Con respeto y sin desaprobación ni crítica, veo que se están dando es España algunos acontecimientos evangelísticos, sea en estadios, en el metro, en la calle u otros, que muestran una rienda suelta de muchos elementos emocionales y, además, una forma de sentir la religión o la vivencia de la espiritualidad cristiana en una forma en la que predomina la vertiente sentimental, experiencial o emocional como si el cristianismo o la búsqueda del contacto con Dios fuera un tanto subjetivo y que activara vivencias emocionales y, también, de una forma amplia, contagiara estos sentimientos a otros hasta que, finalmente, se vuelvan compartidos por multitudes que cantan, gritan, oran en voz muy alta, interpelan a los oyentes que estén cerca, les anuncian a voz en cuello que Dios los ama y proclaman sanidades.
Pregunta: ¿Es posible vivir la espiritualidad cristiana como sentimiento y emoción haciendo énfasis en milagros varios y todo tipo de gesticulaciones religiosas?
Yo no voy a criticar estas formas de sentir la espiritualidad porque el cristianismo y el contacto con Dios podría tener, sin duda, esas vertientes. ¿Por qué no?
Lo que sí veo es que esa forma de vivir y sentir la espiritualidad cristiana, se puede quedar un tanto mutilada si se olvida de otras áreas de la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana, pero no tengo por qué decir que se eliminen por ser experiencias falsas.
Se podría preguntar también si, además de lo expuesto, hay otra vertiente más serena, con más sosiego y quietud e incluso buscando espacios silentes.
Si hay o debe haber otras experiencias más reflexivas y tranquilas para anunciar, sentir y experimentar los valores cristianos y el contacto con el Creador y que está más en línea con la racionalidad, con el uso de la razón, el pensamiento y la reflexión pausada.
Pregunta: ¿Se podrían contraponer como opuestas estas dos vertientes, la de un cristianismo vivida en su vertiente de sentimiento y emoción versus el cristianismo doctrinal, racional y ético?
Yo creo que no hay que contraponer, sino ampliar el concepto y el sentido de la experiencia cristiana que también supone, además del sentimiento, la emoción y el grito, el uso de la razón, de la sana doctrina y de la ética.
El cristianismo quizás sea la religión más ética del mundo.
Podríamos afirmar que la experiencia de la espiritualidad en el cristianismo no se agota en la respuesta emocional o sentimental reaccionando de forma un tanto subjetiva.
No obstante, lo emocional, lo sentimental y lo experiencial debe formar también parte de la evangelización, de la comunicación del Evangelio. No tenemos por qué eliminar todas estas áreas que dan rienda suelta a emociones y sentimientos, a gritos y, en su caso, llantos.
¿Por qué habría que suprimir lo emocional en la vivencia de la espiritualidad cristiana, del contacto con lo divino?
Por otra parte, ocurre lo mismo si afirmáramos o pensáramos que la espiritualidad cristiana se agota en razonamientos de fe, en reflexiones éticas, en sentimientos de solidaridad con el prójimo o intentar reducir el cristianismo al compromiso social o solidario con el prójimo, con los sufrientes y excluidos de la tierra, con los oprimidos y apaleados del mundo.
Por tanto, creo que ambas facetas, la emocional, sentimental y experiencial se complementa con una vivencia de un cristianismo más racional, más doctrinal y más ético, sin exageraciones ni extremismos por ninguna de las dos vertientes.
Hay que buscar la vivencia de un cristianismo integral en donde ambas facetas puedan estar presentes, pero siempre dimensionándolas con las orientaciones bíblicas y sin llegar nunca a exageraciones extrañas, sean emocionales o racionales.
Se necesita equilibrio para poder vivir la realidad de lo que implica la auténtica vivencia de le espiritualidad cristiana en libertad para poder sentir y emocionarse con el contacto con lo divino y el de poder sentarse de forma reflexiva para poder dar razón al mundo de nuestra fe.
El problema puede ser que en la vivencia de la espiritualidad predomine de forma amplia lo emocional y sentimental, el grito y el llanto, la gesticulación desmesurada y el subjetivismo irracional olvidando la otra vertiente más reflexiva, racional y ética.
Espero que no sea así y que caminemos por la línea de un cristianismo integral que aprecie tanto la doctrina como la preparación en todas aquellas disciplinas que nos pueden llevar a situarnos, de una mejor forma y una más amplia manera, ante los habitantes de un mundo que exige coherencia entre el mensaje y los compromisos de los creyentes, coherencia entre la doctrina y la encarnación de ésta en el mundo, siempre siguiendo las líneas tanto de la oración, de la alabanza y/o gesticulaciones religiosas, sin eliminar la vivencia de un cristianismo que dé razón de nuestra fe.
Un cristianismo comprometido en todas las líneas de la projimidad, líneas que estén siempre arraigadas y direccionada con aquellos mensajes del Maestro que hemos de seguir y que anduvo por la tierra haciendo bienes.
Conclusión: cristianismo integral y misión integral que nos convierta en la voz, en el dar razón de nuestra fe y, sin duda, en los pies y las manos del Señor para el compromiso y el servicio en medio de un mundo de dolor.
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