¿Seguro que sabes qué es la fe?

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

¿Seguro que sabes qué es la fe?
¿Seguro que sabes qué es la fe?

Es posible que el concepto de fe lo espiritualicemos demasiado.

Es como si pensáramos que la fe nos anima a mirar continuamente al cielo, que fuera solamente la certeza de lo que no se ve, lo que nos anima a los cumplimientos religiosos y largas oraciones, a la vez que nos ubica en la iglesia un tanto alejados del mundo.

La creencia en un Dios que nos cuida y que en su día nos dará una recompensa en el cielo, quizás en forma de corona gloriosa.

Sin embargo hay en la Biblia muchas más consideraciones de la fe y de su fuerza que en muchos casos no tenemos en cuenta.

Hay afirmaciones en la Biblia que nos habilitan para poder afirmar que la fe, sin acción ni compromiso, vivida insolidariamente ante el grito del prójimo en necesidad, es algo que acaba por morirse y dejar de ser.

Muchas veces se cita a Santiago con aquella frase tan dura que dice que “la fe sin obras es una fe muerta”. La fe tiene que ser efervescente, activa, que crece como el grano de mostaza y que sirve.

Vinculamos la fe a la posibilidad de salvación. Los evangélicos siempre hablamos de la salvación por fe, y es verdad, pero hay que entender lo que es la fe que siempre va a ser activa y que se mueve por el amor. “La fe que actúa a través del amor”, nos diría el Apóstol Pablo.

Por eso, en la Biblia se muestra en muchos otros contextos, que la fe, para vivir, para no morirse y dejar de ser, debe ser una fe comprometida con el prójimo, con el mundo, y debe ser activa dando como resultado las obras de la fe.

Sin esta actuación comprometida con el mundo y con el prójimo, sin este dinamismo solidario que nos lleva a ser las manos y los pies del Señor en un mundo de dolor, la fe está en peligro. No revierte nunca en una actuación amorosa para con el prójimo necesitado.

No hay fe viva en aquel que pasa de largo, aunque sea religioso. La fe que actúa por el amor nos detiene muchas veces para dar prioridad al sufrimiento de nuestro prójimo a la propia asistencia al ritual, a la propia asistencia al templo.

Recordad la parábola del Buen Samaritano y a quién se consideró un buen prójimo. No fueron ni el sacerdote ni el levita que no entendieron las prioridades de la fe bíblica.

El que pensando que por fe litúrgica pasa de largo, es condenado como mal prójimo. Vinculamos la fe actuante y comprometida con el prójimo a la posibilidad de salvación.

Así cuando el apóstol Pablo que nos deja toda la doctrina de la gracia, de la justificación y también nos deja la frase lapidaria “el justo por la fe vivirá”, también nos deja, escribiendo a los Gálatas, que “la fe que obra por el amor” (Gálatas, 5:6), la fe actuante, comprometida, viva, activa que produce resultados de amor al prójimo necesitado.

Cuando a la fe le cortamos esa dimensión amorosa, obradora y actuante, la matamos o termina por morirse y dejar de ser como estamos diciendo.

La fe se manifiesta a través del amor. Cuando éste falta, tenemos que replantearnos nuestra fe. De ahí el título de este artículo sobre la fe: ¿Seguro que sabes qué es la fe?

En la Parábola del Buen Samaritano, se muestra como la fe está vinculada al amor. Así, a una pregunta por la salvación, que se formula en el pórtico de toda la Parábola, se da una respuesta de salvación a través del amor en acción, lo cual implica que el amor es un concepto coimplicado con la fe e imposibles de separar.

La fe necesita del amor para no morirse y el amor cristiano de la fe para ser tal. En la Parábola del Buen Samaritano se ve la idea de una fe actuando por el amor. En la Biblia no hay contradicciones.

Por eso la Biblia nos pregunta en el libro de Santiago: “¿De qué aprovecha la fe si no tiene obras?” Porque existen las Obras de la Fe. Y nos lanza una pregunta tremenda: “¿Podrá la fe salvarle?”. Se refiere a la fe insolidaria, sin acción, pasiva, sin obras.

Y para Santiago la respuesta sería que no a esa pregunta si la fe pasiva podrá salvar al hombre, porque una fe que no nos impulsa a actuar en amor al prójimo, y fundamentalmente al más desfavorecido, es una fe “muerta en sí misma”.

Las obras de amor son así el aliento de la fe, su hálito vital. La respuesta puede estar en la respuesta de Santiago: “¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras?”.

Así, la fe y las obras de amor se necesitan mutuamente, la fe y el amor son las dos caras de la misma moneda, son conceptos coimplicados e inseparables.

Yo diría que la fe y el amor son separables solamente a efectos didácticos para entendernos, pero que ambos son elementos coimplicados en la vida cristiana.

No somos cristianos sólo de amor o sólo de fe. El amor cristiano implica la fe y al fe el amor solidario actuando siempre a favor del prójimo y, fundamentalmente, del prójimo necesitado y tirado al lado del camino que, sin duda, está a nuestras puertas.

Es necesario saber qué es lo que implica nuestra fe para poder tener la vivencia de la auténtica espiritualidad cristiana.

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