Los cantantes, el regreso a la fe o al Dios “sin rostro”

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

Los cantantes, el regreso a la fe o al Dios “sin rostro”
Los cantantes, el regreso a la fe o al Dios “sin rostro”

A pesar de lo tanto hablado en el pasado siglo XX sobre la secularización de las ciudades y de la sociedad en general, viendo en algunos ámbitos un regreso a cierta espiritualidad de la que también se hacen eco algunos cantantes actuales, nos enfrentamos hoy a un fenómeno que no sé si se le podría englobar en el concepto de nuevas espiritualidades o, como algunos han dicho “nuevos paradigmas de religiosidad”, en donde dudamos si es que hay una especie de regreso a la fe cristiana o si simplemente se trata de algún tipo de espiritualidad pop, la influencia de la mindfulness, de la del yoga u otras formas de espiritualidad laica.

Lo que sí podemos observar es que cantantes como Amaia Montero con la frase “Yo creo en Dios, a mi manera” que ya refleja un poco de esa idea de la que voy a hablar del Dios “sin rostro”, pero también están en la línea de mostrar cierta espiritualidad en sus canciones Rosalía, la Oreja de Van Gogh, Manuel Carrasco, Mónica Naranjo y otros, lanzando, fundamentalmente a los jóvenes, mensajes a través de sus canciones en donde apelan a la vivencia de algún tipo de espiritualidad.

Es posible que, simplemente, sea una mezcla de misticismos con deseos de contacto con la espiritualidad que, de alguna manera, muestran el deseo de conexión con el mismo Dios, aunque pensamos que se puede quedar en un Dios “sin rostro” que iremos comentando.

Lo que parece que se ve claro es que hay una tendencia en cantantes de hoy en plena fama en la que observamos que se expresa el deseo de desmarcarse del secularismo o secularización que el mundo también quiere mostrar hoy.

Muchas veces nos parece un resurgir en estos cantantes que tanto influyen en los jóvenes de un deseo de conexión con algún tipo de divinidad.

La verdad es que si varios de estos cantantes usan el yoga como espiritualidad laica buscando cierto equilibrio mental o cierta llenura al vacío existencial que muchos sienten que es posible que se trate del contacto con un Dios “sin rostro” más que de un deseo de volver al Dios de la Biblia y, menos aún, a la iglesia cristiana en sus múltiples aspectos confesionales.

Entonces, ¿Se trata de una espiritualidad laica o de una vuelta a la auténtica fe, a la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana? Lo que sí parece claro es que la sociedad hoy no está dando a las jóvenes respuestas ante lo trascendente y se muestran como si estuvieran vagabundeando por una civilización incapaz de darles respuestas.

Yo creo que las canciones de los famosos cantantes de hoy y muchos de los deseos de la juventud muestran que estamos ante una generación necesitada de dar sentido a la vida y sentido a lo trascendente.

Los cantantes pop parecen querer darles respuestas a las nuevas generaciones y, curiosamente, ellos los siguen y cantan sus letras.

Lo que sí se puede notar es que no siempre, o raramente, estas nuevas espiritualidades que se reflejan en las canciones tienen sus referentes en la Biblia ni siquiera en la enseñanza de los pastores y sacerdotes en las diferentes confesiones religiosas, pero parece ser que sí hay algo de búsqueda de lo divino, de Dios.

Pero, ¿Se trata de la búsqueda o la vivencia de un Dios “sin rostro”? ¿Creen realmente en la Biblia como Palabra de Dios o como revelación de Dios?

El caso es que yo pienso que este renacer de la búsqueda de lo divino, aunque para ellos aún sea un Dios velado o “sin rostro”, el que surja el deseo de un sentimiento religioso para cubrir vacíos existenciales, aunque muchas veces no se crea en Jesús como salvador del mundo sino de la necesidad de búsquedas de respuesta o de sentido a la vida, en el fondo se ve una nueva situación o un nuevo paradigma sumamente positivo que se podría aprovechar para la evangelización cristiana.

Aunque, en principio, esa deseo de conexión con la espiritualidad no necesite ni de iglesias ni de sus pastores, sí que crean un clima de cierta apertura hacia lo trascendente que se podría aprovechar como oportunidad nueva en el siglo XXI para proclamar el Evangelio, lógicamente no solo de palabra, sino de compromisos con el prójimo, con estilos de vida que llamen la atención a esos que desean cierta conexión con la divinidad, cierta preocupación por los temas sociales de los que tanto se preocupa la Biblia en relación con los pobres, los proscritos, los inmigrantes, los oprimidos e injustamente tratados.

Si la espiritualidad que predicamos es solo de palabra y también de cierto misticismo, no conseguiremos que ese deseo de conexión con lo espiritual que tienen muchos jóvenes llegue a mostrar un camino más profundo y perfecto que el que ellos sienten en su necesidad de respuestas y de sentido existencial.

Quizás, en su deseo de búsqueda de sentido no se estén dirigiendo a Jesús como único que puede llenar esos vacíos existenciales o espirituales, no se van a sentir llamados por el Dios de Abraham, de Isaac o de Jacob, pero ya en ellos hay una semilla que la coherencia de vida, hechos y palabra de los creyentes les podría atraer y, de alguna manera, llamar su atención.

Tenemos que perfilar ante ellos la figura de ese Dios “sin rostro” que ellos perciben, debemos darle forma y, de alguna manera, abrir sus espíritus a la auténtica deidad en lugar del concepto vago e impreciso de un Dios “sin rostro” que, finalmente, no va a darles las respuestas que necesitan ni les va a transmitir un auténtico sentido a sus vidas.

Ver si, con nuestro ejemplo en coherencia con lo que creemos y nuestro mensaje comprometido también con el mundo, con la búsqueda de la justicia y con aquellos temas que denuncian una sociedad opresora, además de la predicación de la oferta de salvación eterna, podemos desvelar ese Dios que buscan, descubrir su verdadero rostro, el rostro del Dios Padre y el de Jesús mismo como único que les puede dar sentido a sus vidas eliminando iluminando ese Dios “sin rostro” para mostrar el verdadero Rostro del Dios en el que creemos y que se ha revelado en las Sagradas Escrituras.

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