¡Qué chasco fue la resurrección de Jesús para el poder religioso, el poder político, el poder militar y el poder humano de los injustamente enriquecidos! El evento más importante de la humanidad, la resurrección de Jesús no fue enunciado a ninguno de ellos.
Quedaron silenciados en el olvido ante este crucial evento. Fueron ignorados incluso el poder de los religiosos de la época en la que vivió y murió el Maestro.
¿Por qué no fueron tenidos en cuenta? ¿Por qué un ángel no se apareció ante ningún representante del poder religioso de aquella época?
La resurrección de Jesús representaba sin duda un cierto poder, una extraordinaria fuerza, pero no tenía nada que ver con el poder o la fuerza terrenal o mundana. Estaba en otra esfera, en otra línea de poder.
El poder de la resurrección era una clase de poder que nada tenía que ver con la lógica humana. Era un poder sobrenatural que estaba muy por encima de los poderes temporales, incluso de los religiosos.
Jesús no se presenta a los poderosos del mundo para clamar contra ellos o decirles que Él era el victorioso, el vencedor, el que volvía para humillarles y avergonzarles por haber sido crueles con él hasta la muerte y muerte de cruz.
No eran esos los planes de la resurrección que muestra el poder de Dios que, sorpresivamente, se da dentro de la humildad y la relación con los humildes y débiles de la tierra.
La sensibilidad y el talante de Jesús nada tenía que ver con el de los poderosos de la tierra. Su relación prioritaria nunca fue con los que representaban el estamento de los enriquecidos de la tierra, ni con los gobernantes, políticos o los poderosos militares.
Entonces, ¿quiénes estaban en el centro de su interés? ¡Qué curioso! En el centro de su interés estaban los pobres, los débiles, los oprimidos y tristes, los injustamente tratados o encarcelados.
Muchos de éstos tenían una referencia especial, un lugar del que estaban pendientes, una tumba que albergaba el cuerpo del Maestro que anduvo entre la tierra haciendo bienes.
Creo que por eso el anuncio de la resurrección fue hecho a una débiles mujeres cuyo testimonio en aquella época tenía menos credibilidad —a veces ninguna— que el testimonio de los hombres cuya credibilidad era máxima si, además, eran los poderosos del momento.
En esta época de Semana Santa hemos celebrado la resurrección de Jesús. Sin embargo es posible que muchos cristianos hayan perdido la meta y la mirada, hayan perdido el objetivo de la humildad.
¿Seguimos hoy contemporizando con los poderosos? ¿Quiénes han estado en los primeros lugares eclesiales en estas celebraciones de la resurrección?
¿Hemos estado también en esta época de celebración tan especial a aquellos religiosos que ostentan poderes eclesiásticos o hemos puesto en los primeros lugares a los más integrados por sus riquezas, prestigio o cargos? ¿Hemos perdido la visión de humildad de Jesús en el anuncio de este gran evento de la resurrección en esta llamada Semana Santa?
No sé si al celebrar la resurrección no hemos perdido de alguna manera la dirección marcada por Jesús y no hemos sabido ubicarnos en aquellos lugares, no hemos tenido la referencia del Maestro, porque nuestra prioridad no es saber dónde están los más importante a los ojos de ese Maestro que valoró la humildad. La sensibilidad de Jesús era muy diferente a la que tienen muchos religiosos hoy.
¡Qué pena que hoy no podamos celebrar la resurrección con las mismas preferencias y prioridades que Él tuvo cuando murió y resucitó entre nosotros!
Quizás es que debemos interpretar la resurrección mirando el ejemplo y prioridades de su nacimiento en un pesebre porque no había ni siquiera un lugar para él en el mesón de la vida. ¡Importante, aunque quizás terrible en algún sentido, la coherencia que hubo en la vida de Jesús desde su nacimiento hasta su resurrección!
Por eso, en su resurrección anunciada a los débiles puede sonar el mensaje de su nacimiento: ¡No temáis! El Señor está con aquellos que en humildad le aman, le sirven y, en su pequeñez, se convierten en agentes de liberación del Reino de Dios en la tierra a favor de aquellos prójimos que les necesitan.
La preferencia por los débiles del mundo no creo que sea hoy una de las características de la iglesia de Dios en la tierra. Hay que hacer una relectura de la Biblia para ver que la debilidad y la humildad de los creyentes es poder de Dios en el mundo.
Si conociéramos y practicáramos mucho más los valores del Reino esto sería algo conocido y practicado por todos los cristianos. Es nuestra fuerza, es nuestro poder. El mismo poder que se mostró en la resurrección. ¿Quién estará preparado para comunicar este mensaje al mundo?
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