Deslumbrados por lo celestial, pero ciegos ante el prójimo

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

Deslumbrados por lo celestial, pero ciegos ante el prójimo
Deslumbrados por lo celestial, pero ciegos ante el prójimo

¿Qué pasa con tantas personas que pueden estar como creyentes deslumbrados por lo celestial, pero ciegos ante sus deberes para con el prójimo en necesidad, tirado al lado del camino o apaleado por la opresión y por la injusticia? Pues bíblicamente es muy fácil responder a esto: Pueden ser condenados como malos prójimos.

Recordemos como ejemplo paradigmático la Parábola del Buen Samaritano. Allí estaban sacerdotes y religiosos que, quizás, iban deslumbrados por lo celestial, por lo cúltico a lo que daban total prioridad, pero fueron condenados como malos prójimos por no pararse ante el prójimo despojado y apaleado. Podrían ponerse varios otros ejemplos bíblicos.

Desgraciadamente hay muchos creyentes capaces de ir corriendo al ceremonial cúltico o religioso y, en esa prioridad, no ven al hombre que les necesita. Son gentes cegadas por lo relacionado con lo que ellos ven como divino y, como ciegos, caen en el pecado de omisión de la ayuda y dan la espalda al prójimo sufriente.

Son personas religiosas que quizás ante una ética de cumplimiento religioso, ante una práctica de un ritual al que da total prioridad, se deshumanizan, no ven al hombre, no reconocen al prójimo ni entienden ni practican el mandato de projimidad que nos enseñó Jesús.

Amar al prójimo como a nosotros mismos y en semejanza con el amor a Dios.

¡Qué triste! Pasan de largo ante el prójimo y corren a practicar una alabanza que probablemente no va a pasar del techo de los templos. Son sordos e incapaces de escuchar el grito por la projimidad de los sufrientes, de los abusados y oprimidos de la historia.

¡Cuántas veces damos la espalda al prójimo y luego tenemos que acallar nuestras conciencias! Parece que es más fácil y mantiene mejor el gozo religioso el mirar para otro lado, pero los que quieren seguir las enseñanzas del Maestro, deben pararse y reflexionar.

Jesús se paró ante el grito de los sufrientes y les dio prioridad. Recordemos los gritos del ciego Bartimeo y qué rápida fue la respuesta de Jesús que no solo se paró, sino que se acercó a ver y sanar su necesidad.

Quizás, ante el dolor del prójimo se podría decir bíblicamente: No mires tanto al ritual, no valores tantos tus cumplimientos religiosos. Ante el prójimo apaleado, despojado y herido tenemos que pararnos y actuar como buenos samaritanos.

Recordemos el mandamiento de Jesús: “Ve y haz tú lo mismo”. No vivamos un cristianismo light e inmisericorde. Dios cerrará sus oídos ante nuestras palabras de ardor religioso, pues para ser acepto para Dios tenemos que hacer justicia y preocuparnos por los vulnerables del mundo representados en la Biblia por los huérfanos, las viudas y los extranjeros.

Si no vemos, si no queremos ver, si no escuchamos, si no queremos oír el grito del prójimo en necesidad y emergencia, la vivencia de nuestra espiritualidad cristiana no puede ser integral y sana.

Estaríamos demasiado lejos de la sensibilidad de Jesús, a años luz de su mensaje de projimidad y atrapados por rituales que, a Dios, cuando no hay justicia y misericordia, no le agradan.

No ven al hombre, no ven al prójimo. Me recuerda aquella frase sobre un rey que “de tanto mirar al cielo se le cayó la corona”, aunque no era por causas religiosas, sino por ver y estudiar los astros, pero el ejemplo de esta frase nos puede también iluminar a los cristianos.

Bajemos la mirada hacia el prójimo, no vaya a ser que se nos caiga la corona hacia atrás y nos quedemos desnudos ante la práctica de un ritual vano.

¡Qué difícil es seguir en la vida cristiana las prioridades de Jesús! Sin embargo, recordad que Él nos dijo que su yugo es fácil y ligera su carga.

No debemos buscar solamente una vida cristiana cómoda que dé la espalda a nuestros prójimos que esperan algo de los que dicen que han sido rescatados y amados por Dios.

Podríamos caer los cristianos en el mundo en el mismo bucle diabólico en el que caen muchos ricos y acumuladores, muchos centrados en la ganancia que trabajan sin límite, muchos que trabajan para dar ante los demás una imagen de hombre triunfador.

Normalmente esos no ven a los hombres ni sus problemáticas. Se centran en los posesivos “mi, mío, mis” y no ven al hombre, no ven al prójimo.

Aunque seamos religiosos, si entramos dentro de estos parámetros egoístas y negativos, vamos a tener una vivencia de la espiritualidad cristiana rota, mutilada y no agradable al Dios de la misericordia y de toda justicia. No ver al hombre para tenderle una mano de ayuda es un pecado de omisión.

Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.

¿Te gustaría ver tu marca aquí?

Anúnciate con Nosotros