fluir en el mundo de la fraternidad que debe estar liderada por el pueblo de Dios, que sepamos comunicar el gran valor de la ayuda mutua, que sepamos clamar por la justicia, que seamos capaces de denunciar el mal, de clamar contra las estructuras injustas de poder en la tierra que desequilibran el mundo. En definitiva, el amor entre los hombres todos.
El amor es la fuerza que puede transformar todo lo inhumano pulverizando todo lo injusto. Lo inhumano es el intento de rechazar lo divino, el intento de eliminar la presencia de Dios en la tierra, pero si Jesús fue humano, muy humano y ejemplo contra todo lo inhumano, ¿qué haremos nosotros que nos consideramos sus seguidores?
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