¿Tenemos en la iglesia hermanos solitarios con miedo a la conectividad?

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

¿Tenemos en la iglesia hermanos solitarios con miedo a la conectividad?
¿Tenemos en la iglesia hermanos solitarios con miedo a la conectividad?

¡Cuántas personas se sienten solas en el mundo! ¿Es que, quizás, en muchos casos hay miedos fundados o infundados ante la relación con el otro? ¿Es que, acaso, hay desconfianzas frente a las relaciones interpersonales? ¿Por qué, en tantos y tantos casos se da la espalda y se rehúye de lo que se podría llamar la socialización?

¿Existe este problema y estos miedos también en medio de las congregaciones en donde, quizás, hay miembros que rehúyen la conectividad y las relaciones interpersonales? ¿Existen estos miedos en medio de nuestras iglesias?

Temores, inseguridades, deseos de aislamiento y soledad que pueden aumentar un cierto individualismo que psicológicamente puede ser nocivo.

Lo que podríamos llamar disfunciones en la conectividad entre las personas puede dar como resultado experiencias negativas y aislamientos insanos que dan lugar al mundo de los solitarios y aislados.

Si pasamos al ámbito social general y si miramos por ejemplo en Madrid, podríamos investigar cuánta gente vive sola, cuántas personas hay que se aíslan y se convierten más o menos en solitarios o aislados, sea por voluntad propia o porque les agobia la conectividad social.

Pisos ocupados por una sola persona viviendo en soledades existenciales de un individualismo que quizás puede minar la personalidad incluso de los solitarios y aislados voluntariamente.

¿Por qué se elige de forma tan frecuente la soledad? No para todos los que eligen esta forma de vida lo viven de forma traumática, pero hay muchos que sí.

Pregunta: ¿Se preocupan las iglesias de si entre sus miembros pueden existir personas solitarias que sufren, que se aíslan de alguna manera en medio de congregaciones de espaldas a estos fenómenos de soledad?

En las iglesias también pueden estar muchos de los que han fracasado en sus relaciones sociales y viven en una soledad impregnada de temor y de desconfianza hacia el otro, aunque sea su hermano en la fe.

No se hace por maldad, sino por ciertos miedos debidos a experiencias frustrantes en la relación con los otros. La solución nunca va a estar en la inmersión en una soledad angustiosa o impregnada de temores varios, de miedos quizás infundados.

Necesitan manos tendidas de ayuda para ayudar a vencer ese rechazo alérgico a una socialización sana.

Las nuevas tecnologías, la informática, las redes sociales son instrumentos que pueden acelerar la soledad o el mundo de los aislados. ¡Cuántos vivirán enganchados a sus móviles, a las redes sociales como compensación a una soledad vivida como frustración!

Todo esto puede afectar a las congregaciones que deberían reflexionar como detectar casos en los que muchos solitarios y aislados por diferentes circunstancias necesitan ayudas sanas y rápidas.

La indiferencia mostrada ante los prójimos que viven juntos un oficio religioso puede dar una pauta de algún tipo de problema de aislamiento o de alergia a la socialización que, de alguna manera y con mucho amor, puede ser restaurada.

Puede ser que no sean personas raras, sino personas traumatizadas por las experiencias de la vida.

Es verdad que podríamos excluir a muchos que viven una soledad o aislamiento voluntario y sin traumas. Hay muchos solteros por elección personal y sin ningún tipo de traumas, solitarios que disfrutan de su tiempo en soledad y o lo cambiarían por nada en el mundo.

Por tanto, hay líneas de respeto con las que hay que tener cuidado. La temática no es tan fácil como pudiera parecer.

También pueden existir individualistas que eligen su soledad porque prefieren estar rodeados de cosas y de bienes de consumo. Hay individualismos a los que solo les importa de una forma un tanto egoísta lo mío y, como mucho y alargando los espacios algo más, los míos, la propia familia y poco más. Todo su mundo gira alrededor de lo que podemos llamar su yo existencial o personal.

Preferimos, a veces, nuestro desierto personal al que podemos llevar cosas materiales como si a esas cosas les pudiéramos dar vida para que sean nuestra compañía.

Siempre la pregunta vuelve a lo mismo: ¿Podemos los cristianos aportar algo en estas situaciones de aislamiento, de soledad o de individualismo insano? ¿Tiene el concepto de projimidad de Jesús algo que ver con que nos preocupemos también de esos prójimos solitarios que solo ven el desierto y la soledad? Seguro que sí.

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