Aunque muchas veces atraen más los artículos críticos sobre la visita del Papa a Madrid, quiero deciros de inicio que, al hablar de esta visita desde mi trabajo en Misión Urbana, no voy a hablar de forma crítica.
Lo quiero hacer desde el Evangelio y desde mi experiencia personal entre los pobres y oprimidos en una forma un tanto positiva. Así, pues, si quieres pasar por esta aventura sin buscar los elementos críticos, te animo a seguir leyendo.
Yo sé que habrá compañeros comentaristas que en esta revista Protestante Digital van a hacer análisis de la visita del Papa más sesudos o concienzudos que el mío, pero yo os voy a hablar desde mi intimidad y mi forma de ver y sentir la vivencia de la espiritualidad cristiana, aunque siempre desde las perspectivas bíblicas y del mundo evangélico.
Deciros que yo que me crié entre los bancos de una iglesia evangélica en Valdepeñas y prácticamente aprendí a leer en la Biblia.
También, gran parte de mi vida he estado al servicio de Dios y del prójimo en Misión Evangélica Urbana de Madrid y un tanto desde mis perspectivas de los protestantes en España, pero, fundamentalmente, desde mis perspectivas bíblicas.
No. Aunque hoy hable del Papa de forma acrítica, para nada soy catolizante, sino que quiero analizar algo de mi experiencia ante la visita del Papa sin pensar ahora en que es un líder religioso católico. Dejemos esto a otros.
Analizo desde simples perspectivas evangélicas, quiero decir del Evangelio, no desde las perspectivas de las comunidades protestantes en Madrid o España.
Lo primero que me ha llamado positivamente la atención es que el Papa ponga al hombre y su dignidad humana y también a la humanidad como uno de los centros vitales de su mensaje para Madrid.
Algunos pensarán que es simple humanismo, pero creo que es algo más. Jesús fue humano, muy humano y una cuestión indudable es que el Maestro pone al hombre como un lugar teológico central o preferente.
No es una cuestión humanística ni de curas o Papas. La frase papal “de nada vale arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano” es una frase totalmente evangélica, o sea, que se puede apoyar con los Evangelios o con la Biblia en general de una forma incontrovertible. ¡Cuánto he trabajado este tema en mis escritos, cuánto lo he vivido en mi trabajo de más de treinta años en Misión Evangélica Urbana de Madrid!
El valor que tiene el concepto de projimidad en Jesús avala totalmente esta frase cristiana. Recordemos que es central en el mensaje de Jessús “amar al prójimo como a uno mismo” y, además, amarle en semejanza al amor que debemos tener al mismo Dios.
No. No es humanismo. Jesús fue humano, muy humano y, sin duda, apoyaría esa frase totalmente cristiana.
Es este posicionamiento bíblico del Papa preocupándose por el prójimo y, además, preocupándose también por la intrascendencia de todo ritual que resultará vano para quien desprecia al hombre abusado y despectivamente tratado, es el que le va a llevar también a hablar de la inmigración, así como del hecho importantísimo, independiente de cualquier ideología política, de reconocer al hermano con independencia de su situación social, procedencia, religión o cultura.
Esto lleva al Papa a centrarse en la acogida del extranjero como otra de las cuestiones centrales de la enseñanza cristiana. Algo totalmente bíblico y, en mi experiencia, dentro de las líneas de trabajo de Misión Urbana.
La visita del Papa a un centro de inmigrantes está en línea con la práctica de la espiritualidad cristiana sana. Yo he trabajado entre migrantes de todo el mundo más de tres décadas y puedo valorar de una manera especial este gesto cristiano, como lo harían tantos voluntarios que provenían de las iglesias para ayudar en la Misión Evangélica Urbana de Madrid.
El Papa nos ha dejado esta frase en torno a la emigración: “El trágico drama migratorio”. Desea que España siga siendo “tierra de encuentro” junto a una pregunta que a muchos también les puede parecer humanista o de simple contenido social, pero que es, en el fondo, evangelizadora: “Qué hacemos para mejorar la humanidad” y “Qué herencia estamos dejando al futuro?”.
Yo siempre he dicho que, siguiendo las líneas de Jesús y de su preocupación por los pobres, estigmatizados, abusados y desclasados, en toda evangelización debe haber una línea de promoción humana, de promoción de la humanidad.
Si hubierais trabajado tantos años en contacto continuo con los sufrientes de la tierra como yo, comprenderíais mejor esta frase. Misión Urbana me ha abierto los ojos del alma.
Los cristianos que no ven estas líneas evangelizadoras, deberían haber estado conmigo en este trabajo misionero durante tantos años, deberían haber abrazado a tantos apaleados y haber visto sus lágrimas.
Misión Evangélica Urbana de Madrid ha sido una escuela de fe en acción, de una fe que actúa por el amor. Por eso no puedo pasar por alto estas frases, las diga el Papa o, incluso, una persona desde el humanismo, pero en el caso del Papa sin duda que no era un simple humanismo de esos que incluso podrían ser ateos.
Ser cristiano es no solamente realizar y unirse al rito religioso, no es seguir el ritual cúltico en cualquiera de sus formas, sino que incluye, por exigencia de una fe que obra por el amor, el cuidar de los pobres, de los enfermos, de los oprimidos, de los injustamente tratados, de los excluidos. Acercaos a los profetas y a Jesús mismo.
El Papa habla de que entre los que siguen al Maestro debe darse la “cultura del cuidado”. Coincide con lo que yo muchas veces digo: el cristiano debe ser las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor.
Eso también lo aprendí y lo practiqué en Misión Evangélica Urbana de Madrid, comprendí la cultura de la acogida, la cultura del cuidado, de acuerdo con la dignidad de todo hombre.
¡Cuánto me alegro de haber trasladado y comunicado estos mensajes durante más de treinta años desde Misión Urbana, tanto con mis libros, con mis Cartas de Oración a las Iglesias como con mis artículos!
Un privilegio que espero que no haya sido en vano. También contento de haber trabajado en la promoción del tejido social evangélico dando lugar a todas las Misiones Urbanas de España, así como a tantas y tantas obras sociales iniciadas en las iglesias u otras ONGs que surgieron con mi trabajo desde Misión Urbana y mis visitas a toda España. ¡Gracias, Señor!
Esto hace que pueda mirar los mensajes del Papa de una forma especial como integrantes de un cristianismo integral, completo.
Estuve viendo por televisión todo el acto del Movistar Arena. Un encuentro con la sociedad civil y el Papa: artistas, científicos, sindicatos, empresarios, deportistas que incluían deportistas discapacitados.
También observé diferentes intervenciones en forma de discursos y la intervención del Papa.
En este caso disfruté no sólo por los valores solidarios, humanos, cristianos y espirituales, sino por la gran altura intelectual, social, solidaria y plenamente humana que allí se respiraba.
¡Ya quisiera yo vivir encuentros evangélicos que puedan llegar al clímax de una espiritualidad narrada con esa altura intelectual que no se suele dar en nuestros actos! Disfruté con ello. Todo estaba regado de mucha intelectualidad y belleza. Lo espiritual no está reñido con lo intelectual.
Cómo no hablar de la llamada del Papa a tejer redes, comentar sus advertencias contra la polarización de los movimientos políticos, de su defensa del derecho internacional y el multilateralismo, de su defensa de la paz y de la unidad que se debe dar en diálogo, del apelar a la tecnología como servicio a la humanidad, del estar en contra todo tipo de traficantes.
Igualmente nos dijo que las fronteras debe ser espacios de dignidad humana. Curioso en nuestra España el querer enseñarnos que el adversario no es el enemigo, así como el respeto al que piensa diferente.
Nos recuerda también algo muy bíblico: la defensa de los trabajadores —no en vano lleva el nombre de León como lo llevaba el autor de la encíclica Rerum Novarum—.
En fin, nos ha recordado la lucha que hemos de tener por un mundo más justo con menos abuso de los trabajadores más débiles y mejores salarios.
Espero que no os extrañe que alguien como yo, quizás pequeño ante otras figuras evangélicas o pastorales de Madrid y de España, pero que ha pasado media vida defendiendo casi todos estos valores y trabajando por ellos, así como por su comunicación a un mundo injusto, pueda estar de acuerdo con muchos de estos mensajes papales que para mí no son simplemente papales, sino valores de toda la comunidad cristiana en todos sus ámbitos confesionales.
No obstante, vosotros juzgaréis y optaréis. No me importa ponerme bajo vuestro juicio. Más me importa el juicio de Dios.
Solo decir algo más: la crítica que se hace desde espacios evangélicos de que el mensaje es bueno, pero dicho en el lugar no adecuado —refiriéndose a que habló en el Congreso de los Diputados—, se queda un poco cutre.
Ya habrá tiempo de defender estas cosas de ámbito sociopolítico. Debemos tener cuidado no vaya a ser que vayamos a por fruta a un árbol y solo nos quedemos con algunas de sus hojas que no valen para mucho y nos quedemos sin el fruto y hambrientos.
Por supuesto que no defiendo al Papa como líder religioso espiritual que está en la cumbre de una pirámide poco democrática. Yo no defiendo las estructuras piramidales de la iglesia católica, no soy tan ritualista, pero, por favor, comprended que a una persona que como yo ha trabajado y ha estado escribiendo más de treinta años sobre un Evangelio que nos haga ser la voz, las manos y los pies del Señor en un mundo de dolor, pueda escribir estas líneas no críticas con los mensajes del Papa en su visita a Madrid.
Ya habrá otros evangélicos que escriban con voces más críticas, que digan que no ha pronunciado el nombre de Jesús —lo que sí ha pronunciado en varios momentos son las palabras Señor, Dios y Cristo— o que, simplemente, es un intelectual humanista lejos de la sana espiritualidad que tenemos los protestantes. ¡Cuidado con observarnos como los más puros! Recordad las palabras del Maestro.
Yo me inhibo hoy del hecho de hablar sobre estos temas críticos. No deseo hacerlo ahora. He analizado aquello que predicado por otro cristiano de otra confesión tiene tantas y tantas coincidencias con mis formas de sentir el Evangelio y de vivir la espiritualidad cristiana.
He hablado solamente de lo que a mí me parece altamente positivo y digno de todo aquel que quiera vivir una espiritualidad cristiana sana y de acuerdo con el seguimiento al Maestro que pone como altamente necesario e importante el vivir de acuerdo con la justicia, la misericordia y la fe. Sí. La fe, pero aquella que como diría el Apóstol Pablo actúa por el amor en línea con la justicia y la misericordia.
Siempre contento y agradecido al Señor de haber podido vivir mis experiencias en Misión Evangélica Urbana de Madrid entre los más pobres, abusados y vulnerables del mundo. Todo un privilegio que el Señor me ha permitido.
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